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Sin ley de caducidad para
los comandantes dictatoriales
por Carlos Zapiola
Fue una de esas
respuestas que parece responden a una interrogante pedida por el
entrevistado a su entrevistador.
En el viaje a EE.UU. Tabaré Vázquez anunció que a los Comandantes en
Jefe de las tres Armas durante la Dictadura, no le corresponden las
exclusiones a posibles acusaciones que la Ley de Caducidad establece.
Ya el tema no remece aguas como antes. Casi se toma como natural. Aunque
es dable aclarar que es anterior a que el Juez Timbal decidiera que no
se puede juzgar a Bordaberry y Blanco por los crímenes de Michelini,
Gutierrez Ruiz, Barredo y Whitelaw pues ya han prescripto al haber
ocurrido hace más de veinte años.
Esto va a tener otra etapa en estrados judiciales, ya que empezarán las
apelaciones, basadas fundamentalmente en que en los años de plomo la
justicia no podía actuar libremente y que el período de aplicabilidad de
sanciones por el tipo de delito cometido debería incrementarse un
tercio. Allí se entra a discutir si los personajes de los que hablamos
pueden o no ser catalogados de peligrosos y eso haría posible
interpretar que se puede usar otro artículo del código Penal que también
serviría para juzgarlos de todos modos.
Mientras tanto las excavaciones siguen sin dar los frutos que se
creyeron inmediatos, y las preocupaciones rondan por muchos lugares. El
episodio Bayardi, menor que otros que sacudieron la interna del partido
gobernante es explicable porque son sus subordinados los que no han
sabido dar –o como ya hemos escrito infinidad de veces-, o no quieren
hacerlo, datos fidedignos que lleven a comenzar a descorrer un velo que
a todos molesta.
El voto amarillo de 1989, inútil sin lugar a dudas y fruto de una
situación política muy particular con miedos recesivos que en nada
ayudaron a que la gente pensara cuál era la mejor salida, logró sacarlo
de circulación al menos por varios años, pero todo vuelve a ser como
debió y hoy se plantea que el culpable de violación a derechos humanos
con poder y mando es un ser humano con responsabilidades y debe
responder por ellas.
Bayardi que debió ser ministro unos días no lo fue, alguien filtró a la
prensa lo que siempre hay oídos prontos a escuchar y manos dispuestas a
escribir, aún sin pensar si eso ayuda o no a la institucionalidad en
determinado momento. Pero no sigo con un tema que dio para lo que dio,
ya fue superado y otros vendrán que más insignificante lo harán.
Como los medios quieren escribir de problemas encontraron que el
Director de Jurídica de la IMM era cuestionable. Su renuncia no hizo
otra cosa que avalar dichas denuncias y el comunicado oficial del PCU
explicando que nunca se encontró mácula sobre su acción pública parece
tardío o trasnochado.
Por supuesto que mientras eso ocurre en Montevideo, se empiezan a
plantear dudas sobre la actuación de la Sra. Medina, mano derecha de
Hackenbruch, y buena parte de su administración, aunque luego dejada
bastante de lado- y se investiga un faltante de setenta mil dólares.
Y hay otras auditorías que están dando sustos muy grandes a los
intendentes en muchos lugares, pero que no suelen tener la presencia
mediática necesaria como para sacudir desde todos los noticieros como se
hace con Bonilla en Montevideo.
Son las reglas del juego. De un juego que va a tener las mismas por
cinco años y que únicamente una buena información de parte del Gobierno
y de medios serios e independientes puede volcar a la ciudadanía para
que ésta razone y no se deje arrastrar en su opinión. Tarea difícil si
las hay.
Si esto no ocurre no es culpa de los que quieren arrastrar aguas a su
molino. Es nuestra culpa porque no somos lo suficientemente abones como
para plantear que de desinformación también está empedrado el camino de
los comunicadores. Es mucho más importante que Mujica se pelee con el
Sindicato y trabaje tres días en su casa que lo que dijo en plena Rural
del Prado.
Es más importante saber su fecha de casamiento que conocer las ideas
sobre política económica o agropecuaria del gobierno.
Son las reglas del juego. LA
ONDA®
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