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Versiones
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Algunos periodistas invocan fuentes anónimas, que proporcionaron alta calidad de información, pero, en algunos casos, la información fue rápidamente desmentida desde el Gobierno, por el propio Presidente de la República y también por el Presidente del Directorio del Partido Nacional, que señaló que una información publicada en el diario argentino Clarín, no había salido de ninguna fuente nacionalista, tal como sostenía el periodista. Este último punto, por sí mismo, no significa nada. Alguien puede haber hablado con el periodista, sin habérselo comunicado a Larrañaga. Lo que Larrañaga intenta decir, es que si la información fuera cierta, él tendría que saberla. Pero eso también queda relativizado. En los últimos días fracasó un contacto entre los blancos y el Gobierno, sobre el tema Derechos Humanos, porque el Presidente del Directorio pidió que se lo citara por escrito, cosa a la que Vásquez no accedió. Esto puede llevarnos a pensar que Larrañaga no está en conocimiento de información importante. Cada medio está buscando tener la primicia sobre lo que está pasando y lo que pasó hace treinta años y vuelca lo que cree que es cierto porque se lo han confirmado por varias vías. Pero resulta que dentro de las versiones que se transmiten a los periodistas, están las que tienen determinado interés y no reflejan necesariamente la verdad de los hechos, sino todo lo contrario. Creo que esto es lo importante que hay que transmitir a la opinión pública. Los periodistas somos parte de este juego macabro y diabólico y también somos utilizados. Para que podamos entender el alcance de lo que ocurre, vemos que la desinformación no le llega solo a los periodistas. Los propios Comandantes en Jefe de cada una de tres Armas, han decidido cruzar las versiones de los hechos que ellos mismos reciben, porque consideran que las mismas pueden estar generadas para confundir y no para esclarecer, es decir son versiones contaminadas. La prueba más contundente de esto la tenemos con lo que está ocurriendo en los predios de los Batallones 13 y 14 del Ejército, con sede en Montevideo, donde se aseguraba, con un grado de certeza casi absoluta, que allí se encontrarían restos de los cuerpos de algunas de las personas desaparecidas. Hasta el momento nada se ha encontrado. Que no se hayan encontrado, no quiere decir que no se encuentren allí. Pero, por lo menos, no están donde dijeron que estarían y eso ya da para pensar que los informantes no son tan fiables. Todo este asunto, pese a que no se reconoce públicamente, tiene nervioso a más de un integrante del Poder Ejecutivo porque el tema se está escapando de las manos, no se obtiene ningún éxito y ha entrado a transitar por un territorio muy fangoso y puede terminar absolutamente empantanado. Esto hace que sea necesario confirmar, a la brevedad, alguna de las versiones sobre los lugares donde habría restos humanos, que se desprenden de los informes que elevaron los Comandantes en Jefe al Presidente de la República. También habrá que corroborar si hubo o no un segundo vuelo con detenidos, proveniente de la Republica Argentina, y saber quien lo ordenó porque, en este punto en particular, también hay versiones contradictorias. Si, por lo menos, alguno de estos hechos y versiones no se confirman, el prestigio de muchos quedará en entredicho y, en vez de avanzar, habremos retrocedido en materia de Derechos Humanos en Uruguay. De un aspecto sí podemos estar seguros: los uruguayos estamos bastante lejos de llegar a conocer toda la verdad, aunque algunos actores políticos se niegan a reconocerlo y descartan toda probabilidad de que la información sea incorrecta. Tampoco explican por qué están tan convencidos. Mientras tanto, el conjunto de la sociedad, ya no sabe qué es cierto y qué no. El trabajo de desinformación, manipulación y contaminación parece que ha cumplido el objetivo. La próxima etapa será buscar los responsables. LA ONDA® DIGITAL |
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