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Combate con la imagen
De Jean Giraudoux
Diseño de FOUJITA

por H. Valle

Vino hacia mí, en un vuelo intimista que deparó asombro y un deleite singular. Y es que la obra del renombrado escritor Jean Giraudoux, “Combate con la imagen”, gestada en plena II Guerra Mundial y en suelo francés (1941), ocupado por los nazis, facilita y promueve el goce estético y eleva el espíritu, aun en circunstancias adversas como las que rodearon su creación.

Así, pues, apoyado en una edición estupenda, característica de José J. de Olañeta, uno participa en carácter de observador, del diálogo, por más que otros lo llamen monólogo, del escritor, en su habitación de hotel, con el boceto de esta joven mujer que reposa.

El francés Giraudoux, además de escritor, poeta y diplomático, era un conocedor y admirador del talentoso Foujita, del que toma el diseño que motiva esta narración. Este artista japonés, amigo de Picasso y Matisse, que con su estilo, tanto en pintura como en grabado, encantó a París, expandiendo naturalmente su fama a todo el continente europeo, deja un recuerdo imborrable en el francés que habrá de plasmar en esta obra que hoy merece nuestro comentario.

Cuando Giraudoux escribe y publica esta pequeña joya de la narrativa, Foujita hacía casi un año que había partido de París, exactamente en junio de 1940, rumbo a Japón, dejando tras de sí, una vastísima obra, acrecentada con importantes premios en diversos países de Europa y que tiene, entre sus cualidades más destacables, el exquisito estudio de la mujer, a la que realza, con ligeros pero definidos trazos, utilizando, cuando cabe, colores levísimos en donde los gestos de la protagonista de la obra hacen que aquella cobre una identidad altamente seductora.

Tenemos, entonces, ante nosotros, una obra que conjuga la narrativa con la estética tanto del boceto admirado en él, cuanto por la muy bien lograda edición de un libro que se aviene a un diálogo cómplice pero esta vez del propio lector con la obra que, a su modo, habrá de recrear.

Esta pequeña joya literaria, recupera para el ser humano, la valía de lo intangible, el desapego por lo banal, al recordar, alentando a su práctica, lo mucho y bueno que el mero sentir, el permitirse ser, aunque más no sea en la interioridad de nuestra conciencia, que algunos llaman templo interior, facilita, en este caso, a un hombre situado en una guerra absurda, el recuerdo de lo permanente: el amor.

Con tal fin, Giraudoux nos muestra cómo un hombre de acción, un burócrata, en medio de sus compromisos, y alojado en un hotel parisino, halla tiempo y espacio para rememorar, so pretexto de contemplar el boceto de esta joven y bella mujer –hablo de su rostro y del cuerpo que, hasta el pecho, en donde yace apoyada con gracia una mano delicada-, trae al momento, al “tempo” del diálogo, me refiero, lo que un hombre tanto busca y a veces no se permite hallar: el propio amor.

Al hacerlo, Giraudoux encuentra eco en la joven, desde el boceto, para recordar lo que es central en la vida de un hombre común, de un ser que pretende continuar como humano pese a las locuras que el propio hombre, en el fragor de una lucha mortal, emprende en contra del otro hombre, de la otra mujer.

Tentado a extraer pasajes del diálogo que la imagen tiene para con el hombre, opto por el sigilo, que algo tiene de complicidad, en aras de permitir que usted se allegue hasta esta librería montevideana de nombre singular – “Tierra de Libros” – y al recorrer sus bien surtidos anaqueles, opte por adentrarse en esta obra o bien prefiera visitar el mundo de otra.

En todo caso, vale tener presente al “Combate de la imagen”, de Jean Giraudoux, como una pieza superior del corazón humano, junto con la rememoración de un artista de la calidad, y gracia, de Foujita que hoy, entre usted y yo, hemos vuelto a contemplar.

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