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Cine uruguayo otra vez
“Ruido”, el difícil arte del humor

El estreno del film uruguayo “Ruido” en el circuito comercial montevideano, propone, desde luego, la enhorabuena por una nueva presencia del cine nacional siguiendo su marcha con cierta constancia anual, también por el hecho de constituir un segundo trabajo en largometraje del cineasta Marcelo Bertalmío, quien debutara  en el 2001 con “Los días con Ana” y de igual modo, abre la posibilidad  de una reflexión en torno al arte de la comedia cinematográfica como género. Importa, en ese sentido, trazar un perfil del realizador previo a las consideraciones sugeridas por el film. 

Un ingeniero cineasta
Marcelo Bertalmío, acorde con una semblanza trazada por el diario “El País” de Montevideo ( 14/ 8/ 2005 ) es, también, ingeniero recibido en la Facultad de Montevideo a los 24 años, doctorado en Minnesota en el 2001, actualmente radicado en España como investigador en el procesamiento de imágenes en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Que la ingeniería y el cine tienen muy buena relación entre sí en su caso, lo prueba el proceso que lo llevó a concretar su primer largometraje “Los días con Ana”, a partir de sus inquietudes artísticas, entusiasmo y amor al 7º. Arte. 

Gran consumidor de cine, desde los 8 años junto con su padre en el exilio español durante los años de la dictadura uruguaya, recorriendo las salas madrileñas, luego de su retorno al Uruguay en 1986 y ya como estudiante de ingeniería, Beltramío conforma una “barra” de amigos con los compañeros de estudio, unidos de igual modo por sus inquietudes artísticas, que por sus intereses comunes  profesionales. En 1994, el grupo pone en escena, “Fragmentos completos”, una pieza de teatro amateur que él dirige y co-escribe, y gana la quinta edición del Concurso de Teatro Joven de la Intendencia Municipal de Montevideo. 

Dos años después, el grupo universitario inicia una experiencia de radioteatro satírico, “Liberen a Jorge II” para la radio de la Federación de Estudiantes Universitarios, que llega apenas al séptimo capítulo, cuando las fuerzas de seguridad pública clausuran los equipos y la emisora. En 1997, Bertalmío interviene en un concurso de crítica cinematográfica joven organizado por la IMM y lo gana con una nota sobre “El día de la bestia” del español Alex de la Iglesia. Entre 1998 y el año 2000, el grupo encara un compromiso mayor, el rodaje de “Los días con Ana” de la que Bertalmío es co-libretista y realizador. Esta primera experiencia en el largometraje, realizada en video digital, fue afortunada. Ahora, el ingeniero-cineasta se encuentra en Montevideo para presentar “Ruido” su segundo largometraje, concretado en un proceso largo de reconocimiento del libreto ( premio del FONA uruguayo, apoyo de Ibermedia y del Instituto de Cooperación Iberoamericana, en términos económicos ) y acuerdos de producción con Argentina, España y Uruguay, para este último caso la productora Lavorágine Films. 

Rodada entre el 6 de abril y el 9 de mayo de 2004, en 35 mms y con locaciones en la ciudad de Montevideo, “Ruido”, tiene guión y libreto de Marcelo Bertalmío, y en el importante rubro de interpretación cuenta con la presencia de Jorge Visca, amigo del director, también ingeniero e integrante del elenco “Los días con Ana”, quien en su segunda aparición compone el rol de Basilio, protagonista de la película, acompañado de cuarenta actores. Entre ellos, corresponde destacar al actor teatral Jorge Bazzano, en el personaje de Méndez, el inspector compinche de Basilio, Mariana Olazábal, como Irene, una mujer vital que ayuda al protagonista  y Lucía Carlevari, en el personaje de Vera, una niña de 12 años que le complica la vida al mismo. Se suman en papeles secundarios, conocidas figuras del teatro uruguayo, Roberto Suárez, Jorge Bolani, Sara Larocca, Jorge Temponi, intérprete de “25 Watts”, el argentino Sebastián Pajoni y los españoles Eva Santolaria, Josep Linuesa, Miquel Sitjar, llegados de Barcelona junto con el propio Bertalmío. 

La busqueda del humor
La línea argumental del film muestra a Basilio, un torpe empleado “infeliz con un corazón enorme”, según la definición del propio Bertalmío, que es despreciado e insultado por su esposa, humillado por sus compañeros de trabajo, fracasa en su intento de suicidio por la accidental intervención de Irene, quien lo conecta con Méndez, un inspector de ruidos obseso y bruto que lo hace su ayudante, para que ambos salgan a impedir exagerados decibeles en una jornada de trabajo por Montevideo, en la cual enfrentan distintos problemas y personajes sonoros. Al desconcierto y vértigo de su nuevo trabajo debido a su reciente jefe, Basilio suma la necesidad de atender a Vera, la niña que le pide ayuda. En esa jornada, acaso Basilio encuentre su real personalidad y cambie. 

Con esa trama, en que el protagonista y su compinche recorren diversos escenarios y se confrontan con personajes de variada índole pintoresca y extravagante, el film orienta sus imágenes hacia la búsqueda del humor absurdo o “nonsense”, un sin sentido orientado hacia la expresión de una rigurosa lógica particular interna, a cargo del protagonista Basilio, que se distancia, se opone o queda en evidencia ante los avatares que padece el personaje. Que está  resuelto en gran medida a través de un ritmo calmo, una tesitura agridulce, una predominancia verbal. Esa zona del film, juega en contraste, en particular con las humoradas y chistes de la contraparte, ruda, gesticulante y sanguínea expresada por  el personaje de Méndez, el compinche en las correrías del protagonista, también por la vital Irene, y en parte, de igual modo, queda perfilada frente a las situaciones vividas por el dúo de inspectores de sonido. La propuesta, en ese sentido, intenta crear un universo de humor sutil, con una capa de ironía y búsqueda de un aire sugerente y enrarecido – como el personaje – que, en parte, parece tomar modelo al maestro vienés Ernest Lubitsch, que admira el propio Bertalmío. 

Pero algo ocurre camino del humor, el resultado es irregular, desparejo, fallido. Defectos que no invalidan la empresa, puesto que según la exhibición especial para la prensa e invitados, mostró al público de una sala colmada participando con risas, comunicándose con la propuesta de las imágenes, gustando de la película. 

Una reflexión precisa sobre lo que ocurre en la pantalla y cómo, demuestra que sí, existen secuencias logradas – la del viejo paranoico de un rancho que se siente amenazado, da justo en el tono de humor extravagante del film, por ejemplo -, que en muchas oportunidades el diálogo es ingenioso, provoca risa, maneja esa lógica descentrada que origina el absurdo. Pero que también existen desprolijidades narrativas – es muy difícil por ejemplo enterarse que la narración ocurre en un día, pese a letreros orientadores -, errores o saltos de encuadres en una misma escena. Quizá el defecto más evidente sea el ritmo de la película, el famoso “timing” de los grandes de Hollywood, Lubitsch, Allen, Nichols, autores que un peculiar manejo del tiempo de suspenso y espera en los diálogos de comedias muy habladas, hacían que la réplica de un personaje cayera justo para dar lustre a un chiste verbal. En “El ruido” muchas bondades y ingenio de los diálogos se pierden por ese tipo de razones, y no siempre la resolución de las imágenes y su posible refuerzo o clarificación de una situación humorística ayudan al actor o al film. 

Entre lo más logrado de “El ruido” se encuentra el formidable acierto de casting hecho con el ingeniero Jorge Visca, ya desde su conformación física da con creces la personalidad “ida” o “extraterrestre” del personaje de Basilio, que además confirma con una gran sobriedad expresiva de gestos y dicción, esos silencios y esperas – timing – que el texto y las imágenes exigen. 

Como el propio Marcelo Bertalmío ha manifestado: “Los días con Ana” es más irónica que “Ruido”, pero ocurre que hacer humor es dificilísimo. El sarcástico puede ser una salida fácil, efectista, pero hacer humor con algo rescatable es difícil”. Cierto el arte del humor es difícil, más bien no se sabe demasiado en qué consiste, pero además la comedia es un género y por tal tiene reglas de juego muy precisas, que si no se cumplen, es más factible el fracaso con un drama o tragedia. De todos, el film de Bertalmío tiene demasiadas cosas rescatables, como para valer como digna tentativa frustrada y aunque con futuro.

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