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TV en
Uruguay
Cables monopólicos
por Daniel Mordecki
Dentro
de las distintas actividades que se desarrollan en la economía de
nuestro país, hay algunas que por el tamaño de nuestro mercado o por sus
características intrínsecas terminan desarrollándose en forma monopólica.
Y ésta es una consideración de extrema importancia, porque es común
escuchar a liberales y neoliberales alabar y exigir competencia en
actividades dónde no es posible ejercerla, precisamente por su carácter
natural de monopólicas. Dentro de
esta categoría cae la distribución de señales de audio, video y datos a
través de una red cableada de última generación, motivo de la licitación
suspendida recientemente por la URSEC.
¿Qué sentido tiene decir que el nuevo cableado favorecerá la
competencia, cuando es elemental y obvio que se desarrollará como un
monopolio, exactamente igual que el cableado actual? No hay ni en
Montevideo ni en Uruguay espacio para dos cableados paralelos de
similares características que permitan a hogares y empresas elegir entre
al menos dos opciones, ni que hablar de elegir entre múltiples
posibilidades, porque económicamente no es viable ni sensato que la
sociedad termine absorbiendo el costo de la infraestructura necesaria
para ello.
Sólo monopolios estatales
Es tanto el poder económico, social y hasta político que implica ejercer
un monopolio, que debería ser potestad exclusiva del estado ejercerla.
Esta no es una idea nueva, ni original: tanto la legislación de los
Estados Unidos como de la Unión Europea abundan en restricciones a las
actividades monopólicas ejercidas por privados.
En Uruguay estamos congelados en el tiempo en nuestro concepto de
actividad monopólica, perdiendo de vista que la evolución de la economía
y la tecnología que crean nuevos monopolios a la vez que eliminan las
características monopólicas de otros. Así la telefonía camina a pasos
agigantados a perder su condición de monopolio, si no la perdió ya,
siendo casi imposible enumerar las diversas formas de transmitir voz por
Internet u otras conexiones de datos sin
posibilidad siquiera de que organismo alguno pueda considerar o
controlar esta evolución. En el otro plato de la balanza, la televisión
por cable se ha erigido en un nuevo monopolio que ha consolidado el
poder de los tres canales privados, con Tenfield como convidado de
piedra del negocio, transformando la supuesta libertad de mercado en la
monotonía de una única oferta, una única lista de precios, apenas
opacada por las rencillas de poder que aparecen cada vez que juega la
selección..El nuevo cableado para la distribución de audio, video y
datos en sustitución del cableado actual de televisión para abonados
debería ser de propiedad estatal. No importan los gritos furibundos que
esta afirmación pueda generar, porque estos gritos solo esconden los
jugos gástricos que
genera en quién los profiere la oportunidad de comer semejante bocado.
Un mercado competitivo
Si el nuevo cableado es de propiedad estatal, entonces sí podría haber
un verdadero mercado competitivo de señales de video, audio y diversos
servicios, que democratice de una vez por todas la posibilidad de
comunicar ideas, distribuir cultura y comercializar entretenimiento, por
lo menos hasta dónde los límites de la tecnología actual lo permiten.
Quien lo quisiera podría generar una señal de video, pagar el canon
correspondiente al estado por distribuírla en la red y vendérsela a sus
clientes. Esto multiplicaría exponencialmente tanto la posibilidad de
expresión y la libertad de prensa como las opciones para los ciudadanos.
Así alguien podría concebir una nueva señal deportiva o distribuir un
canal extranjero o producir nuevas señales de radio. Este mercado fluido
de oferta y demanda es imposible con una red monopólica en manos
privadas, tal como sucede hoy en día con el cableado en manos de Equital.
La libertad de crear señales o servicios de audio y video terminan en la
voluntad de Equital, y por ende de los canales privados de distribuir o
no dicha señal por la red, algo que hasta el momento no ha sucedido
jamás.
Lo mismo para los servicios de datos, dónde sobre la portadora propiedad
del estado se podrían construir por parte de privados servicios de valor
agregado en redes privadas o públicas, aumentando la oferta y la
cantidad de opciones de que disponen hogares y empresas.
Está en nosotros entender las implicancias que una decisión de tal
magnitud tiene y discernir entre los intereses particulares y los
intereses generales, leyendo entre líneas para crear un mercado de las
comunicaciones verdaderamente libre y fluido, que sustituya al monopolio
que férreamente controla la emisión televisiva desde hace décadas en
nuestro país.
Por otras notas del autor ingresar aquí:
http://www.uruguay2030.com/LaOnda/LaOnda/243/A3.htm
http://www.mordecki.com LA
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