|
“Estar pintados” y
el primitivismo en el trabajo
por Jorge García Alberti
“
El buque insignia del gobierno está escorado”, dijo un diputado,
dirigiéndose a la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, en un
momento de la reunión que mantuvo la Agrupación Parlamentaria, el pasado
miércoles, en el Palacio Legislativo.
Según fuentes de la reunión, en un momento de la discusión la ministra
acusó a los Legisladores de “estar pintados” y poco después se paró y se
fue.
Todo se originó a partir del intercambio de ideas que se estaba llevando
adelante para analizar la marcha del Plan de Emergencia.
Desde el Presidente de la República, para abajo, todos reconocen que el
Plan no funciona de acuerdo a lo previsto, que las expectativas creadas
entre la población más carenciada no se está cumpliendo y algunos ya
creen que se está pasando de “la lentitud a la ineficiencia”.
Todos lo asumen , menos la ministra que tuvo también esta semana un
segundo round con algunos intendentes del Frente Amplio- Encuentro
Progresista- Nueva Mayoría a quienes los acusó de que no la estaban
apoyando.
Resulta paradójico que la ministra, que también es Secretaria General
del Partido Comunista, organización política especializada en la
organización de masas, se queje de que está desbordada y no reconozca
que falta organización, planificación, capacidad e ingenio para conducir
un Ministerio nuevo.
Noten que no digo que falte trabajo, porque me consta que quienes están
metidos en esa tarea se levantan y se acuestan, metidos de lleno en su
labor.
Pero trabajar mucho, no significa, trabajar bien.
La ministra dice que le falta presupuesto, sin embargo desde el
comienzo, el Gobierno ha dejado claro que los cien millones de dólares
destinados al Plan de Emergencia, estaban asegurados por fuera de las
asignaciones que se hicieran en la ley de Presupuesto, al resto de los
Ministerios.
Todos sabemos que el Estado maneja partidas de dinero especiales que se
pueden utilizar en cualquier momento, si la urgencia lo requiere.
La ministra no puede decir entonces , después de cuatro meses, que ni
siquiera tiene computadoras disponibles y que las que han logrado
conseguir a partir de donaciones de otras dependencias del Estado, son
viejas y que, de cinco aparatos, después de desarmarlos y armarlos,
logra, efectivamente, que funcione uno.
La ministra no puede justificar la ineficacia en la llegada a las
distintas zonas del país, en que no tiene funcionarios públicos
disponibles, porque las actividades de recabar los datos no la pueden
hacer civiles, estudiantes, o trabajadores privados.
Me pregunto si los integrantes de las Fuerzas Armadas no son
funcionarios públicos y si han sido tenidos en cuenta para esa tarea.
También me pregunto si se los querrá tener en cuenta.
La ministra tampoco puede afirmar que, en realidad, lo que pasó es que
la cantidad de pobres que hay en el país superó ampliamente las cifras
iniciales y que el Plan se pensó solo para los indigentes, que se estima
que son 200.000.
Pero dando por cierto, que todos los argumentos usados fueran verdad, la
responsabilidad de la ministra no queda eximida porque, entonces,
llegaríamos a la conclusión que el principal proyecto del gobierno, el
Plan de Emergencia, fue absolutamente improvisado, que no se planificó
adecuadamente, que, a priori, solo contó el voluntarismo y que no se
tomaron las previsiones con tiempo suficiente.
Y es extraño que ese error provenga de una persona formada en la escuela
comunista. Antes de la asunción del Gobierno, creo que no había nadie,
ni oficialista ni opositor, que discutiera que el Ministerio de
Desarrollo Social, no debiera estar bajo la responsabilidad de un
integrante del Partido Comunista.
Más allá de la discusión que se puede generar en cuanto a la vigencia o
no de las ideas, todos reconocen la figura de Lenin, como la
máxima figura del Partido.
Y en su momento, en varios discursos, criticó duramente cualidades como
el engreimiento y la “ presunción comunista”.
Entre sus escritos se lee que “para el comunista hace falta algo más que
nociones rudimentarias” y que “ sin trabajo, sin lucha, el conocimiento
libresco del comunismo... no tiene absolutamente ningún valor” .
Decía también que “ con nuestro primitivismo en el trabajo hemos puesto
en entredicho el prestigio de los revolucionarios... en esto radica
nuestro pecado capital en materia de organización”. LA
ONDA®
DIGITAL |
|