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Parte I
Uruguay: una sociedad,
occidental arcaica

por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

En contraste con Afro-Asia, los problemas del Uruguay de hoy, al igual que de sus pares iberoamericanos, pueden parecer sencillos. Después de todo, Uruguay es un vástago colonial de Europa, un hijo tan legítimo de Europa como los Estados Unidos y el Canadá.  Sus normas básicas son esencialmente las normas de la Europa latina, aunque decir esto es ignorar muchos detalles 

Aparte del elemento indio que convive en algunos países iberoamericanos, contrariamente a Indonesia o al Japón moderno, por no hablar de la China en impulsiva renovación, Uruguay es esencialmente occidental, no “occidentalizado”. Y esto es profundo cierto, incluso en países como Bolivia y Perú con sus oprimidas civilizaciones indias; o Brasil, donde una gran  población de negros y mulatos provoca tensiones sociales y, en alto grado complica el proceso a distinguir a este rico país  -como a la Argentina-   como una sociedad  tecnológica mayor  de la que   actualmente tiene. 

Decadencia del Uruguay siglo xxi
El problema del Uruguay de las últimas décadas radica en que  siguió el ritmo que tuvo desde finales del siglo XIX y casi todo el siglo XX, como una sociedad en ascenso
. Ela actualidad, el grave problema del Uruguay es presentarse como  una sociedad occidental arcaica.
 

La desgracia de Uruguay y de toda Iberoamérica  cuando trató de llegar a un acuerdo con la tecnología del siglo XX,  y hoy con  la pujante del iniciado siglo XXI, es que su tradición heredada no es la tradición del moderno Occidente; no es una tradición tecnológica, tampoco es imaginativa,  adquisitiva, al menos en lo que se refiere directa  y en plenitud al comercio y la producción, que en el ritmo de la sociedad mundial,  actualmente se consideran como las fuentes de la  riqueza moderna. 

Los hombres que gobiernan Uruguay  -evidentemente que con   escasas excepciones-  no hacen el esfuerzo para insertarse en el Occidente moderno debido a la debilidad que demuestran en su enfoque crítico y práctico, para poder superar las normas sociales y económicas pre-industriales y “pre-capitalistas”.  Se quedan discutiendo y rememorando su ayer. 

El arcaísmo y el deliberado formalismo de Iberoamérica es tal que las diferencias de tiempo y dimensión son aún mayores con la América de origen anglo-sajón. Sólo un convencionalismo geográfico describe a ésta con la del Sur, como habitantes del mismo hemisferio. Este no es un accidente histórico. Un Estado pequeño como Uruguay lo mismo que otros como Bolivia y Paraguay con culturas inseguras, a la sombra de Estados grandes y enérgicos, como en mayor grado lo representan  Argentina y Brasil, tienen  que acentuar las diferencias que lo definen y distinguen si es que quieren sobrevivir. 

Uruguay carece de política exterior
La noción en el moderno Occidente es que Iberoamérica necesita ayuda, la necesita; pero cuidándose de ingerencias simplistas.  La ayuda tiene que tener un término más largo y ser más sutil en su funcionamiento, más templada en sus esperanzas y medios, que los métodos aplicados en la actualidad. 

En Uruguay, actualmente, se presenta como una Nación turbada e insegura, incierta acerca del modo en que las doctrinas heredadas de su pasado tienen que ser comparadas con las condiciones de inestabilidad en que vive ahora, inadecuadamente equipado su gobierno para comprender la realidad de la moderna política. Con sólo leer la agenda parlamentaria de Uruguay sin temas de gran trascendencia para el país, basta para concluir que Uruguay vive sólo, marginado en este rincón de Sudamérica; en forma discreta y con una política exterior contradictoria entre quienes tienen la responsabilidad de dirigirla. Pero, ¿quién la dirige? es otra pregunta aun sin lógica respuesta: ¿la Presidencia? ¿El Canciller? 

Mientras  los países del Cono Sur  han proyectado  (ver informe IIRSA)  y  -en algunos casos comenzaron a construir los “corredores bioceánicos”; otros creando y mejorando sustancialmente   sus puertos para recibir los barcos de carga de última generación (la flota mundial a finales de 2008 será 60% superior a la del 2004; la política uruguaya   no demuestra firme interés por conocer los cambios que se dan  en la región. Se conforma con practicar una política “doméstica”,    contradictoria como en el caso del tema “Tratado de inversiones  con Estados Unidos”. Pero hay otros temas muy importantes para su recuperación y sobrevivencia. 

Los corredores bioceánicos
En base a documentos regionales oficiales, insistí en que Uruguay iba quedando marginado en el tema “infraestructura regional”, perdiendo su papel de protagonista   que  la naturaleza le otorgó   por su posición geopolítica, en la esquina del océano Atlántico y el Río de la Plata, para servir a las necesidades del hinterland regional. 

En dicha oportunidad señalé el Tratado firmado el 16 de octubre 2005,  entre los presidentes de  Argentina y Brasil a favor de un corredor de exportación de doble vía (“Autopista MERCOSUR” y el “Proyecto de integración ferroviaria”, que vinculará a los dos países sin informar éstos,  ni tomar en cuenta un pasaje por Uruguay; ratificación de lo resuelto en el Acta de Copacabana rubricada por los citados presidentes. (Tiempo de ejecución: 9 años. Total de inversión: 421.178.317,39 dólares. Comercio carretero total ida-vuelta: 4.058.258 toneladas.) 

Anteriormente, en diciembre 2000, ALADI presentó un exhaustivo informe a los Ministros de Transporte y Obras Públicas del MERCOSUR reunidos en Montevideo, recomendando diez corredores bioceánicos para unir los espacios terrestres del Cono Sur. La ruta Brasil-Argentina (figura 1 del informe) presenta un trazo similar  a la anteriormente citada. 

Es decir, Uruguay sigue marginado en el tema infraestructura terrestre del Cono Sur,  desde el informe IIRSA y  Ditias   2000 de ALADI.  En tanto, nuestros gobernantes y sus tantos asesores, mantienen un silencio que puede ser producto de falta de información , investigación, o imaginación. 

Los informes IIRSA y DITIAS
El libre comercio que plantea Estados Unidos y sus multinacionales, requiere un bastísimo sistema de infraestructuras (terrestres y fluviales con modernos y ágiles puertos), que interrelacione países y regiones de Iberoamérica a su favor.  Tal interés lo impulsó  a que desde 2001 venga institucionalizando e instrumentando un trazado de infraestructura desde México a Panamá  (primera etapa) que ha sido denominado
“Plan Puebla-Panamá”.
 

En América del Sur, a instancia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) tuvo nacimiento el proyecto denominado “Integración de infraestructura regional sudamericana” (IIRSA), aprobado en el año 2000 por los 12 presidentes en la Cumbre de Brasilia, entre ellos Uruguay. 

El IIRSA comprende un complejo plan de infraestructura distribuido en 12 ejes o corredores que cruzan Iberoamérica, de Sur a Norte y de Este a Oeste, que contendrán carreteras, rutas, hidrovías, ferrovías, autopistas, oleoductos, gasoductos, redes eléctricas, represas, puerto fluviales y oceánicos, zonas francas, etc.

(continuará)

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