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Aunque no estemos de acuerdo
con este día del patrimonio
por Carlos Zapiola
Los días 24 y 25 de
setiembre se celebraron nuevamente esas jornadas llamadas “Día del
Patrimonio” ya famosas en Uruguay y este año bajo el nombre de ese
popular relator de fútbol, conocido hincha de Bella Vista que fue don
Carlos Solé.
No discutiremos desde aquí la pertinencia sobre el nombre elegido en la
primera vez que un gobierno de izquierda tiene la responsabilidad de
elegir la figura a homenajear, porque aunque no estemos de acuerdo con
la misma para la ocasión, ésta ya fue homenajeada y además los días ya
pasaron.
Hay muchas figuras populares que se pueden homenajear, que van más allá
de los edificios o viejas construcciones y que es probable hayan
aportado a la cultura general algo más que un connotado relator de
fútbol.
Esta habitación desde la que le estoy escribiendo está construida en un
terreno que fue de Pedro Figari, que él jamás conoció y que se remonta a
1911. La pared que tengo al frente es de piedra y separa mi hogar de los
apartamentos vecinos desde hace largas décadas.
Y creo que el gran tema es plantearnos que es la cultura y si esta debe
o no llenarse de sandwich de chorizo, como horrorizaba a la Susanita de
Quino, la llegada de los pobres al poder.
¿Llegaron los pobres al mismo o nos estamos vistiendo con algo que no
son galas pero si ropaje ajeno?.
Como no nos vamos a poner de acuerdo en una definición, soslayaré el
tema.
¿Es lógico que el pueblo recuerde o conozca que durante muchos años,
ellos, sus padres o abuelos se emocionaron, alegraron o enojaron porque
esa voz les trajo resultados futbolísticos mejores o peores?.
Es muy probable que sí, y que los que nos sacudimos el 9 de mayo de 1975
cuando nos dijeron que don Carlos había dejado el micrófono para siempre
recordemos hechos de su vida.
Como el relato del partido final de la Copa Libertadores entre Nacional
y Estudiantes de la Plata cuando le es copada la línea que llegaba a
Montevideo por el MLN, que aún era guerrilla, pero la voz que iba al
interior seguía saliendo al aire sin que nadie se diese cuenta, y algún
improperio se escapó por esa vía.
Como la peculiar forma con que narró cómo había ganado Peñarol a River
Plate en 1966 (“permítaseme una expresión poco académica pero éste
partido se ganó a lo macho”), o la emoción que lo llevó a las lágrimas
cuando Hobberg le empató a Hungría en Lausana en 1954, el día que
Uruguay por primera vez en su historia sería derrotado en una Copa del
Mundo, a dos minutos del final.
Es a éste Solé que se homenajeó. El que cuando Sarandi Sport recibía de
Sarandi el obsequio de su micrófono para que Julio Ríos y Da Silveira
siguieran en 1997 su camino, debió sorprenderse desde el más allá porque
Roque Gastón Máspoli, el encargado de entregar el obsequio, en pleno
Centenario y cuando junto a la ambulancia de la Platea América se negaba
a ir al centro del campo porque no le hablo. Y “no le hablo” a alguien
que hacía 22 años había muerto y que Don Roque le había cortado su
comunicación porque dijo que no había salido a cortar el centro en el
tercer gol húngaro de 21 años antes de su muerte y “yo tengo la foto que
indica que eso no fue así”.
A ese nivel llevaron los enfrentamientos en determinado momento en
algunas épocas.
Quizás el nombre no haya sido errado del todo, ya que logró despertar
esos amores incondicionales –los que dicen que nunca nadie más relató
como él- y odios irracionales que sobrevivieron a su desaparición física
que no muerte.
Ya pasó el 24 y el 25. Fue homenajeado.
¿A quién buscamos para el 2006?. LA
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