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La compleja relación entre el gobierno,
la fuerza política y sus adherentes

por Raúl Legnani

La fuerza política del progresismo, el EP-FA/Nueva Mayoría, está aletargada, con grandes dificultades para movilizar a sus adherentes, mostrando también grandes dificultades para la doble tarea que le dio el triunfo electoral del pasado 31 de octubre: defender al gobierno y a su propuesta de cambio y a la vez generar ideas y hechos políticos.

En los propios orígenes de estas dificultades se encuentra, así lo reconocen todos los consultados, el pasaje de los principales líderes sectoriales a cargos de gobierno. El Estado y el ejercicio del gobierno se han fagocitado a la fuerza política sin proponérselo, pero así ha ocurrido y seguirá ocurriendo hasta que los sectores renueven a su dirigencia, tarea que no parece ser sencilla en tanto los actuales líderes “son pesos pesados”. 

Este cuello de botella que se ha generado queda ejemplificado en un sector que en la pasada semana se quedó sin sus dirigentes más visibles, por tener que cumplir ellos tareas de gobierno o parlamentarias en el exterior del país. “No hay nadie que quiera decir algo, porque no estamos acostumbrados a hacerlo”, dijo a LA REPUBLICA de los dirigentes no acostumbrado a la exposición en los medios. 

Por el lado institucional - Comités de Base, Coordinadoras y Departamentales del FA- , también surgen las preocupaciones. El Grupo de los 36, integrado por los delegados de base del FA, reconoció las dificultades en un documento que se discutió el pasado lunes 19 de setiembre: “Ha disminuido notoriamente el nivel de participación y compromiso de las bases en todos los niveles de la estructura del FA;  se constata carencia  de discusión política y falta de participación e influencia de las bases en la toma de decisiones”.  

Ya en el plano de las alertas agrega: “El relacionamiento entre la Fuerza Política y el Gobierno debe ser adecuado evitando dos extremos nefastos: I)  Que la Fuerza Política pretenda intervenir en todos los actos de gobierno o que solamente lo haga cuando surgen discrepancias internas. II) Que el Gobierno se despegue de la Fuerza Política y del contacto con las organizaciones populares y las necesidades de la gente”. 

Los posibles cambios
De hoy a fin de año algunos sectores tienen instancias de renovación de su dirigencia. Uno de ellos es el Partido Socialista, que en octubre realiza su 45º Congreso. Mientras que el PCU lo corrió para marzo de 2006. El MPP ya piensa en el suyo, pero recién para el año que viene, al igual que Asamblea Uruguay. La Vertiente Artiguista, realizará su Asamblea Nacional (congreso) el 13 de noviembre. En ese mes la Alianza Progresista tendrá un Encuentro Nacional, donde se podría elegir una nueva Dirección Nacional. El Nuevo Espacio eligió en julio de este año a su dirección y recién tendrá una nueva elección el próximo año. La Corriente Popular realizará elecciones internas en octubre. Pero estos eventos no garantizan que se produzcan cambios de nombres en las cúpulas, ni jerarquización de los dirigentes entrantes. Tampoco está garantizado que los nuevos dirigentes, si los hubiere, tengan el suficiente atrevimiento intelectual para encontrar una nueva cultura política que cambie ésta realidad que hoy tiene desmovilizada a la militancia de izquierda. 

Si el 5 de noviembre se resuelve que todos los sectores del Encuentro Progresista y de la Nueva Mayoría se incorporen al FA, de inmediato se creará un secretariado con dirigentes de primera línea. Solo los senadores Enrique Rubio (VA) y Rafael Michelini (NE) son líderes de sus sectores, sin cargos de gobierno. 

La crítica subterránea
Otros de los fenómenos que se están presentando en la izquierda, es el de la “crítica subterránea” que se expresa en reuniones íntimas – encuentros de amigos, conversaciones en el trabajo, cadenas de mails -, que no se hacen públicas porque los participantes no quieren que sus dichos sean utilizados políticamente por la derecha o sectores ultrarradicales para confrontar con el gobierno. 

De estas confesiones participan miles de personas que van de la generación 83 hasta la generación de los 60, por lo general militantes o ex militantes con experiencia política, muchos de ellos ex presos o ex exiliados políticos.

En estas comunicaciones, además de ejercer la crítica y la expresión de sentimientos – son diálogos con mucho de afectividad transmitida -, hay expresiones de control directo o indirecto sobre los gobernantes (sus viejos compañeros), quienes por lo general tienen amigos o adherentes de su sector que acceden a ese tipo de reuniones. 

Una de las mayores críticas que circulan por este mundo no institucionalizado, que carece de filosofía conspirativa y mucho más de deseo de conquistas de espacios de poder o de militancia, es la “ingenuidad” y la falta de “experiencia política” de algunos gobernantes, que en los primeros meses se justificaba porque recién se daban los primeros pasos en la gestión. 

Este grupo de mujeres y hombres, donde predominan los que provienen de las capas medias con ciertos niveles culturales, en sus diálogos refuerzan sus angustias, en lugar de superarlas,  en tanto no tienen contacto directo con los dirigentes políticos y los gobernantes, faltándoles información de primera mano. 

Es así que el rumor y el trascendido – además de la información que recogen de sectores corporativos- es el principal insumo de este grupo de ciudadanos, quienes sienten la falta de contacto directo con los gobernantes.  Esta realidad debilita a la vez a los gobernantes quienes no tienen “retorno” con opiniones sobre sus actos y dichos, sino que tampoco lo tienen de sus sectores políticos a los que no pueden atender por falta de tiempo. 

¿Transición o el cambio?
La fuerza política, tanto la institucional como la subterránea, también presenta dificultades para movilizar a los adherentes y votantes, debido a que aún no está claro el alcance de las medidas del gobierno, donde no se visualiza si se está viviendo aún la transición o la hora del cambio. 

Más que un problema entre los ministros Danilo Astori y José Mujica – donde sus diferencias se hacen cada vez menos profundas con el transcurrir del tiempo - , las dudas que hay en la militancia son de orden programático, de tipo político y de talante cultural y gestual. La gente no encuentra con qué emocionarse con las acciones del gobierno, porque éstas tienen más de transición que de cambio, por eso ya muchos piensan en el 2009. 

Esta compleja realidad tiene fronteras muy amplias. Por eso la población, en términos globales,  se muestra muy identificada con la cautela del gobierno y del propio Presidente de la República  y con la seriedad profesional de Astori, quien a la vez sufre de rechazos particularmente en el núcleo duro de la izquierda. 

En este marco contradictorio, donde predomina la adhesión al gobierno, se presenta como un desafío complejo lograr una expresión única y contundente de festejo y de reflexión, el próximo 31 de octubre en el primer año de la victoria. Por eso los dirigentes no han imaginado aún el qué hacer. Y en esta oportunidad el progresismo no podrá hacer pesar a Tabaré Vázquez (impedido de actuar constitucionalmente en actividades partidarias), quien antes de llegar al gobierno era el disparador de la mística frenteamplista. 

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