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El Presidente de los uruguayos
Pensamiento y acción de un ciudadano
por Héctor Valle
Vamos con el
hermano por la noche
en el mundo empañado de la niebla:
las puertas como párpados de muerto.
Sólo la casa de luz roja, abierta.
Washington Benavides, “Noche sola”[i]
Si alguien vio o
estuvo con Dios, esa persona se llama Washington Benavides.
Basta con leer (¿o escuchar?) su poema “El mirlo y la misa de
Trinidad” , para captar el sentido mismo de la trascendencia,
esto es, el apego del hombre a la religiosidad.
Luego, claro está, si este apego se traduce o no, va en procura
de una creencia específica, reglada, ya es otro cantar.
La presencia del Presidente del Uruguay, doctor Tabaré Vázquez
Rosas, en la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, previamente
anunciada desde la propia Presidencia, marca una visita más de
un Jefe de Estado a ese recinto.
Es así que el Presidente visitó a esta sociedad como antes
estuviera en sedes tan variadas como la del Arzobispado de
Montevideo, etcétera. Se inscribe esta visita, esto sí vale
destacarlo, en el talante democrático de un hombre, de un
ciudadano que sabe, a la vez que se nutre y expresa, del
profundo respeto a lo diverso en sociedad, toda vez que tales
expresiones de diversidad –como, por qué no, de alteridad-
concilian sus dispares criterios de verdad o de aplicación al
autoconocimiento como a la visión de cada uno de cómo entender
la vida y lo humano, en lo instituido para todos los habitantes
de este país, en nuestra Carta.
Así, pues, el ciudadano Vázquez Rosas, honra una tradición
republicana y democrática, muy al contrario de, ya que estamos
en la visita a la sede de aquella Institución, lo que sucediera
en plena dictadura, cuando esta sede fuera salvajemente atacada
con una bomba, en una noche infame que supo también,
recordémoslo porque esto es importante, un similar atentado
terrorista a la estatua de ese gran hombre, y ejemplo de
ciudadano, que fue el Presidente norteamericano F. D. Roosevelt.
Poco días después, el Presidente inauguró un seminario,
organizado por agremiaciones de medios de comunicación, con
motivo del “Día de la radiodifusión Nacional”, en la sede
administrativa del Poder Ejecutivo, el edificio “Libertad”.
Ambos acontecimientos, protagonizados por la misma persona,
entendemos son aspectos de un solo e importante discurso que nos
obliga a estudiar y a reflexionar a partir de los dichos de
nuestro Primer Mandatario.
Visita a la sede de la Masonería
Al hablar en torno al concepto de laicidad, el doctor Vázquez
resaltó, inicialmente, dos aspectos que entendemos son
fundamentales: 1 – lo hizo en su carácter de Presidente de todos
los uruguayos, y 2 – en apego, como ya manifestáramos, a una
tradición en materia de visitas que hace, esto lo decimos
nosotros, a una concepción plural y abarcadora, propia del más
caro espíritu democrático que nuestro país siempre ostentó, a no
ser en la noche profunda de la dictadura que, recordémoslo, fue
cívico-militar.
Seguidamente, el Presidente dio de lleno en lo central de
nuestras preocupaciones: la necesidad imperiosa de nuestra
gente, no de gestos sino de una estrategi a de país, de una
necesidad, decimos acuciante, de políticas de desarrollo y,
obviamente, de la consecuente batería de acciones concretas que,
como dijera el mandatario “hagan realidad los anhelos y los
derechos de tantos y tantos compatriotas”.
Y entró en lo profundo del ser nacional al manifestar que “los
uruguayos no necesitamos protocolo; necesitamos reconocernos y
dialogar para concretar esas políticas imprescindibles si
queremos desarrollarnos como sociedad y consolidarnos como
nación”.
En el pasado reciente, a contrapelo, en refracción a lo antes
dicho, que repetimos es visitar la esencia del ser nacional,
hubo un presidente de talante decimonónico que repartió
medallas, desoyendo la historia misma del país, la de su
actitud, permanentemente, republicana, prescindente de
afectaciones tan ligeras, pero también tan demostrativas de lo
que anima a las personas.
El Presidente, noten ustedes, que ya leyeran su discurso en las
páginas de nuestra revista La Onda Digital, aun no había entrado
en el tema a tratar, la laicidad, y ya había puesto el acento
sobre las íes, principalmente al hablar de la urgente,
innegociable e irremediable necesidad de arribar a estrategias
de país, a las políticas para su desarrollo.
Seguidamente, y antes de recurrir a la etimología del término,
de la voz “laicidad”, por otra parte, propia del Uruguay, país
que vio la luz como nación y como Estado, y este es un dato de
la realidad, a partir de una apertura filosófica prescindente,
que no excluyente, de visiones dogmáticas, el Presidente, digo,
hace un simple pero importante ejercicio filosófico, cual es el
cuestionarse ante sí y ante quienes lo escuchan, en este caso, a
respecto de qué hablamos cuando hablamos de laicidad.
Ustedes dirán que perdí las coordenadas, pero creo no haber
caído en tal desliz, una vez que más fácil hubiera sido, o si me
permiten, nos tenían acostumbrados a dar por sentado cuestiones
sin siquiera cuestionar el disertante su propia argumentación,
antes mismo de expresarla. Al hacerlo, al cuestionarse en
público, uno pone mayor fuerza en la aplicación de la duda
razonable a la propia aseveración, con lo cual, se aviene a una
llanura conceptual en donde todos estén, esto queda implícito en
el discurso, a la par de disentir o convenir con lo dicho a
posteriori.
No es este el momento para explayarnos sobre nuestra idea de
laicidad, que por otra parte, ya lo hemos hecho desde este mismo
medio de comunicación, sino el destacar aquellos aspectos para
nosotros centrales de las manifestaciones del doctor Vázquez.
Al evocar e invocar, ejemplos y manifestaciones superiores de
filósofos bien como el recurrir a anécdotas para explicitar el
crisol de creencias, esto es, el espíritu mismo del hombre, de
su sentido de la trascendencia, de la libertad, apelando a la
igualdad, pero con la mirada en la dignidad primera para nuestra
mujer y nuestro hombre de a pie, el Presidente cumplió con la
historia, cumplió con su conciencia y, primordialmente, cumplió
al empeñar su palabra sobre el derrotero a seguir, desde su
mando.
Medios de Comunicación
En la breve pero profunda alocución del Presidente en el acto de
inauguración del Foro ya mencionado, dejó muy en claro, lo que
considera, y uno espera, sea lo sustantivo, en esta materia, que
es la democracia misma, en su gobierno, a saber:
Derechos y obligaciones, bien como, ciudadanía y democracia.
Estos dos ejes mencionados y remarcados por él en tal
intervención, deben ser objeto no sólo de debate, como él mismo
propuso, en varias oportunidades, sino objeto de especialísima
atención por cada uno de nosotros, ciudadanos de este país.
Debemos preservar la democracia, siempre, pues sólo en su
vigilia, la misma permanecerá y se acrecentará. Y nada mejor
para ello que alejar, aventar cualquier síntoma de totalitarismo
mediático, de acumulación por familias o corporaciones, de
vastas expresiones de la comunicación en todas sus
manifestaciones: radial, televisiva –abierta y por cable, como
gráfica.
Por ello, el llamado del Presidente debe ser escuchado....por
los ciudadanos y abocarnos, cuándo no, al ejercicio pleno de
nuestra condición de tales que no es otra cosa, Vázquez Rosas
mismo lo recordó, que ejercer nuestra responsabilidad, personal
y societaria, en la fragua de las acciones cotidianas y de la
mano de nuestra gente.
Tiempo habrá de disentir, si cabe, con usted, señor Presidente,
hoy nos cabe no sólo apoyar sino velar por el fiel cumplimiento,
tanto de sus dichos, que son la expresión misma del mandato que
le otorgara, a plazo fijo, el soberano, cuanto de nuestras
responsabilidad.
Ambos, usted y nosotros, debemos, tan sólo, apelar al juicio
crítico y al dictado de nuestra conciencia para que, en la arena
de lo público y de los hechos, la fragua elimine metales impuros
permita forjar herramientas de acción societaria y democrática,
plenas en realizaciones justas y dignas, digamos, del más puro
metal.
Que así sea.
hectorvalle@adinet.com.uy
[1] Benavides,
Washington, Un viejo trovador, antología, Ediciones de la Banda
Oriental, Montevideo, año 2004, Pág. 32.
[1] Benavides, Washington, El mirlo y la misa, Ediciones
de la Banda Oriental, Montevideo, año 2000, Págs. 80 y 81.
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