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Durante 2 siglos: los conquistadores,
llegaron sin ninguna mujer blanca
por Psic. José Eduardo Picerno
Aunque
hace mucho que desaparecieron para siempre los legítimos, los
genéticamente puros charrúas, felizmente hubo mucha mestización, y
producto de ello, miles de descendientes, y lo más valioso,
supervivieron remanentes de su cultura y sus valores.
Ya sabemos que los colonizadores, los conquistadores, llegaron a una
tierra, la Banda Oriental, donde no hubo ninguna mujer blanca durante 2
siglos . Y ellos venían sin pareja, de modo que se unieron con mujeres
charrúas , a quienes llamaban "chinas" y así nacieron charruítas
mestizos, que vivieron en las tolderías y siguieron siendo culturalmente
charrúas.
Luego fueron Gauchos, aquel hombre ambivalente que vivía solitario, con
elementos de la cultura charrúa y de la cultura blanca. Por fin ,
después del etnocidio de 1831, y el reparto de mujeres y niños charrúas,
el grupo de los mestizos aumentó a cifras extraordinarias, y digamos que
llega a una cifra mayor a la quinta parte de la población, que son los
que nacen con la manchita sacro coccígea, entre otros indicadores.
Para el Fondo Indígena, en determinada acepción de "pueblo indígena" se
indica que son descendientes de pueblos autóctonos del país o región, a
la época de la colonización, y que conservan todas o parte de las
instituciones (culturales y otras), y principalmente tienen conciencia
de su identidad indígena.
En el caso de Uruguay, serian aquellos grupos que además mantienen un
lazo afectivo y religioso-espiritual con sus antepasados habitantes de
estas tierras, que han sido conocidos en el período histórico,
especialmente los Charrúas, que fueron quienes englobaron a todas las
parcialidades autóctonas hasta el final de su historia como etnia, la
que podemos situar puntualmente el 11 de abril de 1831, día de la
masacre a traición.
Pero el día 24 de junio del 2005, después de haber solicitado a todas
las regiones del país que enviaran datos de las comunidades, después de
haber solicitado a esas comunidades que enviaran 2 delegados elegidos
por las mismas, se reunieron éstos en la Junta Departamental de
Montevideo
estrechándose en un abrazo que implicaba una separación de 174 años,
para
encontrarse al fin, y verse cara a cara.
Fue algo fantástico.
Nosotros estuvimos solo como observadores y nos sorprendió la
naturalidad
con que hicieron sonar los cuernos y las caracolas para llamar a reunión
del Consejo de Charrúas.
Allí vimos las trazas de una cultura que muchos dijeron extinguida. El
mirarse, reconocerse como charrúa, el uso de las palabras con
significado profundo y verdadero, recreando lo que fueron las asambleas
indias, con participación de hombres y mujeres por igual.
Los semblantes con los rasgos del charrúa aún, su serenidad, su
inteligencia ingenua pero profunda y desconfiada a la vez, y su
determinación decidida a hacer respetar su cultura antigua y valiosa.
Cuánto contenido tuvieron sus palabras, sus frases concisas y
descriptivas de la realidad del mundo, del destino del mundo! Cuando
cada delegado tomó la palabra, también tomaba en una mano un símbolo.
Era el símbolo de la palabra, un pequeño cetro de caña al que llamaban
el "bastón de la palabra", con incrustaciones de plumas, y que estaba
coronado por un pico de ave autóctona, una garza.
Por fin se eligieron los representantes al Fondo Indígena: Una mujer
como titular, y dos suplentes, todos de comunidades diferentes. Se
decidió funcionar como Consejo Permanente y también se manifestó que se
rechazaba la ingerencia de entidades que no fueran representativas de
comunidades reales. Un ejemplo es el caso concreto de la persona que
viene auto denominándose "Integrador", y que utiliza la sigla "INDIA", y
actúa sin autorización de ninguna de las comunidades de referencia. Por
el contrario, accede a medios por ser periodista, y vuelca ideas
generalmente contrarias y hasta discriminatorias respecto a los charrúas
de ayer y de hoy. Esta persona, cuyo nombre no merece figurar en
nuestras conversaciones, actúa por su cuenta, ignorando y despreciando
la sensibilidad de nuestra cultura autóctona, y ha colaborado entre
otras cosas, junto con gobernantes de mentalidad colonialista, a la
profanación de los restos de uno de nuestros caciques venerados,
Vaimaca Perú, a quien sacaron de la tumba para que los supuestos
académicos colocaran en una caja de fósiles al cuidado de un
paleontólogo. También hemos constatado la falta de 18 restos mortales en
el momento en que realizamos su reducción.
En este inicial Consejo Indio, se mencionó la incipiente Unión de
Mujeres
Charrúas (UMCHA) tanto de Uruguay y de parte de la Argentina. Son
aquellas mujeres que educaron las pautas éticas y de conducta iniciales
a los niños, y que son las que perviven para siempre, y se llevan hasta
la muerte.
Pero lo esencial ha sido la nueva unión entre los charrúas, y se que
tiene la fortaleza de sus ancestros, aquellos que siendo un puñado,
lucharon con bravura durante 3 siglos contra las invasiones que
pretendían reducirlos por la fuerza del número y de las armas.
Puedo decir, por lo que me tocó observar, que los charrúas están
nuevamente en pie de lucha, en la dimensión del presente, y realmente
podemos esperar después de esta "resurrección", que en adelante en la
sociedad podrá resurgir lo mejor de esta expresión de una cultura que no
pudo ser aniquilada, como tantas de nuestra América indomable.
LA
ONDA®
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