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Anillo energético y ejes bioceánicos
El largo drama de
la revolución boliviana

por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

Bolivia se ha constituido en el país sudamericano, geopolíticamente más importante de América del Sur. Y ello por varias razones: es el pasaje natural para la comunicación de los “corredores de integración Atlantico-Pacifico” , también denominados “ejes bioceánicos”. Ante la crisis energética de la región, el subsuelo boliviano guarda las mayores reservas de gas naturales, por lo cual se presenta como el actor más importantes en el proyecto del “anillo energético”  sudamericano. Pero las cifras estadísticas indican que mantiene la población más pobre, viviendo desde su libertad política, una permanente revolución nacional y una revolución social. 

Desde que se fundó la república (1825), el golpe de estado ha constituido una institución en Bolivia, En sus 180 años de vida independiente, casi dos centenares de revoluciones o golpes de Estado se han producido. De ahí que, en lugar de los 45 gobernantes que cada cuatro años , bajo  el sistema democrático, hubieran debido gobernar desde el Palacio Quemado, más de 74   lo han ocupado. en la mayoría del ámbito militar,  

La relación entre revolución nacional y revolución social
Una equilibrada relación entre estos dos conceptos, implica, lógicamente, una relación armónica entre desarrollo económico y desarrollo social; un tema clave de todos los movimientos de liberación del mundo subdesarrollado, cualquiera sea el nivel del que hay partido el proceso, tanto desde una nivel semi-industrial como Chile, Brasil, Uruguay o el de cualquier país pastoril de África.  

Se trata por un lado, de establecer los requisitos previos para el logro de lo que se ha denominado “justicia social”; pero a su vez de introducir desde el comienzo de ciertos presupuestos que contengan los elementos de una elevación de vida y de las condiciones de trabajo. 

Si bien, a muchos puede parecerles muy difícil lograr un equilibrio entre estos dos factores, considero que dar entrada desde el principio al componente social en el desarrollo económico , es la condición necesaria para que el movimiento no termine en una ruptura de la alianza de las fuerzas que le dieron origen.  

En el caso de Bolivia, como en otros países de nuestra Iberoamérica que sueña hace dos siglos  en la integración, que ella misma obstaculiza, el conflicto surge alentado por dos factores siempre presentes en las revoluciones nacionales. Uno es puramente objetivo. Otro es de orden subjetivo. 

El primero está conformado por las condiciones de vida y de trabajo de las sociedades de la ciudad y la del campo, las cuales al pasar del subconsumo a un consumo relativo se constituyen en el mercado interno. 

El segundo , es la voluntad expresa de participar  de una manera protagónica en el proceso del gran cambio, de lograr del nuevo proceso nuevas conquistas y de impulsar a ese cambio siempre hacia delante.  

La interrogante que agobia a los movimientos que plantean  -muchas veces sin profundizar las estrategias políticas a seguir, a ese gran cambio- se centra en ¿es posible una elevación continua de las condiciones de vida y de trabajo de la población nacional,  “pari pasu”con su desarrollo económico? 

Viendo, someramente así la situación, la respuesta e la interrogante planteada , considero que no permite vacilaciones: No es posible  -ni justo-  un desarrollo económico que no vaya acompañado de una continua elevación de las condiciones de vida y de trabajo de los sectores sociales postergados hasta ayer.   

Bolivia y el “anillo energético”
Con la auspiciosa comprobación de la inmensa reserva gasífera que subyace en ciertas regiones de Bolivia , por lo que se va anotando  -y con la participación del gobierno de Washington - el drama de la situación política boliviana provoca una lucha incesante con matices de “revolución nacional”  que felizmente no alcanzó a consolidarse a pesar de los esfuerzos de Evo Morales y, que por lo tanto, se presenta como una “revolución social de la opinión” . 

La verdad es que la sociedad boliviana no ha podido generar fuerzas suficientes para superar la contradicción que no sabe definir, entre los nacional y lo social.  En los más reciente años, se advierte, felizmente, que se construye una tendencia donde loa dos elementos citados (nacional y social) se va lentamente identificando y podrán constituirse  en dos segmentos inescindibles de un mismo proceso. 

En el proceso geopolítico de un Estado, lo tendencial  -lo histórico necesario-  solo se realiza en largos plazos.  En el curso del proceso las tendencias históricamente necesarias son frecuentemente cruzadas y distorsionadas por la superposición de factores externos e internos. 

Los años de sumisión a los intereses de la minería de la plata, con la influencia de propietario feudales (las “roscas” de los Patiño, Hochschil y Aramayo),  En el caso de Bolivia su pleito secular con Chile por la salida al mar(1879); La guerra del Chaco con Paraguay provocada por la avidez petrolífera de Estados Unidos(1932); los problemas fronterizos con Argentina y Brasil, las tentaciones de complementación con los puertos peruanos . 

Los problemas de fondo del proceso regional
Frente al dinámico y en oportunidades contradictorio proceso de Iberoamérica, cabe preguntarse cuáles son los problemas de fondo, lo que en esencia presiden el acontecer no pocas veces trágico de nuestra historia. 

Es indudable que dos factores fundamentales producto de  la   inestabilidad de la estructura económica por un lado y, a su vez  de su  diversidad de la  estructura social por el otro. Ambos factores   agudizados por la atomización ideológica y personalista de los diversos partidos políticos en cada país.

TODA Iberoamérica , deben comprender que    el primer punto de la  agenda a debatir en esta crucial hora mundial  l está involucrado en crear una  dinámica   organización regional, donde  el factor  más importante de una política exterior iberoamericana  común, consensuada,  apenas hemos comenzado a vislumbrar. 

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