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No le mientan, Bertolotti
por Carlos Zapiola

Cuando se lleva a una joven a un lugar donde podría estar enterrada su madre, se hace con el convencimiento que los datos obtenidos permiten sin lugar a dudas aseverarle que allí se encuentran esos restos.

En esta ocasión los datos surgieron a través de comunicaciones a las máximas autoridades de la Institución por personas que estuvieron implicadas de alguna forma en el hecho, o que supieron de él de muy buena fuente. Directa debería escribir.

Decir que alguien fue enterrado en un lugar hace treinta años, que nunca fue tocado su cuerpo y que es allí, no puede ser parte de un juego macabro, distractivo y falso.

No es el juego de la mosqueta a lo que estamos enfrentados, sino al hallazgo del cuerpo de un detenido desaparecido, que para colmo de males no murió en la tortura –como si este hecho hiciera menos cruel la muerte-, sino que fue ejecutado luego de una larga espera que incluyó algo más de un mes de amamantamiento de una pequeña criatura para luego ser arrancada del seno materno y entregada a un amigo estéril.

Aquí no se puede jugar con el dolor ajeno, lo que sería dos veces grave, porque significaría volver a hacérselo sufrir a una muchacha y a toda la sociedad que está expectante y ansiosa, esperando que lo que nunca debió pasar comience a ser reparado.

Si el cuerpo de María Claudia no está allí, porque la memoria de algunos los traicionó, podría aceptarse una disculpa pública de ellos o por lo menos de la Institución que los albergó en su seno, en el que recibieron sueldos y regalías pagadas por todos los ciudadanos de este país.

Si le mintieron a Bertolotti no habrán agregado más que una mancha a su legado, plagado de acciones que nunca debieron ser ordenadas y menos aún llevadas a cabo.

Pero también escribamos algo antes de terminar sobre la acción que están llevando adelante los antropólogos uruguayos y argentinos.

Una excavación de un túnel, un movimiento de tierra o la extracción de la misma como se hizo en el robo al Banco de Fortaleza, nada tiene que ver con lo que se está haciendo dentro del Batallón 14.

Aquí creemos que la población está falta de información, porque los medios se dedican a preguntar si aparecieron o no restos, sin tener en cuenta para nada que esto es muy lento porque los elementos que se usan son extremadamente delicados y no logran mover grandes masas de tierra. Una inspección arqueológica, que de esto estamos escribiendo, en una zona de 25 metros cuadrados se hace por franjas. En el caso del Batallón 14, se subdividió en franjas de 5 metros que deben ser peinadas cuidadosamente para que no se pierdan elementos en la búsqueda, o la posición en que estos se encuentran al ser descubiertos.

Es muy factible que en vez de palas grandes se estén usando algunas muy pequeñas o pinceles o... Todo eso que debería alguien preguntar alguna vez, y que el Dr. López Mass y su equipo no tendría problema en explicar.

Falta información real sobre cuanto se ha avanzado en la excavación. Hay rumores pero nada concreto, y si se esperaban novedades a los 80 centímetros es posible que eso sea nada más que un cruel error y que haya que seguir excavando más profundamente. Además primero hay que limpiar toda el área, y hasta ahora se habría tocado el 80 % de la misma.

En estos días alguien me comentó que si era verdad que allí está María Claudia, algo debía haber aparecido ya de sus restos. Y no es verdad. Aunque duela escribirlo, es posible que todo lo que aún son sus restos estén en ese 20% que al menos, aún no se investigó.

No debe cundir la desesperanza porque en 48 horas no se consiguió lo que muchos esperan desde hace treinta años. Tampoco es aceptable que pasen treinta años para que se encuentren los restos de aquellos que aún son recuperables.

El justo equilibrio, ese que es tan difícil de alcanzar, y más en circunstancias como las actuales, es el que debe predominar. No olvidar que hace 19 años ya había jóvenes dedicados a la búsqueda de sus padres, llevando rasgos antropométricos a la Argentina, porque los estudios de ADN aún no estaban disponibles.

Pero esta búsqueda no empezó ayer, y no va a terminar mientras los documentos que emanen de fuentes oficiales no incluyan algo más que generalidades sin el nombre de los culpables de las atrocidades ahora sin desearlo, aceptadas como cometidas.

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