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Testimonio y recuerdos de un
discípulo del maestro Enrique Brayer

por Maestro Rolando Vieira

El pasado 24 de junio en la localidad de Mangrullo, departamento de Cerro Largo, se realizó en la Escuela Rural Nº 32 un homenaje al maestro Enrique Brayer Blanco y se designó a esa escuela con su nombre. Sus compañeros de profesión, sus ex alumnos  y amigos personales se reunieron en un acto en la escuela que lo tuvo como uno de sus grandes maestros. Lo que sigue es la intervención inicialmente prevista para
dicho homenaje del maestro Rolando Vieira Bott, alumno y discípulo de Enrique Brayer Blanco

Esbozo biográfico

Mangrullo es un poblado ubicado a 45 Km. de la ciudad de Melo con carretera hasta  la localidad de Buena Vista y luego camino de tierra, parte de tierra colorada para llegar a la Escuela N0 32.

 

Estarnos hablando de los años 1935-1936. Pasábamos entonces por la herrería de Ponciano dedicado a la colocación de llantas y herraduras en los caballos,  de la casa de los Borba, Lucas, Tort más adelante los Chagas, los Morales. Mi familia vivía en una casa de material que aún existe detrás de la Comisaría Seccional.

 

Vivía casi frente a nuestra casa Don Manuel Yarzabal, Doña Adelina y familia quienes eran nuestros vecinos. Nuestra casa paterna era grande, con amplio patio y habitaciones a su alrededor.

 

Mi padre tenía un local comercial, donde los paisanos desfilaban para hacer sus compras, particularmente la galleta dura que venia en bolsas blancas. Los días domingos se hacían pencas, apuestas, puestos de tortas fritas, pasteles de crema deliciosos que hacia mi madre para la venta.

 

Concurría a la escuela rural, no con muy buenas ganas ya que no me gustaba. Iba en un petizo tostado, barrigón, con un morocho de apellido Amaral quien me acompañaba. Sentía un “olor a banco" que me deprimía. Según testimonios de vecinos la Escuela tuvo como primer Director a Don Nolasco Pereira. Los carros, carretas v caballos eran los medios de transporte. Mi padre tenía una forcela Nº 1942 que, para esa época era un privilegio o un insulto a los carruajes.... Me gustaba jugar a la pelota con mis compañeros mientras los caballos quedaban en un galpón con sus arreos prontos para el regreso. La maestra se llamaba Emelina Ubilla y Don Enrique Brayer era el director, que trasuntaba una recia personalidad que imponía mucho respeto . Además de las primeras letras y lecturas, a la huerta escolar. Con buenas semillas plantábamos las verduras y frutas de la época.

 

Suponemos que aún en esa época no había sido declarada Escuela Granja. La misma ya tenía clases de canto, manualidades. Los productos que se cosechaban iban parte al comedor escolar o para las familias más necesitadas. Fueron uno o dos años -pocos es cierto pero de alegres corrillos, rondas y cantos que nunca olvidaré. Brayer ya había sido Maestro en la mina y posteriormente en Mangrullo según consta en su foja de servicios

 

La actividad gremial del maestro Brayer

En 1946 participaba activamente en la vida gremial magisterial en la Asociación Magisterial y en la propia Federación Uruguaya del Magisterio fundada en 1945.

Se pliega y participa efectivamente en asambleas en la defensa de los derechos de los  Maestros, el cumplimiento de los reglamentos y de la legislación escolar por la cual tenía una particular preferencia, recursos para la creación de cargos, derechos del maestro rural y justas compensaciones, los nuevos programas para el mejoramiento de la educación rural, congresos.

 

Claro que aún no avizoraba lo que iba a acontecer con los avances logrados en la educación rural y el desmantelamiento de la Sección Educación Rural, creada en 1954. Sus ideas progresistas sus afanes de superación y el propio fervor de su entusiasmo por la escuela constituyeron un eje para su vida.

 

Habían pasado 10 o 12 años del traslado de mi familia para Melo habiendo cursado mis estudios liceales, allá  por los años 1947-1948 vuelvo a encontrar a mi maestro, al comenzar mis estudios magisteriales.

 

Ya antes Brayer tenía una destacada actuación en el magisterio alcanzando grados de sub- Inspector y posteriormente Inspector. Era el año 1946 y los maestros del Departamento lo habían homenajeado con la entrega de este libro de Oro llamémoslo así estampando sus firmas y sus muestras de adhesión a su obra realizada.

 

Si se mira con atención las mismas se encontrará que muchos fueron vuestros maestros y destacadas figuras del magisterio departamental y nacional. Por otra parte verán fotocopias de los títulos de primer y segundo grado de nuestro homenajeado. En esa misma época era dirigente gremiaI de la Asociación Magisterial ocupando cargos directivos en la Comisión de Biblioteca y de asuntos Culturales de la Asociación Magisterial  según fotocopias que generosamente me enviaran compañeros de nuestra Asociación Magisterial.

 

Brayer en el Instituto NormaI:

1948, ese año como decía vuelvo a encontrar a mi maestro Don E. Brayer al comenzar mis estudios magisteriales siendo electo Presidente y Miriam Brayer como secretaria General de la Asociación de Estudiantes Magisteriales.

Este hecho me permitió profundizar nuestra relación y acrecentar nuestra afinidad de educando y educador, y una empatía mutua.

 

Los estudiantes sacábamos un periódico PROA donde se plasmaban nuestras inquietudes periodísticas y cuyo lema era PRO-OFICIALIZACION de los cursos Normales donde beneméritos profesores honorarios daban sus clases, Máximo Navarrete, Salvador Puig, Carlos Crespi, Chita Granda y donde estaba  también Don Enrique Brayer con su cátedra de LEGISLACION ESCOLAR. Brayer proyectaba en sus clases todo su saber docente y su entusiasmo pedagógico, de un docente con sentido ecuánime que todos admirábamos. Lo vimos actuar en los cargos jerárquicos superiores junto a Crespí, Arbenoiz, Cabrera que daban impulso, transmitían fuerza a nuestras  inquietudes estudiantiles.

 

En esa vinculación estrecha con la inspección la Asociación Magisterial y los estudiantes magisteriales pudimos echar a andar varias iniciativas, como la de estudiantes participando en la Asoc. Magisterial, la formación de un Ateneo Popular donde se daban charlas y discutían los temas más variados.

 

Sala de Lectura para sesiones y Biblioteca, que facilitaba la Inspección de Escuelas y con libros que los estudiantes pródigamente leían o llevaban para estudiar, la compra de una bandera en el año 1950, en oportunidad de inaugurarse el Monumento a Artigas en la Plaza Constitución, frente a la cual desfilamos con Doña Aurora Arón de Iturralde y las escoltas Blanquita Pereira y Santa Cheroní, portando la flamante bandera.

 

Las Misiones Socio Pedagógicas:

Luego vino la época de las Misiones Socio- Pedagógicas a partir de los años 49, 50, la Centurión. Luego en 1951 en Cuchilla del Carmen. 

 

Fue ahí donde pude calibrar el pragmatismo de Brayer desarrollando nuestra formación docente y creándonos una conciencia solidaria con la comunidad campesina, empobrecida creando instancias para campañas de alfabetización,  sanitaria de salud, curso de capacitación, policlínicas, etc. Los estudiantes recogíamos en la ciudad ropas víveres, comestibles secos, etc. Quiero nombrar al Cro. Dr. Felipe Cantera que más allá de la actividad local y misional, seguía las gestiones desde Montevideo concurriendo a Centurión, como ejemplo de un abnegado trabajo social solidario. Brayer estaba siempre presente en todas las etapas de la misión y su trabajo social; la Pre- Misión, la Misión propiamente dicha y la Post- Misión.

 

Era uno más del grupo estudiantil, haciendo aportes permanentes durante la noche, en la hora de la Rendición de Cuentas del día y en la proyección del trabajo social del día siguiente.

 

1949: Congreso de Maestros Rurales, en Piriápolis:

Una de las cuestiones que se debatían era saber si debían o no tener un programa propio para las escuelas rurales o un programa único nacional.

La gran mayoría de los maestros asistentes se manifestaron a favor de una escuela activa y productiva. Posteriormente el congreso de Inspectores de Minas, convocado por el C. de E. Primaria y el propio Consejo termina aprobando dicho, uno de cuyo informante fue E. Braver, junto con Nicasio García y Julio Castro. Luego será el compañero Miguel Soler quien completará la actividad iniciada por Brayer.

 

Su concepción de la educación en valores.

Brayer fue siempre un empecinado educador - porfiado muchas veces en defender sus ideas y principios .Estaba formado e imbuido su saber con las concepciones educativas de las mejores de la educación publica uruguaya. Había leído Historia de la Escuela Pública Uruguaya, a  Varela, Vaz Ferreira y Agustín Ferreira, profundizando el quehacer educativo permanente.

 

Pero más que un lector consecuente o un técnico  codocente de alto nivel, fue un formidable hacedor de cosas y un consecuente luchador por mantener bien en alto los principios de las escuela Laica, Gratuita y Obligatoria en todo el quehacer educativo.

 

¿Cómo resolvió? Exaltó siempre la libertad del alumno y como resolvió el conflicto entre el escenario de libertad y el de la autoridad? La autoridad como estabilidad de la organización social y la libertad individual que expresa las fuerzas de los cambios sociales.

Fiel entonces al espíritu crítica y autocrítica, al ideal de la laicidad y la tolerancia de la oposición, la pluralidad de opiniones. Fue siempre un consecuente buscador de la verdad. Mientras la concepción sectaria dice “tú piensa como yo eres doblemente mi hermano” porque juntos en la diversidad de opiniones continuamos buscando siempre el camino de la verdad los valores educativos no se expresan en los símbolos de la palabra, ni se enumeran simplemente. Brayer vivió y sintió con el y ellos y con comunidad educativa toda su genética y su entorno familiar: su señora esposa Nídía Jorge y sus hijas Miriam, Dolly y Sonia, estuvieron siempre en sus inquietudes y desvelos. Luego vinieron sus nietas Mulai y Luanda, que dieron a su vida la tranquilidad, cierta quietud más allá de sus inquietudes y sueños.

 

Con esas raíces profundas y hundidas en la tierra realizó su tránsito del nacimiento a la muerte, como un hombre digno y ejemplar en la comunidad campesina que lo vio luchar, sin desfallecer nunca en la consecución de sus caros ideales.

 

Sus amigos, los que fuimos sus alumnos los Maestros Misioneros de entonces y de siempre estamos hoy aquí para reverenciar su memoria en un acto de estricta justicia que se lo debíamos, colocando una placa recordatoria a esta escuela que tanto amó y de la cual tenemos los mejores recuerdos escolares.

 

Mensaje:

Traemos una parte de responsabilidad de representar a su familia, ya que tanto Miriam como Sonia estaban imposibilitadas de venir a este acto. Les envían a todos su recuerdo afectuoso recordando los bellos momentos de alegría, de esperanzas que, juntos vivieron en la Mína y sus siete escuelas.

 

Como aporte a este acto trajimos la fotocopia de la foja de servicios así como un testimonio manuscrito de una visita que hiciera en el mes de mayo de 1955   al Club Residentes de Cerro Largo.  Don Enrique Brayer escribió: “Ninguna fiesta tan grata a mi espíritu que, en la presencia del espíritu de Juana, Oribe y de Zabala Muniz pueda sentirme uno con los maestros de Cerro Largo mis compañeros de jornadas, en ocasión de rendir homenaje a la acción esforzada de los educadores que están en el retiro".

 

 

Hizo de la educación un noble apostolado y en el mejor sentido.

Ese vivir para la educación constituyó para Brayer una misión asentada en tres pilares.

La libertad el derecho a tener una mente libre, reflexiva

La responsabilidad de cumplir, de vivir, de cumplir fines educativos.

El compromiso de estar comprometidos con nuestra sociedad, con nuestra historia. Hechos y causas de una sociedad altamente autoritaria (1968-1984),  cuyos últimos años no figuran en  los programas  escolares y liceales.

 

Brayer tenía el don de la educatividad: que incluía la vocación pedagógica en el sentido de  los valores viviéndolos y sintiéndolos diariamente. Poseía un lenguaje correcto, fluido, bien dispuesto al diálogo a realizar una comunicación horizontal entre sus iguales.

 

Servia de ejemplo, ser siempre los mismos cualquiera sea el lugar donde nos encontráramos y por último el entusiasmo todo lo cual alentaba el esfuerzo y el deseo de seguirlo.

 

Y todos sabemos, colegas y alumnos que ninguna misión es posible llevar adelante sin entusiasmo. En definitiva Brayer fue un “gran trabajador social"... en la docencia, en la escuela en el Instituto, en la Misión Socio-Pedagógica, en su acción gremial, en los  Congresos, en el trabajo de campo, etc. y por eso ejercía un don de liderazgo de guía en el grupo humano.

Gracias Maestro por todo lo que aprendimos contigo.

Seguimos y seguiremos siempre tu digno y abnegado ejemplo. Muchas gracias.

http://www.uruguay2030.com/LaOnda/LaOnda/243/B21.htm

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