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Desconfianza: un peligro que
Hasta ahora, ese relevo en el poder entre blancos y colorados había determinado que la discusión sobre los cargos no fuera un tema que tomara especial estado público pues, entre ambas colectividades políticas, se distribuían las responsabilidades para hacer funcionar el aparato estatal. El ingreso por primera vez al gobierno de una fuerza política distinta y , además, de izquierda está poniendo sobre la mesa la discusión de temas de fondo, que nunca habían sido abordados en el país. Es el caso de cómo se ocupan los cargos , en especial, los de particular confianza y cuantos de estos últimos son realmente necesarios. Los Estados modernos, independientemente de quien ocupe el poder, mantienen cierta estructura que funciona de forma automática y se extiende más allá de los períodos eleccionarios por lo que no siempre se hace necesario el relevo de todos sus integrantes, cada vez que cambia el gobierno. Los Partidos y las instituciones funcionan, sobre una determinada base de confianza. En Uruguay, por distintas razones, esa confianza parece estar seriamente dañada y está generando un clima de tensión subterránea que, si se manifiesta en la superficie, puede tener serias consecuencias para la sociedad. Para empezar, no hubo confianza cuando el Presidente de la República nombró personas ajenas a la institución policial para su custodia personal, lo cual generó un fuerte malestar por haber roto una tradición histórica. A tal punto llega este tema que hoy el Ministro del Interior está buscando una solución porque, en realidad, los designados no son policías, aunque les hayan asignado un rango y se pretende sacarlos de la órbita ministerial. En el Ministerio de Relaciones Exteriores ocurrió otro tanto cuando se dijo que había que designar algunos cargos con personal de confianza, porque había dudas sobre los funcionarios con carrera diplomática. En el Ministerio de Vivienda, se tiene la convicción que muchos de los que allí trabajan siguen respondiendo el ex ministro y actual intendente de San José, Juan Chiruchi. Podríamos seguir con los ejemplos, pero lo que más ha tensado la cuerda y marca niveles de desconfianza total a nivel del Poder Ejecutivo, porque ya no se sabe en quien confiar, es el episodio que transitamos sobre derechos Humanos. El hecho de que hayan existido informantes dentro de las Fuerzas Armadas que aseguraran a sus superiores lugares donde se podrían encontrar restos de personas desaparecidas y que ello, en la práctica, haya resultado falso demuestra, para muchos, que el control de las acciones, en este tema, no está del lado del gobierno. Aunque para algunos resulta muy difícil de creer y les cuesta aceptarlo, el operativo de desinformación y contaminación con fines desconocidos existió y ahora no se sabe como revertirlo. Resultado: más desconfianza. El secretario de la Presidencia, ha reconocido en la comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados que los servicios de inteligencia del Estado no tienen ningún enlace con el Presidente, en muchos casos, investigan cosas por iniciativa propia sin que ni siquiera sus mandos superiores sepan que está pasando. Eso, traducido a un lenguaje llano, quiere decir que el Presidente está ciego sobre varias de las cosas que ocurren y no controla la situación. Para solucionar este punto, que resulta clave en el funcionamiento del Estado, para que el primer mandatario tenga información precisa y pueda tomar decisiones adecuadas en caso de ser necesario, se plantea en el Presupuesto la creación de un cargo de coordinador de los servicios de inteligencia del Estado. Ese cargo, por supuesto, se declara de particular confianza y la oposición, como no podía ser de otra manera, desconfía sobre los fines y el poder que tendrá esa persona. En estos días he consultado a varias personas sobre como la desconfianza puede minar la estructura del Estado y lo peligroso que resulta “desconfiar de todo y de todos los que han tenido alguna participación anterior en las cuestiones de gobierno. La estructura del Estado democrático debe funcionar- dijeron- sobre una base de confianza, ajena a los Partidos que alternen el poder”. El devenir de los hechos, parece que nos conduce por otros carriles donde vemos que lo que prima hoy, tanto a nivel oficial como de oposición, es la desconfianza. Esperemos que esto se desactive a tiempo y permita evitar males mayores. LA ONDA® DIGITAL |
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