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Astori, la crisis del gobierno,
y una renuncia que deja dudas

por Raúl Legnani

La reciente crisis en el Poder Ejecutivo que pudo terminar con el alejamiento del ministro de Economía, Danilo Astori, hizo temblar las entrañas de la izquierda uruguaya, no acostumbrada a exhibir con naturalidad sus puntos flojos.

Astori se ha transformado en un ícono de la estabilidad financiera, por acción de la propia izquierda y también por acción de los agentes económicos, tanto nacionales como extranjeros. A esto se llegó luego de un largo proceso que tuvo su inicio durante noviembre de 1994 cuando se disputó el balotaje entre Tabaré Vázquez y Jorge Batlle, que resultó favorable para el último. En aquellos días los mensajes confusos en materia financiera y económica por parte del posible equipo económico de Vázquez, llevó a que el candidato presidencial llamara a Astori para que tranquilizara a los mercados y a la población que se altera con los resfríos de los mercados. Pero el llamado fue demasiado tarde.

En la campaña electoral de 2004 Vázquez se adelantó a los acontecimientos, dando mensajes para que los mercados no se pusieran nerviosos. En primer lugar pensó en el contador Enrique Iglesias, presidente del BID, como posible ministro de Economía. Pero en su carpeta preparó el Plan B, que después fue el que terminó ejecutándose: Astori ministro de Economía. Con esa sola carta abrió el camino hacia el triunfo electoral. Opositores y ciudadanía reconocieron, algunos con agrado y otros con desagrado, que el EP-FA/Nueva Mayoría había ganado la cuereada y que Astori surgía como la figura de la estabilidad y de la sensatez. Vázquez ganó las elecciones.

La oposición, por su parte, casi no se equivoca: dijo que a los seis meses de gobierno Astori iba a ser interpelado por algún legislador de la propias izquierda. A los seis meses la figura de la estabilidad y de la sensatez presentó renuncia, que después retiró, porque los números no le daban para establecer el 4,5% del PBI para la enseñanza, que había sido anunciado en la campaña electoral.

La gestualidad de Astori pareció excesiva, en tanto la izquierda no tiene la cultura de abandonar el barco en medio de la tempestad, por más que la razón pueda estar en un lado u otro. Por eso de esta crisis que terminó siendo una minicrisis, es imposible creer que fue solo una tormenta pasajera, fruto de un malhumor momentáneo.

Es cierto que en política las características personales pesan, son decisivas en muchos aspectos, pero parecería ser que nunca deberían ser sustanciales. Y si llegaran a ser sustanciales, mostrarían que el proyecto político carece de solidez.

Hasta ahora las explicaciones del ministro José Mujica, el cirujano que hizo el by pase después del infarto, nos llevan a pensar que la crisis estuvo impregnada de personalismos y de miserias humanas que están diciendo que el proyecto político – también programático -, no está lo suficientemente sólido.

Si esto fuera así y que el debate sobre los dineros para la Enseñanza fueron fruto de diferencias políticas, programáticas e ideológicas profundas que se expresan también en otros planos, resta esperar que en un tiempo no muy lejano la renuncia de Astori termine por ser aceptada.

No se descarta, es verdad, que los acercamientos humanos puedan facilitar una mejor comunión en torno a escenarios políticos, programáticos e ideológicos. Si esto fuera así se puede dormir tranquilo. Si no lo es ya hay que ir pensando en otro ministro de Economía y para ello el gobierno y la fuerza política deberán ir preparando a la ciudadanía, porque las grandes figuras no se inventan de un día para el otro.

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