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BID- Enrique Iglesias:
Cuando fue elegido presidente del BID por primera vez en 1988, Enrique V. Iglesias ya había establecido una reputación internacional como economista, ministro de relaciones exteriores de Uruguay y secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de las Naciones Unidas. América Latina recién concluía lo que se denominaría su "década perdida", caracterizada por crisis de la deuda y convulsiones políticas. La región buscaba ideas frescas y nuevas fuentes de financiamiento para el desarrollo, e Iglesias estaba convencido de que el BID podía responder a ambas necesidades. Iglesias impulsó una serie de aumentos en el capital ordinario autorizado del Banco (el cual pasó de US$34,5 mil millones a US$101 mil millones) y reorganizó los departamentos operacionales del BID para que respondieran mejor a las exigencias de sus países miembros. También estableció nuevos departamentos de investigación económica y de políticas, con el objetivo de generar nuevas soluciones a problemas en áreas tales como vivienda, educación, salud, saneamiento y medio ambiente. Durante los tumultuosos años noventa, Iglesias fue uno de los más visibles defensores de las reformas económicas e institucionales que todavía están en curso en casi todos los países de la región. El embajador Luis Alberto Moreno de Colombia sucederá a Iglesias como presidente del BID a partir del 1 de octubre próximo. Mientras Iglesias que visito ase pocas horas Montevideo y se reunió con el presidente Tabare Vázquez, se preparaba para asumir otra desafiante tarea, esta vez como secretario general de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, formada por 22 países miembros. Lo que La ONDA digital brinda a continuación es el dialogo de Iglesias sobre cómo ha evolucionado la región durante los últimos 17 años, con Santiago Real de Azúa, jefe de la Sección de Prensa del BID, y con Roger Hamilton, editor de BIDAmérica. La región: lanzándose hacia el futuro - ¿Cómo describiría usted a grandes rasgos los cambios más importantes que han ocurrido en la región durante su mandato en el BID? - En primer lugar percibo a una región más estable, más abierta, más eficiente y más sensible a los temas ambientales. Para muchos países de América Latina, la inestabilidad era una forma de vida; hoy se han podido controlar aquellas terribles inflaciones y ya no tenemos los grandes traumas de balanzas de pagos de épocas pasadas. La región había sido también tradicionalmente muy cerrada, inspirada por una filosofía que miraba hacia adentro antes que hacia fuera. Hoy es mucho más abierta hacia sus propios países y hacia el resto del mundo, en todas las direcciones: Estados Unidos, Europa, Asia, África. Creo también que, a pesar de las frustraciones, el Estado en América Latina es un poco más eficiente que entonces, y que el sector privado ha ganado también en eficiencia. La región está también más alerta hacia los temas ambientales y de sostenibilidad como parte de una tendencia mundial en ese sentido. En todos esos frentes ha habido avances irregulares según los países.
- ¿Qué frustraciones persisten a pesar de los esfuerzos? - Una de las grandes frustraciones es que no hemos crecido tanto como esperábamos. Nuestro crecimiento ha sido también volátil por haber estado, como nunca antes, expuestos a las fluctuaciones de los mercados internacionales con crisis económicas y bancarias muy fuertes. Pero es en el área social donde están las mayores frustraciones. En el área social creímos que íbamos a tener una respuesta positiva más rápida: la reducción de la pobreza sigue siendo una fuente de gran frustración. Es difícil entender cómo América Latina no ha sido capaz de superar la pobreza de forma mucho más rápida. El desempleo ha caído pero sigue demasiado alto. Y la desigualdad tampoco ha mejorado, sino que incluso ha empeorado. En algunos países el crecimiento económico ha deteriorado la inequidad en lugar de mejorarla. Hemos vivido un período de grandes ambivalencias. Cuando empezaron las reformas de los años noventa había una expectativa de que en el ámbito internacional iba a haber reacciones mucho más rápidas, como por ejemplo en el tema de comercio. A principio de los años noventa se cierra la ronda Uruguay y se abren grandes expectativas de una reacción positiva que no ocurrió. Todavía estamos a la espera de que [las resoluciones de la ronda de acuerdos de la Organización Mundial de Comercio de] DOHA nos dé la solución al problema comercial, tan importante para nuestros países. A finales de los años noventa, comenzamos a sufrir los impactos de las crisis financieras en otras partes del mundo (la rusa y la asiática) que nos golpearon a nosotros también, aparte de nuestras propias crisis. Esto era algo que no habíamos conocido en el pasado: el contagio de las turbulencias internacionales. Como consecuencia, entramos en un período de estancamiento, a inicios de la década, luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, que fueron un elemento agravante en esta coyuntura. Afortunadamente, en el último año, comienzan a apreciarse situaciones favorables de crecimiento económico como no habíamos tenido hace muchos años y se abre una nueva puerta a la esperanza. La región ha vivido en todo ese período las grandes ilusiones, las grandes frustraciones y ahora comenzamos a tener un período de recuperación de la esperanza a partir de un par de años que nos ha ido bien y esperamos que en los próximos sigamos por esa tendencia. Yo creo que debemos ser realistas, no podemos afirmar que nada ha ocurrido en América Latina por que no es así. Han pasado cosas importantes, pero junto a ellas ha habido grandes vacíos y grandes frustraciones: crecimos poco, de forma volátil y no hemos resuelto los temas sociales. El panorama es el de un vaso medio lleno y medio vacío, el porcentaje de uno y otro depende de los países, pero han ocurrido cosas y hay que reconocerlo porque, de lo contrario, estaríamos de alguna manera ignorando la realidad. - ¿Cree que los Objetivos del Milenio, establecidos por la comunidad internacional, se van a poder cumplir? - Varios de estos objetivos están en vías de cumplimiento. Uno en particular me preocupa mucho: la reducción de la pobreza. Yo creo que si nosotros no crecemos más de lo que crecemos ahora y si no tenemos políticas sociales inteligentes me temo que en el 2015 no tengamos la reducción al 50 por ciento de la pobreza que está prevista en las metas del milenio. En otras áreas creo que estamos avanzando bastante bien, pero en la reducción de la pobreza es posible que tengamos que enfrentar frustraciones si seguimos así. En los objetivos de la educación, hemos resuelto el acceso pero ahora nos preocupa su calidad y el fortalecimiento de los niveles medios y superiores. El problema es que, en muchos casos, el niño se retira antes de culminar el ciclo y la calidad de la educación deja mucho que desear. Los Objetivos del Milenio constituyen un ejercicio muy importante y valioso porque fijan las aspiraciones de la sociedad en ciertas grandes metas y permiten pedir cuenta al sector político y privado respecto a su cumplimiento. Es decir, de alguna manera, son el termómetro de las expectativas y de las frustraciones. Siempre he dicho a los dirigentes políticos de América Latina que debieran tomar los Objetivos como un gran punto del diálogo y compromiso con la sociedad. Todo este tipo de iniciativas son elementos que permiten orientar y fijar metas y promover acciones, y pienso que es muy bueno que así sea. - ¿Cómo se perfila la primera década de este siglo? - Como dije anteriormente, frente a los grandes interrogantes de finales de siglo se ha producido una reacción en gran parte por los vientos favorables del exterior, como la mejora de los precios de las materias primas para una región que depende tanto de ellas, la caída de las tasas de interés o la apertura de nuevos mercados. Pero al mismo tiempo, las políticas internas son más sólidas que en el pasado. Incluso aquellos gobiernos que han llegado con banderas revisionistas y progresistas han sido muy serios en la conducción de su política macroeconómica. Nadie juega con la macroeconomía porque sabe que el precio a pagar es muy caro. Hemos repetido a los gobiernos que tienen que aprovechar esta bonanza de buenos vientos externos y buena conducción macroeconómica para hacer los cambios que nos permitan mejorar la capacidad de respuesta de la economía hacia adentro y de esa forma generar mayores tasas de crecimiento económico que permitan resolver los temas sociales. América Latina tiene que aprender de otras regiones y otras experiencias, como la europea y la asiática, porque todos compartimos las mismas aspiraciones económicas al crecimiento y a partir de ese crecimiento resolver las demandas sociales. Pero es importante observar cómo lo ha hecho el mundo asiático y extraer lecciones de esa experiencia. Las aspiraciones sociales se lograron gracias a la expansión económica y eso se alcanzó primero con mucho mayor ahorro, con una gran prioridad al tema educativo, con un enorme apoyo a la tecnología y el conocimiento, fundamentos de la economía moderna. A esto se sumó una gran apertura hacia el resto del mundo con la gran promoción de las exportaciones y con una relación inteligente entre el Estado y el sector privado. El modelo social europeo nos muestra también cómo es posible conciliar el crecimiento económico con justicia social. Este modelo se está enfrentando a revisiones importantes, pero la esencia se mantiene y el hecho de privilegiar lo social como han hecho los europeos y la solidaridad social creo que es de una enorme importancia y demuestra que la buena conducción económica es compatible con ese objetivo. El papel del Banco: pasado y futuro - ¿Cuál fue la respuesta del Banco a los grandes retos de este período? ¿Cómo evolucionó para adaptarse a las necesidades cambiantes e incipientes de los países? - El Banco ha tenido necesidad de ir adaptándose a todos estos procesos. Cuando se inició la gestión de esta administración, dije en mi discurso de toma de posesión que aspiraba a tener un banco más grande, un banco más creativo y un banco más eficiente. Tengo la convicción de que en las tres áreas ha habido logros significativos. El Banco ciertamente es mucho más grande, teníamos un capital de 34.000 millones de dólares; hoy llegamos a los 101.000 millones de dólares. De un portafolio de 21.000 millones de dólares, ahora estamos en casi 67.000 millones de dólares. Creo que ha sido un Banco más creativo en el sentido de que hemos procurado acompañar la dinámica de los cambios económicos y sumarnos a ellos tratando de apoyar a los gobiernos en sus grandes decisiones de política económica y social. Creo que esa flexibilidad para adaptarnos a los cambios ha sido permanente y creo que de eso podemos sentirnos satisfechos. Creo que somos un Banco más eficiente, pero reconozco que siempre hay campo para mejorar y estoy seguro que así será. El Banco ha mejorado en sus prácticas, en su relación con los países. Hemos incorporado muchos instrumentos de préstamos que no teníamos antes, estamos mucho más volcados a los préstamos por resultados, a los préstamos vinculados a aproximaciones sectoriales junto con otras instituciones. Sobre todo hemos iniciado los préstamos de política económica en apoyo a reformas de políticas e instituciones y eso creo que es una buena innovación en esta época. En materia de instrumentos, hemos ampliado la relación del Banco con el sector privado, mediante la puesta en marcha de la Corporación Interamericana de Inversiones, la creación del FOMIN (Fondo Multilateral de Inversiones) y la creación de la ventanilla de asociación con el sector privado para financiar proyectos de infraestructura. En la última fase se creó la posición de Coordinador General de todo este esfuerzo. El tema social ha sido central desde que el Banco empezó con Felipe Herrera y siguió con Antonio Ortiz Mena. Los préstamos con objetivos sociales (educación, salud, vivienda, mejoramiento de ciudades) fueron la materia prima de la institución durante muchos años. Lo social fue también dominante en nuestro período, hicimos de la lucha contra la pobreza nuestro objetivo central: 50 por ciento de nuestros préstamos van directamente al área social. Somos el organismo multilateral con mayor porcentaje de compromisos relativos en el área social. Aparte de los campos tradicionales de educación, salud o vivienda, hemos entrado en campos nuevos, como los problemas de género, el mejoramiento de barrios, problemas vinculados con la violencia en las ciudades, con la violencia doméstica, temas que son hoy grandes preocupaciones de la sociedad latinoamericana. Intentamos acompañar a los gobiernos en el apoyo a programas emergentes grandes vinculados a aliviar los efectos de las grandes crisis. Hemos apoyado proyectos innovadores como Oportunidades en México, o Bolsa Familia en Brasil, y tratando siempre de responder a las grandes angustias de los sectores más desposeídos. Una segunda gran área donde nosotros nos comprometimos mucho ha sido la de la competitividad, para asegurar no solo un crecimiento mayor sino también cualitativamente diferente, con mayor capacidad de generación de empleo. Para mejorar los niveles de competitividad iniciamos dos grandes programas regionales que han dominado estos últimos años, IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana) y el Plan Puebla-Panamá, infraestructura de México y el Istmo Centroamericano. Hemos incursionado en el campo de la tecnología y acabamos de crear un departamento para la innovación tecnológica. Hemos seguido adelante con el mejoramiento de las políticas públicas por medio de todo lo relacionado con los sistemas regulatorios. Estamos trabajando en la promoción del ahorro, sobre todo mediante el mejoramiento de los mercados de capital, una de las grandes líneas que el Banco va a tener que desarrollar en los años venideros. La tercera respuesta está vinculada a la reforma institucional. Coincidimos con muchos pensadores y analistas del desarrollo económico y social, que se trata de un tema de la mayor importancia. Apoyamos grandes reformas institucionales en el Estado, particularmente en los sistemas financieros, los sistemas de seguridad social, reformas en los mecanismos de regulación, etc. La justicia adquirió un papel central: hace 16 años que impulsamos una iniciativa para mejorar la justicia y hemos estado presentes de distintas maneras en casi 20 países de América Latina, desde el apoyo a los mecanismos arbítrales de justicia hasta la reforma del sistema judicial. Creo que en este campo estamos muy adelantados, y muy conformes con nuestra contribución. La cuarta línea de acción la constituyó el apoyo a la apertura externa de América Latina, a los sistemas de integración regional y la apertura hacia el resto del mundo (Estados Unidos y Europa). Estamos seguros que esa línea se convertirá en un capítulo permanente de la acción del Banco. El Banco es hijo de la vocación integradora de América Latina, fue llamado por Felipe Herrera el "banco de la integración" y fue concebido como un vehículo de cooperación regional y como un trampolín para la inserción en el mundo. Con IIRSA estamos impulsando la integración regional a través del transporte, de la energía, de la comunicación y eso va a facilitar mayor intercambio dentro de los países de la región. Ahora tenemos un proyecto fundamental de integración energética a través del gas. El Banco está muy comprometido en la gran iniciativa del anillo energético, un evento histórico de suma importancia presente y futura para América Latina. Pienso que es mucho mejor que ese tipo de inversiones físicas se hagan con la participación de los bancos como el BID, preocupado por la preservación del medio ambiente y con contratos transparentes y controlables. Hay un interés de las ONG en que el Banco esté presente en ese esfuerzo integracionista para poder realmente tener una incidencia en la forma en que se van a cumplir las políticas y asegurar el mantenimiento de claros principios ambientales que no siempre están tan presentes cuando la inversión se financia por otros canales públicos y privados. -Si tuviera que elegir tres grandes desafíos para el Banco de cara al futuro, tres tareas que le esperan al Banco en los próximos cinco años ¿Cuáles serían? - Diría primero que tenemos que continuar con las políticas públicas porque van a tener un renovado papel en América Latina. Tenemos que dar un apoyo claro y explícito a la reforma del Estado en todas sus dimensiones. Ahí va a tener el Banco un desafío muy importante. En segundo término, creo que vamos a tener que avanzar en todo lo vinculado con nuevas formas de desarrollo de mercados de capital que nos permitan entrar directamente a prestar en monedas locales, por ejemplo, con unas modalidades de préstamos que sean realmente fundamentales para ir desarrollando en los países la capacidad propia de generar ahorros en su respectiva moneda. En tercer lugar, vamos a tener que apoyar mucho a los países en los procesos de apertura al resto del mundo, porque va a ser un gran desafío a su competitividad y es muy importante que el Banco les apoye. Es lo que estamos haciendo ahora con Centroamérica. Por último, tendremos que fortalecer el área social, hay que dar un impulso muy grande a los programas de emergencia para atender las urgencias más dramáticas y al mismo tiempo avanzar en las reformas fundamentales de la sociedad a partir de la educación, de la salud, de las condiciones de vida de la gente. Creo que hay que mantener ese doble equilibrio: atender los de temas de emergencia social y apoyar las soluciones de largo plazo a través de programas relacionados con la educación, la tecnología, y todo lo que habilitará al ciudadano para otras formas de producción, que elevará sus ingresos.
-¿Existe algún riesgo de que los países dejen de pedir préstamos al Banco? -Los países de renta media o de ingreso medio representan un serio desafío. Estos países van a tener cada vez mayor capacidad de acceso a los mercados internacionales de capital y, por tanto, menor necesidad de una contribución financiera exclusiva del Banco. Lo que tenemos que hacer es tratar de mantener el apetito de esos países por vincularse con nosotros, abriendo nuevas fronteras. El Banco sigue prestando a países como Chile, más avanzados en el área socioeconómico, con interés en asociarse con el BID porque les aporta experiencia, control, una cierta eficiencia en la forma de invertir recursos. Creo que nosotros tenemos que tratar de mantener esa capacidad de ser útiles a estos países en los campos en que el Banco pueda aportar algo agregado. La demanda de los países está creciendo también en cuanto a la capacidad de apoyo del Banco al sector privado. Hay otro elemento muy importante: el Banco es un instrumento cooperativo que maneja su relación con todos los países, más y menos avanzados, grandes y pequeños. El interés de los países grandes, sobre todo los que tienen mayor capacidad de acceso a los mercados financieros, es que el Banco sea un instrumento útil a todo el mundo, incluyendo a los países pequeños, porque eso mejora la capacidad de integración y mejora por tanto la situación económica y social de todos los países en la región.
Creo que somos un instrumento del desarrollo regional y por tanto el interés de los países grandes es que el Banco siga operando con efectividad en los países de menor desarrollo económico, y para eso es importante que mantengan su capacidad de endeudamiento con el Banco para mantener su equilibrio económico y financiero, y poder en esa forma ayudar a los países pequeños.
-¿Qué papel le corresponde al Banco en materia de investigación? - Nosotros, como dijo nuestro primer presidente Felipe Herrera, somos más que un Banco. Nuestros objetivos se han ampliado en muchas direcciones y la investigación es uno de ellos. El Banco ofrece una visión más amplia y en este sentido la creación de la Oficina del Economista Jefe ha sido un aporte intelectual fundamental del Banco en el área de la investigación. Nosotros no teníamos un área de investigación económica propia, teníamos intervenciones a nivel de los problemas específicos de análisis de país, pero no había una capacidad integral de análisis económica y financiera. Hoy es una oficina muy exitosa, que abrió nuevos frentes al análisis económico y social de la región y ha hecho grandes aportes. El Banco ha tenido una intervención muy importante en el análisis de las crisis financieras y bancarias, o en el análisis del empleo. Vamos a publicar un estudio sobre las reformas institucionales. Hemos ampliado el campo de investigación mucho más allá del área de la economía. En la próxima etapa, la investigación que queremos promover estará directamente focalizada en los países A, B o C, identificará y analizará las necesidades junto con los gobiernos y estudiará cómo podemos hacer una política de préstamo o de cooperación técnica más estrechamente ligada a las problemáticas nacionales. Estamos planteando una iniciativa en el Directorio para que se apruebe en el presupuesto esta nueva frontera de profundización del análisis económico de nuestros países que esperamos sea abordada este año. Los socios del Banco - La participación de los ciudadanos en la agenda de gobierno y el surgimiento de una sociedad civil activa y fuerte son elementos nuevos dentro del panorama regional ¿Qué impacto ha tenido este cambio en las estrategias del Banco? - La sociedad civil tiene creciente relevancia en todo el mundo, en algunas partes más que en otras. En nuestros países su emergencia tuvo mucho que ver con el retorno democrático, porque abrió las puertas a las expresiones públicas que antes no existían porque teníamos regímenes autoritarios.
La sociedad civil se puede expresar, salir a las calles, y puede provocar profundos cambios políticos. La suya es una presencia real, vigorosa. Debe cumplir un papel fundamental, es un control de la agenda pública y de la privada y de alguna manera, debe ser un socio constructivo muy importante. Hoy el Banco utiliza a la sociedad civil para instrumentar proyectos. Así debe ser, así lo hacen en Europa. Una parcela importante del gasto social europeo se hace a través de la sociedad civil. Generalmente se usan mejor los recursos, los multiplican con el voluntariado y son más eficientes en administrar cosas que al Estado le resultarían mucho más caras y menos eficientes. La sociedad civil es un gran sector de consulta y por tanto un gran socio en los procesos de decisiones políticas, económicas y sociales del Banco. El Banco ha creado grupos consultivos de la sociedad civil en la mayoría de los países con los cuales intercambia opiniones y discute sus programas generales de acción. Por eso es un socio efectivo en todo lo relacionado con el manejo de las políticas ambientales. En ese tema se ha convertido en un gran vigilante de nuestras políticas ambientales. El Banco ha ido ganando experiencia en materia de políticas ambientales a partir de la presencia dinámica de la sociedad civil en estos temas. Queremos una sociedad civil mucho más presente y activa, pero también queremos un Estado mucho más presente y activo. Las dos cosas tienen que ser fortalecidas: si tenemos una sociedad civil sin Estado, terminamos con una acción que dispersa los esfuerzos y no logra muchas veces defender el interés general. Un Estado sin sociedad civil es un gobierno sin contacto con la realidad económica o social, y por tanto con mucho riesgo de fracaso. Hay que dar forma a la intervención de la sociedad civil. El Banco lo hace a través de los proyectos, a través de los mecanismos de consulta y eso enriquece la acción de la institución en el campo de la infraestructura. Todos los años tengo un encuentro con los representantes de la sociedad civil de la región, difíciles a veces pero siempre útiles y estimulantes. - ¿Cómo ha incorporado la región el concepto de desarrollo sostenible? ¿De qué manera promueve y apoya el Banco su aplicación? - La sostenibilidad relaciona el crecimiento económico con la naturaleza y el crecimiento social con el medio ambiente. Yo trabajé en la preparación de la Conferencia del Medio Ambiente de Estocolmo de 1972 y creo que ha sido una de las grandes iniciativas de la humanidad, el hecho de preocuparse por primera vez en forma integral por la relación del hombre con su medio es sin duda algo fundamental para la preservación del planeta en los años venideros. Pero también en sostenibilidad con respecto a los objetivos sociales. Es un tema muy importante y hay que mantenerlo sobre todo en una región como la nuestra que tiene grandes dotaciones de recursos naturales y a la vez grandes problemas sociales derivados de la pobreza y de la aglomeración urbana, con secuelas ambientales dramáticos. Yo recuerdo que cuando empezamos a trabajar en la conferencia, prácticamente no había ONG vinculadas a temas ambientales en la región.
Se desarrollaron cuando las Naciones Unidas pusieron el tema arriba de la mesa. Luego se fueron movilizando, en especial los jóvenes, porque ese tema sedujo rápidamente a la juventud, que hoy es el sector social que más reclama atención y soluciones a la conservación, preservación, y eficiencia en el uso de los recursos. La humanidad va a estar en el futuro mucho más sensible a que estos temas se mantengan en la agenda política de las naciones y por lo tanto, el Banco debe responder en forma creciente a esa sensibilidad de la sociedad latinoamericana.
- El Banco comenzó con una relación privilegiada con los gobiernos. Hoy el sector privado es un nuevo interlocutor del BID ¿Cómo ocurrió este cambio? - Hasta los años noventa, el Banco trabajó con el sector privado por medio de créditos globales que se les daba a los bancos públicos o privados con garantía del Estado. Por esa vía hicimos préstamos por miles de millones de dólares. En los años noventa, se inicia una nueva etapa con tres capítulos muy importantes. Constituimos la Corporación Interamericana de Inversiones que funciona con un capital de 800 millones de dólares para atender a empresas medianas y pequeñas. Esta fue la primera contribución al sector privado donde prestamos el dinero y también participamos en el capital de las empresas. En segundo lugar, la constitución del Fondo Multilateral de Inversiones en el año 1992, que nos permitió ese fondo para atacar frentes muy novedosos, como las áreas de regulación, de fortalecimiento del Estado, de formación de recursos humanos, de desarrollo empresarial. También todo el tema de la microempresa y de las microfinanzas fue un enorme factor de intervención de apoyo del Banco, gran potencial de creatividad que nos permitió incursionar en nuevas áreas, como las remesas de los inmigrantes. El Banco fue un gran estimulador de análisis de las remesas y su significado económico y social para nuestros países. Hoy en día, ese despertar que alentó la acción del Banco está en la mesa de discusiones de G-8 y de todos los gobiernos, ONG y la opinión pública. Y el tercer punto fue la creación del Departamento del Sector Privado dentro del Banco, donde ya habíamos dado un paso adelante en el 1994, tratando de que el Banco se asociara directamente con préstamos en el financiamiento de proyectos de infraestructura. Creo que ese ha sido un paso fundamental que nos ha permitido adquirir una experiencia muy rica en esa materia, y que va a ir creciendo. Creo que la potenciación del sector privado en el Banco va de la mano de la potenciación de la calidad de acción del Estado, y es un vínculo fundamental. Como paso para una mayor eficiencia de la relación del Banco con el sector privado, hoy tenemos un coordinador general que asegura la acción conjunta de todas las acciones en apoyo al sector privado. - ¿Cómo ve usted la evolución de los equipos económicos gubernamentales desde que se puso al frente del Banco hasta hoy? ¿Y la clase política? - Los equipos técnicos han mejorado sustancialmente en todos los países y eso explica que se mantenga la conducción de la macroeconomía, porque hay gente de gran capacidad en todos los niveles. Ha habido también un gran proceso de innovación en política social. Hay un grupo de gente que realmente tiene capacidad de gestionar las políticas sociales mejor que antes. En los planos políticos, diría que persiste todavía una asimilación incompleta de lo que significa el proceso de globalización, y la forma como ese proceso limita muchas veces las opciones internas en materia de política económica y social. Creo que, en ocasiones, todo eso ha dado lugar a que algunas respuestas políticas aún no estén actualizadas a las exigencias del mundo competitivo y difícil donde vivimos.
La dirigencia a veces muestra un cierto rezago en su respuesta a las nuevas realidades económicas, políticas y sociales del mundo de hoy. Esto va a presentar una gran demanda sobre la clase política de América Latina. Cómo mantenemos los grandes objetivos de mejoramiento social, que son obviamente la bandera de todas las clases políticas, ganando en eficiencia, en competitividad y usando inteligentemente los mercados y las relaciones externas. Todo esto genera muchos desafíos que la clase política debería enfrentar en los años próximos en forma mucho más rápida, acorde con el ritmo de respuesta a los problemas y desafíos del mundo moderno que hemos visto en otras regiones. Tengo la impresión de que los partidos políticos deben evolucionar al ritmo de los cambios económicos y sociales que muestra la compleja evolución social y política de esa base internacional. Creo que tienen que acelerar su proceso de mutaciones porque los partidos son la base de la democracia, del ejercicio democrático. Este desfase con la realidad ha provocado su pérdida de vigencia en algunos países de la región en favor de nuevas lideranzas que han asumido la conducción política, precisamente porque los partidos no han sabido responder en tiempo y forma a esos desafíos tanto internos como externos. Pero lo que más me preocupa es que no haya plena conciencia de las limitaciones que tienen hoy los países por el hecho de formar parte de una comunidad internacional, que define las reglas del juego que nos son impuestas desde afuera. La mejor defensa sigue siendo el realismo político, y la acción conjunta de nuestros países. Una mirada retrospectiva -¿Cómo era el BID cuando Ud. asumió su presidencia? - Cuando yo llegué al Banco había un desencuentro entre algunos gobiernos que había creado un cierto clima de tensión. En ese sentido me siento muy orgulloso que hayamos logrado un clima de convivencia muy gratificante y muy efectivo porque creo que esta institución nació como un esfuerzo cooperativo, ampliado a países que quieren trabajar para América Latina en forma más intensa. Hoy, sobre todo en la relación con los países, existe un clima de cooperación muy constructivo. Ese espíritu cooperativo se ve y se refleja particularmente en ciertos momentos críticos, cuando el Banco se asoció a los países en la solución de sus grandes crisis económicas, incluso en las políticas, y por supuesto en las grandes crisis naturales. La mitad de nuestros países padecen crisis importantes derivadas de desastres naturales. Allí se muestra cómo el colectivo se moviliza y creo que en ese sentido hoy en día hemos ganado en cuanto a clima de diálogo y a capacidad de respuesta colectiva en los momentos difíciles. También ha cambiado nuestro tipo de relación con los países, no son clientes, son socios en un esfuerzo cooperativo. Nosotros estamos para servir a ese objetivo, y no servirnos de él. En esta casa ha habido un compromiso muy grande con ese espíritu y diría que hemos logrado una relación Directorio-Administración a mi juicio ejemplar de convivencia constructiva y grata, algo muy importante para el bien institucional. El espíritu cooperativo está ciertamente mucho más fortalecido de lo que estaba cuando yo llegué a esta Institución. - ¿Hay algo que le hubiera gustado hacer de otro modo si hoy tuviera la oportunidad de rectificar? - El fortalecer al Estado, su eficiencia, su transparencia son tan fundamentales, que el proceso de reforma muchas veces fue mal sucedido o mal comprendido porque la base institucional era muy débil. Hemos aprendido que la corrupción es un fenómeno muy pernicioso tanto ética como socialmente y con grandes implicaciones sobre la capacidad de crecimiento y que la transparencia en el ejercicio público es fundamental. Creo que quizás en las áreas de reformas institucionales deberíamos haber estado más presentes y haber empezado antes. Pero no perdamos de vista dos cosas: la primera, que todos somos generales después de la batalla, siempre tenemos respuestas después que acontecieron las cosas; la segunda, que no se termina de mejorar nunca. Las decisiones se toman en un contexto del hombre y sus circunstancias, cada momento económico está condicionado por las coyunturas sociales y políticas y también por las percepciones que vienen del exterior. El constante bombardeo de percepciones, visiones e ideologías ofrece múltiples respuestas a los problemas y si algo nos enseña la vida es a ser más humildes y prudentes al momento de construir grandes y milagrosos modelos económicos. Una crítica recurrente a los bancos multilaterales, es la persistencia de altos niveles de pobreza. Lograr el desarrollo con justicia social es un desafío con dos agendas, una doméstica y otra internacional. La doméstica es la fundamental porque, si los países no son capaces de tener instituciones, de generar ahorros, de trabajar en la eficiencia económica y en las políticas sociales inteligentes, es muy difícil eliminar la pobreza. La agenda internacional ayuda a esos propósitos pero jamás las sustituye, es decir el tema de la pobreza no se puede solucionar desde afuera. Además, esa agenda internacional tiene como un punto de apoyo a las instituciones multilaterales, pero tiene responsabilidad de resolver las grandes asimetrías del comercio mundial. Precisamos de un comercio mas fuerte que remunere con justicia a nuestra materia prima. Nosotros sólo con préstamos no resolvemos la agenda nacional. Y en materia de comercio las cosas no están como debieran estar. Es muy importante entender que los grandes temas sociales no se van a resolver desde afuera si la agenda doméstica no responde y si el mundo no abre oportunidades de comercio a todos especialmente a los más pobres. LA ONDA® DIGITAL |
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