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Luego de los atentados en Londres
por Carlos Zapiola
Para mezclar temas nada
mejor que la prensa al servicio del poder de turno.
Es penoso que luego que cuatro o siete o más, atentados terroristas
matan al menos cincuenta personas, seguramente muchas más y la cifra
verdadera nunca se conozca, seamos informados que no veremos imágenes de
muertos, que los terribles terroristas a la larga serán vencidos y que
Gran Bretaña no retirará sus tropas de Afganistán e Iraq.
No me gustan los fundamentalistas islámicos, menos aún los terroristas,
no me gusta Bin Laden si es que existe, como no me gustan los talibanes
o lo que hizo Sadam Hussein con su pueblo después de conseguir el apoyo
de las grandes potencias y antes de ponérselas en contra.
No me gusta que me tomen el pelo, que se diga que el terrorismo será
vencido y con ello se terminarán los problemas del mundo, porque si la
razón del ataque fue la reunión del G8 poco se adelantó en beneficio de
la humanidad. Es que poco querían los países allí reunidos en verdad
hacer.
En Uruguay se toman las noticias de los canales cable internacionales,
se los filtra un poco además la mayoría de las veces y ya ni las
declaraciones de Ministros o personalidades por ellos entrevistados se
emite sin editar. Todo se cuida, como para que se pueda hacer decir a un
ministro que un decreto está en vigencia, por tanto debe cumplirse, sin
escuchar su respuesta que explica que antes que algunos de ellos están
las leyes y la Constitución y aunque no lo diga, que hay mecanismos
previstos en la Carta Magna para obligarlo, si está cayendo en falta.
Se dice que el Uruguay está dividido en dos, donde la mayoría es de
derecha y centro, transversalmente atraviesa todos los lemas, solamente
para llevar agua al molino de mis argumentos.
No hay dos Uruguay. No hay Montevideo e Interior, o lo hay en mucho
menor escala si vamos al más profundo, que hace diez, que no ya cinco
años atrás.
Puede haber editoriales como el de La Juventud, que representa a un
pequeño sector de votantes o simpatizantes del partido oficialista
diciendo cosas como:"¿Y qué hace el gobierno progresista con tanto
respaldo y poder constitucional, parlamentario y político? Paga la
deuda, trae a Botnia, protege a Aguas de la Costa, va a Washington. Pide
en el BID. Pide en el FMI. Pide en el Banco Mundial. Niega en Salud
Pública. Niega a los jubilados. Niega a los maestros. Niega a los
funcionarios públicos. Se aleja de Chávez y de Fidel. Se aleja de
Kirchner. Se acerca al Tratado de Inversión. Se acerca al anillo
energético de la Texaco. Amaga en los cuarteles. Amaga con los presos.
Amaga con el plan social. Amaga con los remates. Amaga con la lista de
deudores. Amaga hasta con las lentejas. Política en serio es la de
Chávez y la de Fidel, todos los demás son ilusiones!".
Y como opinión es válida y hay que tomarla. Quizá únicamente para
criticarla. No significa que sea mayoritaria, ni siquiera compartida por
muy buena parte de quienes votaron el 31 de octubre a cualquier partido
y en especial al ganador de la elección.
Seguramente a nadie le debe haber caído muy bien que el Intendente
saliente de Colonia no concurriese al cambio de mando porque el
protocolo hacía que en determinado momento abandonara el estrado, es
decir el poder, y tuviera que entregárselo a un compañero de Partido
pero enemigo político. Y eso no me gusta, por tanto firmo el acta fuera
del recinto y no me someto a ese escarnio.
En el Uruguay de los escraches y los piquetes -¿serán los mismos?-
organizados contra la instrumentación lenta y hasta fallida del buque
insignia de este gobierno, el PANES, o los acusados de delitos lesa
humanidad como Juan Carlos Blanco, parece que algunos creen que la señal
que da el gobierno es la del todo vale. Vale ocupar fábricas, vale pedir
aumentos imposibles, vale intentar que 1970 vuelva a aparecer en las
deliberaciones de los militares, que no tienen voz y menos voto en los
asuntos políticos. Porque aceptar otra cosa sería no solamente no haber
aprendido nada, sino volver a mostrar el cuco del Golpe si los citamos a
declarar.
Que pasaría si no fueran solamente a declarar sino que se los quisiera
dejar detenido, entonces.
Quizás algunos de los Ministros han demostrado que todavía no
entendieron a cabalidad sus responsabilidades, derechos y deberes. Que
siguen pensando que si lo prometido no se cumple no importa si lo
hacemos en buena proporción. Este es un razonamiento que solamente lo
avalarán o negarán las urnas en el 2009. A alguien que come salteado
pero que el gobierno o el Ministerio de Desarrollo no lo considere
indigente, no le tocará entrar en el plan. Sabemos que hay un millón de
pobres y que se atenderán no más de 250.000 personas por éste. El tema
es explicarle a los demás que ganan demasiado, aunque eso sea solamente
relativo.
Un Ministro va a una sede deportiva a explicar que nunca debió decir lo
que sentía como hincha de fútbol con lo que está ocurriendo en estos
días. ¿Debió pedir disculpas?. No habrá intervención de la AUF, ni
gubernamental ni de parte de ella misma. Parece que aquí no ha pasado
nada. Por lo menos mientras no toquen mis colores.
Todo esto hace que haya quienes crean que este país es una broma. Que
todo lo bueno, y es mucho, que se ha construido o frenado –como la
debacle que pudo seguir a la caída de COFAC-, no hubiera existido. Como
si los ahorros en los organismos públicos no se estuvieran haciendo
junto a las Auditorias que empiezan a dar los resultados que se
esperaban y que sirven para que la ciudadanía se entere de lo que nunca
conoció ni quería escuchar.
Recién comienza este gobierno. No hay datos de comparación fiables entre
el comienzo de la actuación de éste y del gobierno anterior, porque
faltan estudios constantes, y de ello puedo dar fe, al menos en uno de
los períodos mencionados.
Es el Uruguay. El que despertó un día con un gobierno nuevo, pero que no
cambió todo en 24 horas. Los sueños no se condicen con la realidad. El
voluntarismo con un accionar político responsable. Es el Uruguay de hoy. LA
ONDA®
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