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¿Éxito o fracaso de las reformas de ONU?
Por primera vez la visión de un gobierno
uruguayo, progresista o de izquierda

por Jorge García Alberti

El pasado domingo culminó la sexagésima sesión plenaria de las Naciones Unidas que reunió en Nueva York a delegaciones de 170 países, de las cuales 150 eran encabezadas por jefes de Estado o de Gobierno.

Entre ellos estaba el Presidente de la República, Tabaré Vázquez, que, por primera vez en la historia del Uruguay, llevaba consigo la visión de un gobierno progresista o de izquierda.

La ambiciosa cumbre, ha dejado una sensación ambivalente que va desde los más optimistas elogios por las resoluciones adoptadas, hasta el extremo opuesto de quienes consideran que, en la práctica, es la frustración la que debe predominar pues, los grandes temas que afligen al mundo han quedado, una vez más, postergados.

Es evidente que la negociación que involucra a 191 países, el total de los integrantes de las Naciones Unidas, no debe ser considerada fácil. Las desigualdades y los distintos intereses que afectan a los países ricos y desarrollados en relación con los más pobres y sumergidos hace que ni siquiera pueda existir un punto medio para arribar a un acuerdo.

La paz y la seguridad colectivas aparece como una de las preocupaciones fundamentales y si bien se ha logrado la condena a cualquier tipo de terrorismo, “ en todas sus formas y en todas sus manifestaciones, quienquiera que sean sus autores, los lugares y los fines” no se ha llegado a una definición universal sobre este flagelo.

En ese contexto, no hubo acuerdo para incluir en el texto final alguna frase referida al desarme de las grandes potencias o a la no proliferación del uso de armas nucleares.

En su primera intervención, el Presidente Vázquez vinculó el mantenimiento de la paz con el desarrollo de los pueblos y la eliminación de la pobreza.
Dijo que “ no hay libertad en la pobreza. La pobreza no sólo es éticamente inadmisible, sino que su existencia pone en peligro la democracia interna y la paz internacional”.

Agregó que la lucha contra la pobreza debe ser la primera prioridad nacional e internacional y realizó un dura condena al terrorismo: “ su sanción y castigo- señaló- constituyen un deber ineludible no solo nacional, sino también internacional.”

En lo que respecta a la reforma de la propia ONU, especialmente la ampliación del Consejo de Seguridad, se han dado los primeros pasos pero aún queda mucho trabajo por hacer. Se dice que este órgano debe ser “ más representativo, eficaz y transparente” pero no hay referencias al aumento del número de países que lo integran en forma permanente.

Uruguay también dejó el apoyo explícito para aumentar el número de miembros del Consejo de Seguridad mundial. En ese sentido, Vázquez se manifestó contrario a que los países integrantes obtengan el derecho de veto sobre las resoluciones adoptadas por el conjunto.

El documento final hace referencia a que “ cada país debe asumir la responsabilidad principal de su propio desarrollo”, punto que deja abierta una amplia gama de posibilidades de interpretación sobre lo que cada Estado entienda por ese propósito.

El documento aprobado hace referencia también a que la ONU debe potenciar el rol que le cabe en la defensa de los Derechos Humanos por lo que se aprobó la creación de un Consejo de Derechos Humanos. Este punto, también contó con el respaldo del Gobierno uruguayo, aunque la puesta en funcionamiento y el mecanismo que lo regirá se discutirá más adelante.

Un punto significativo en el documento final es el que hace mención a la democracia como valor universal aunque deja constancia que no hay “ un único modelo de democracia” en el mundo.

Muchos de los aspectos abordados aparecen como principios generales que tendrán que desarrollarse en el futuro por el conjunto de naciones.
Si bien solo dos países han expresado objeciones al documento final: Cuba y Venezuela, la cumbre ha dejado la sensación del vaso medio lleno o medio vacío, según la región de la Tierra desde la cual se mire.

La Asamblea General de la ONU tiene por delante, una vez más, un año de intensas negociaciones para inclinar la balanza hacia el éxito o el fracaso de la convivencia en el mundo.

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