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Con la cara violeta y la lengua afuera:
la izquierda en la hora actual

por Raúl Legnani

Las  palabras son una de las armas más poderosas de la lucha política. Desde un tiempo a esta parte algunos analistas, por lo general bastante conservadores ellos, han comenzado a señalar que en el gobierno predominan hombres pragmáticos. Lo que quiere decir que estamos ante personas prácticas y por ello vale elogiarlas. Hasta aquí todo bien.

Pero la novedad es que algunos gobernantes y dirigentes políticos de la izquierda le han tomado el gusto a eso de ser pragmáticos, fundamentalmente cuando tienen que explicar algunas medidas de gobierno poco ortodoxas para la izquierda o novedosas desde el punto de vista programático o similares a las que practicaron Sanguinetti, Lacalle o Batlle. Ante una pregunta compleja - "¿Por qué hacen esto ahora si antes no lo querían hacer?" - , responden muy sueltos de cuerpo: "Es que somos pragmáticos".

La verdad es que detrás de este pragmatismo generalizado, cuando a alguien le dicen pragmático no se sabe si lo están elogiando o "fusilando". Es así que el político pragmático aparece, para algunos ojos y oídos, como un tipo vivo, eficiente, que no pierde tiempo en discusiones teóricas o filosóficas, con un talante más próximo al empresarial que a la vieja academia de los años 60.

Para otros, ese mismo político es un tipo sin escrúpulos, que carece de ideales y de valores. Pero por encima de estas dos miradas, como se dice ahora, el pragmatismo se identifica con lo eficaz, que es a la vez lo verdadero y también lo justo. Por ello todo lo que haga un gobernante eficaz va por el camino de la justicia y como la justicia es la razón de ser de la izquierda, el pragmatismo es más zurdo que el Chino Recoba. Pero también si ser eficaz es justo, habría que concluir, con Ramón Díaz, que el capitalismo es el sistema que llegó para quedarse, porque mostró ser más eficiente que el socialismo real.

Ahora bien: ¿la izquierda le ganó a los partidos tradicionales porque sus hombres se volvieron personas prácticas? Sin caer en extremos podemos decir que con los años se ganó en eficacia política, pero también hay que señalar --con carácter de fundamental-- que la construcción histórica que permitió gestar y desarrollar la unidad del pueblo tuvo que ver sustancialmente con las ideas, con la movilización popular, con el estudio de la realidad, con la elaboración de un programa y de una propuesta comunicacional.

Tuvo que ver con candidatos que resumieron todos esos factores, pero que además expresaron, con sus propias conductas, determinados valores impregnados de ética y de democratismo.

Pero la impresión que van dejando algunos de nuestros gobernantes es que se están sintiendo cómodos con el pragmatismo, porque ese nuevo look les permite justificar las medidas de gobierno, sin la trabajosa tarea de pensar un poco. Como que eléxito del arte de gobernar pasa por despojarse de ideas, de valores y de programas.

 

A la vez estoy convencido, porque conozco a la gran mayoría de nuestros gobernantes -entre ellos tengo muchos amigos-, que al sentirse cómodos con "lo pragmático" no responden a una concepción oportunista ni a una caída premeditada a la derecha, sino que lo hacen por fatiga cerebral. Por eso, cuando Larrañaga les dice que en siete meses hicieron todo lo contrario a lo que dijeron en 37 años, salen corriendo y quedan enredados en el alambrado, esgrimiendo como única respuesta: "Somos pragmáticos y por eso es que hemos cambiado".

Políticos como Fidel Castro que han tenido que rectificar sus propuestas económicas más de una vez, lo hicieron siempre de cara a la gente y explicando todo con el mayor lujo de detalles. Ni hablar de Lenin cuando abandonó el comunismo de guerra y propuso la Nueva Política Económica.

A la vez no hay que olvidarse de que el Partido Colorado comenzó a perder votos a lo bobo, el día que abandonó el Estado de Bienestar y se pasó al liberalismo a ultranza, sin una sola autocrítica, sin una sola explicación. Tampoco hay que olvidarse del Partido Nacional que sigue hablando de Wilson, para hacer todo lo contrario a lo que propuso Wilson.

Que un gobernante diga que "hemos cambiado" sin darle explicaciones a sus votantes es casi como aquel piloto de un auto que cambia de dirección sin avisarle al acompañante. Si esto ocurre, el acompañante, por lo general, termina con la frente en el parabrisas o ahorcado con el cinturón de seguridad. En los últimos días he visto a varios frenteamplistas con la frente lastimada o con la cara violeta y la lengua afuera. Por algo será

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