Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Elecciones internas de 1982: debate
viejo, pero que sirve para repensar

por Raúl Legnani

Nunca pertenecía al Comité Central del Partido Comunista de Uruguay, ni al de la UJC. Soy de los convencidos que me hubiera llevado mucho tiempo conocer personalmente a Rodney Arismendi, a Enrique Rodríguez, a Enrique Pastorino o a Alberto Suárez, si no hubiera estado en el exilio, porque fue fuera del país donde las distancias entre dirección y base se hicieron menores y eso me permitió conocer, casi en “calzoncillos largos”, a algunos dirigentes que terminé estimando. Fui, por eso, un atento observador de algunas de las resoluciones que se tomaron en el exterior del país durante la dictadura, pero jamás actor de primera línea. 

Todo este preámbulo es para ubicar al lector sobre las opiniones que voy a dar en relación a una polémica que se ha dado en los últimos meses en el semanario Brecha, sobre cuál fue la actitud de los comunistas en las elecciones internas de 1982, en que la izquierda tuvo que optar entre votar en blanco, como lo propuso Seregni o sufragar por las corrientes democráticas de los partidos tradicionales. 

Hay gente que se ha propuesto demostrar que los comunistas no fueron claros en la hora de las definiciones en ese año. Si bien actores de primera línea ya se han expedido sobre esto, quiero exponer cuál fue mi opinión en 1982. Pero más que eso quiero dejar explícita algunas ideas sobre el trasfondo de este debate. 

Ganar espacios
En 1982 fui uno de los convencidos de que el Frente Amplio debía votar a las corrientes democráticas de los partidos tradicionales, debido a que la izquierda estaba proscripta. Lo hice porque entendí, en aquel momento y junto a otros compañeros, que esa era una posibilidad real, prioritaria, que iba a permitir generar un cambio en la correlación de fuerzas en la sociedad uruguaya que permitiera acorralar a la dictadura. Pero también me plegué a esa tesis, porque entendí que ese era el momento de impulsar la irrupción de la ciudadanía en la escena política y a la vez “legalizar” a nuestra gente, quien iba a poder participar con ciertos cuidados y a cielo abierto en la lucha política. Pensaba, a la vez, que el voto en blanco nos obligaba a mantener clandestina o semi clandestina a toda la militancia de izquierda, cosa que nos impediría tener una mayor prédica y limitaría la recuperación de espacios políticos que se necesitaban por el agua. Mi temor era que la gente se pasara en masa a los partidos tradicionales, porque la promoción del voto en blanco no tenía efectos jurídicos y políticos directos sobre la realidad. 

Esas fueron mis razones y la de muchos de los militantes comunistas que participábamos, por decisión partidaria, vinculados a la Convergencia Democrática en Uruguay (CDU), agrupamiento creado en el exilio e integrado por dirigentes wilsonistas, del Partido Comunista, del Partido Socialista, de la 99, del Gau e independientes, entre otros. 

Soy conciente que dentro del país había compañeros que defendían el voto en blanco, contrario a mis opiniones. Con algunos de ellos, vinculados a la dirección clandestina partidaria, puede intercambiar ideas a pesar de las dificultades de la distancia. Todos ellos sostenían la tesis de Seregni de que había que separar, en medio de las internas, a los “bagres de las tarariras”. 

Temían, a la vez, que Wilson nos comiera definitivamente parte del electorado. Temor que nosotros también teníamos, como ya lo señalé. Entendíamos, también, que si la resolución de votar dentro de los lemas tradicionales era orgánica, asumida por todos – Seregni era fundamental -, ese peligro se podría limitar y disminuir. 

Otro de los aspectos a dejar en claro es que en 1982 el PCU votó unido con el voto en blanco. En México, dos meses antes del acto electoral, se hizo una reunión de los principales dirigentes del exilio que residían en Latinoamérica, el Caribe, Estados Unidos y Canadá, menos Buenos Aires. Allí no solo se conoció la resolución de que el partido votaba en blanco, sino que se instrumentaron medidas para ello. Por todos los medios mandamos al interior del país distintos materiales promoviendo el voto en blanco. Recuerdo que llevaban como firma: “FA-1001”. Similares reuniones hubo en otros continentes. 

La estrategia
Ahora, invito a los lectores a salirnos momentáneamente del escenario de los hechos más puntuales, para tratar descubrir qué estrategia estaba detrás de nuestra propuesta. 

Hay intenciones de algunos observadores críticos de aquella reflexión colectiva que hicimos los comunistas en 1982, de hacer creer que el PCU se proponía la superación del Frente Amplio. Lo más cómico es que algunos de estos críticos arriaron las banderas del FA durante la dictadura o recién ingresaron al FA, solo cuando retornó la democracia. Son los mismos que proponían una salida socialista, justo cuando nosotros defendíamos el programa democrático y avanzado del FA y sus posibles aliados. 

La Convergencia Democrática en Uruguay fue una maravillosa obra de ingeniería política que expresó la línea del PCU durante la dictadura, pero que no nació como fuerza sustitutiva del Frente, ni mucho menos superadora del mismo. 

No tengo tiempo ni ganas de ir a los textos, aunque los textos existen. El PCU caracterizó a la dictadura de fascista cívico-militar, nacida con el aliento de la contraofensiva del imperialismo y del capital financiero internacional. Fue Arismendi y otros, recogiendo las enseñanzas de Jorge Dimitrov, quien definió que al fascismo se le derrotaba con la más amplia convergencia de las fuerzas democráticas nacionales y mundiales. Eso implicaba tener una política que mirara por fuera de las fronteras del FA. Wilson y su hijo, después de la tragedia de Argentina, surgieron como los claros aliados. Ya en 1974 dirigentes del FA iniciaban acciones de coordinación con Ferreira, donde estaba – entre otros – el ex rector de la Universidad Oscar Maggiolo. 

Con ellos y otros se trabajó fraternalmente, aunque Wilson nunca hablaba del FA, sino de “los socialistas, los comunistas, los demócratas cristianos, los de izquierda”. Incluso en algún momento se realizaron gestiones para que a la CDU ingresara el concertista Luis Batlle Ibáñez, quien en ese momento residía en estados Unidos, lo que no se pudo concretar a pesar de su simpatía por la idea. 

En este marco hay que recordar que la creación de la CDU permitió que en el exterior se ganaran zonas democráticas a las que el FA no podía llegar con facilidad. Recuerdo una reunión que se hizo en México, convocada por la CDU, donde concurrieron los principales dirigentes de la Internacional Liberal, la Unión Demócrata Cristiana y la Internacional Socialista. Creo que eso fue una de las pocas veces en que éstas tres organizaciones se juntaron, en un mismo día y en una misma mesa, para brindarle solidaridad a un pueblo en lucha contra una dictadura. Recuerdo más: que no quisieron firmar una declaración conjunta, pero logramos que cada una de estas organizaciones firmaran el mismo texto. ¡Bingo! 

Ahora, ¿cómo llegamos a la creación de la CDU? Se llegó habiendo reconstruido antes y en todos los continentes, en más de 50 ciudades, al Frente Amplio, gracias a los liderazgos de Oscar Maggiolo y Hugo Villar. Pero también reconstruyendo a la Convención Nacional de Trabajadores y a la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay. Es decir que el PCU no solo buscó el aglutinamiento de las distintas vertientes democráticas, sino que previamente fortaleció a los instrumentos históricos de la clase obrera y el estudiantado, tradicionales aliados de la izquierda. 

Esto fue así porque la política de los comunistas para enfrentar al fascismo se expresó en forma muy sintética, pero también muy clara. Fue una política de unidad (de la izquierda y los instrumentos unitarios del pueblo) y de convergencia (con los demócratas blancos y colorados). En materia de política internacional la síntesis fue: unidad y convergencia de pueblos, partidos y gobiernos. Por ello no hicimos asco a la hora de juntarnos con Cuba y a la vez con el Partido Demócrata de Estados Unidos o con el gobierno de Carlos Andrés Pérez o el gobierno de la URSS. 

No hubo una sola línea, ni una sola acción, que debilitara al Frente Amplio, a la CNT y a la FEUU. Todo lo que se hizo fue para fortalecerlos, mientras algunos compatriotas deprimidos por el duro oficio del exilio proponían nuevos frentes políticos o decretaban la muerte eterna de la CNT y la FEUU. 

Esta estrategia se llevó adelante afuera del país y dentro del país. No hubo, en este sentido, una sola fisura, una sola duda. Los hurgadores en documentos pueden constatar este punto de vista. Por eso, cuando las elecciones internas de 1982, el PCU resolvió sin traumas su resolución táctica. 

Yo sigo creyendo que habríamos avanzado mucho más en la confluencia de los progresistas, si orgánicamente el FA hubiera convocado a votar a los demócratas de los partidos tradicionales en aquella instancia electoral. Quizás Wilson no hubiera estado, pero los Nin Novoa, Pita, Saravia, Martínez Huelmo y otros hubieran llegado antes. Quizás. 

Es de justicia recordar, a la vez, que la continuidad de esta línea política (estrategia) ayudó a la gestación del Encuentro Progresista en 1994. Y que los famosos abrazos de Mujica con “las culebras” tienen un poco del Frente Grande de Sendic, un poco de aquella estrategia de unidad y convergencia - de profundidad y amplitud -, y otro poco del Pepe. 

Por todo esto creo que este debate sobre las elecciones internas de 1982 tiene sentido si sirve para que la izquierda saque enseñanzas de su propia historia, una historia preñada de heroísmo y de polémica. Claro, lo confieso, que hoy me gustaría estar elaborando nuevos sueños, porque cada día que pasan me quedan menos siestas. Pero igual, estoy también seguro que esto de la estrategia y de la experiencia acumulada volverían a danzar para hacernos acodar que sin política no hay destino y que los pragmatismos, como los pinos que sufren los ciclones, terminan cayéndose y sobre nuestras propias casas.

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Un portal para y por uruguayos
URUGUAY2030.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital