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Llegó la primer primavera progresista
por Carlos Zapiola

De todo lo que se quejaba la izquierda siendo oposición poco le falta por cumplir, cuando arribamos a los primeros siete meses de gobierno.

Ya nombraron políticos que no alcanzaron bancas por el mandato popular en cargos de confianza.

Nombraron parientes en infinidad de lugares, de los jerarcas nombrados en ellos.

Acordaron con el terrible Fondo Monetario Internacional.

Dejaron en el cargo a subsecretarios desautorizados.

Mandaron militares a la UNITAS.

Ayudaron con concesiones a empresarios que les ayudaron en el financiamiento de la campaña.

Prometieron el 4.5 % para la enseñanza y eso está en vías de no cumplirse.

Prometieron una ley de refinanciamiento y ella no existe.

Aumentaron los cargos de personal confianza.

Las empresas públicas se dice que se van a regir por normas de derecho privado.

Se piensa asociar AFE con privados para realizar cualquier actividad, creando sociedades anónimas.

ANTEL también piensa en alianzas estratégicas con inversores extranjeros.

Para la seguridad presidencial se autoriza a contratar personal particular.

El Salario Ciudadano será cobrado el 11 de octubre por dos tercios de los posibles beneficiados, ya que aún no se pudo completar la visita a todos los inscriptos.

Los cuerpos de los desaparecidos siguen siendo los grandes ausentes a pesar de las excavaciones y las noticias que brindó el Ejército y la Fuerza Aérea.

El Ministro de Economía casi se va por discrepar con el Presidente y quedar desautorizado en un Consejo de Ministros.

Son todas noticias que obviamente llevan a pensar en un descalabro total del Gobierno. Y sin embargo alrededor del 60 % de los ciudadanos consultados por diversas encuestadoras sigue aprobando la gestión del Presidente Vázquez.

¿Es esto lógico y fácilmente explicable?.

El Presidente Batlle al llegar octubre del 2000 contaba con poco más del 40 % del apoyo ciudadano a su gestión, y la crisis bancaria aún no despuntaba a la vista de los respondentes y sin embargo había ya perdido el 20 % de los ciudadanos que le habían votado. Eso no ocurre con Vázquez. ¿Es por arte de magia?. No lo creemos.

Hoy 34.000 hogares reciben un salario o ayuda estatal que antes nunca les habían dado, sin perder la Canasta del INDA u otras prestaciones que brinda el BPS.

Hoy se sabe que los militares desaparecieron personas, las torturaron y asesinaron, aunque le hayan mentido a la Comisión Para la Paz, y cada vez hay más certeza en pensar que también lo hicieron con el actual Comandante en Jefe del Ejército y el Presidente de la República.

La enseñanza llegará o no al 4.5 % prometido, pero de cualquier forma va a tener un aumento sustancial con respecto a los presupuestos de muchos años para atrás.

Hay acusaciones que se le hacen al Gobierno que demuestran que le falta a éste capacidad de comunicación o está cometiendo errores casi imperdonables.

Difícil es convencer a un viejo militante que la UNITAS ahora bajo el mando de las fuerzas que responden a Lula ya no es tan mala como antes. Hay realidades que cambian, pero algunas no lo hacen tanto y menos tan rápido.

Sobre las privatizaciones, las diferentes líneas que se manifiestan a la interna de la fuerza política gobernante ya han tenido suficientes discusiones en el tiempo, por lo que no asombra que las mismas se repitan en nuestros días.

El carisma de Vázquez puede explicar de cualquier manera algo del por qué no cae en sus niveles de aprobación. Pero la gran explicación está en que nunca en veinte años de democracia los partidos gobernantes, solos o coaligados, lograron llevar adelante una política que lograra mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, y eso se sigue sintiendo.

Los niveles de pobreza y marginación crecientes, la falta de seguridad económica y familiar, no se olvidan tan fácilmente. Y además los que critican al gobierno lo hacen desde posiciones muy fácilmente atacables: por ser parte de los padeceres anteriores de muchos, y por no tener ideas que aportar, salvo la propia discrepancia descarnada.

No se habla de caminos para lograr un Uruguay para todos, sino que se critica lo que no se hizo y se parece a lo que hicimos nosotros mientras fuimos gobierno o coalición.

Eso hace que algunos voceros que últimamente han salido a la palestra pública y que no han alcanzado en las urnas como candidatos a Intendente el 10 % de los votos del departamento por el que se presentaron, no sean creíbles.

Como tampoco lo es aquél líder que hoy sí y mañana no, amaga con acuerdos en base a programas que pudieron ser parecidos, pero que no logran plasmarse en la realidad cotidiana.

A veces parece que se critica en base a impulsos y caprichos, en vez de hacerlo desde utopías razonadas y con base de sustentación.

En nuestro país hubo poca gente que votó en blanco. Este es un voto que bien pudo significar el no a todo, pero que también significa el no compromiso frente a las posturas que se le ofrecieron a la ciudadanía.

Es por todo ello posible que Vázquez mantenga hoy más aprobación a su gestión que votos alcanzados, y que Batlle, enfrentado a una oposición mucho más organizada y a un país que creyó en él porque esperaba cambios, dilapidara tan rápido los apoyos recibidos.

Falta mucho tiempo de gobierno de Vázquez. Veremos cuánto del programa traducido a números que es el Presupuesto, logra llevar a la práctica en los 28 meses que tiene por delante.

Luego serán las urnas las que indicarán quien estaba equivocado, que rumbos se deben tomar en el futuro y quienes serán las figuras que comandarán el país en los siguientes cinco años. Se develará si 34 años de lucha se gastaron en 5 de mal gobierno, o los votantes abren una carta de crédito por otro período igual.

Es esta la visión que tienen de la situación los que podemos catalogar como “duros” en su acérrima defensa de todas las actuaciones del Presidente.

Como la más fuerte oposición también es la interna, muchas de las frases que encabezan estas líneas parten de allí.

Escribimos pues de equilibrios y desequilibrios, internos y externos, en los que el presidente ha jugado un rol más bien tranquilo y por fuera de los medios, salvo contadas ocasiones en las que sus palabras han sabido mover y sacudir el tablero político.

Como en el tema de los militares, mentirosos o no, que desde ya se sabe tendrán que aceptar sus responsabilidades en la desaparición permanente de personas, ya que no será decretada la amnistía que creyó conocer algún periodista, y se librará las manos a la Justicia para que investigue todos y cada uno de los casos en cuestión.

Veremos como termina todo esto. Pero un concepto que manejamos al pasar en notas anteriores vuelve a presentarse frente a todo esto: el voto amarillo, en circunstancias políticas para nada parecidas a las actuales y que laudó para la época, en base a determinados argumentos que fueron perdiendo peso con el transcurrir de los años, bien puede ser dejado de lado por una ley que cuente con la aprobación popular de igual manera.

No estamos escribiendo de un mero cambio de ley sino de un Referéndum donde se revea lo que se aprobó en determinado momento.

Cada vez quedan vivos menos responsables de los años de plomo, pero los que pensaban que nunca les iba a alcanzar la mano de la justicia y que solamente deberían enfrentar la Divina se están poniendo nuevamente muy nerviosos.

Y no es para menos.

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