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El gobierno y lo inevitable: adaptarse
En este contexto, la opinión pública sigue mayoritariamente apoyando al Presidente y no se generan inconvenientes con organismos financieros internacionales, a la caza de inversiones presentables en áreas realmente productivas y de que bajen las aguas en el tema militar. No es el gobierno que muchos intelectuales de izquierda esperaban ni expresa una subjetividad demasiado distinta a la anterior. Pero se asegura que no habrá reacción militar al programa de gobierno, porque no lesiona ningún interés poderoso y también seduce la complacencia del sistema mediático. Así se llegará a un debate del que estarán descartadas las soluciones programáticas de izquierda, porque se ha probado que eran tan falsas o tan inconvenientes que ni siquiera valía la pena intentarlas. Pero dentro de las opciones y valores políticos posibles, actuales y aplicables, el Frente Amplio puede aparecer como el más efectivo y compacto al defenderlos, superando de ese modo a la derecha más tradicional. Llegado el momento de la dilucidación interna de candidaturas, puede aparecer un cierto descontrol de la situación por parte del aparato político, pero ya no será viable recuperar viejos tópicos de la izquierda porque definitivamente han caducado. “El país productivo” era la patria forestal. “Los militares patriotas que se negaron a ser brazo armado del imperialismo y la oligarquía, a torturar y actuar como ejército de ocupación en su propia tierra”, maricones. Los maricones y sus “derechos de las minorías”, un objeto de insulto, despreciables que no merecen pedido de disculpas cuando se los agravia desde el poder. “Los criminales de lesa humanidad”, sujetos a los que hay que pedir disculpas cuando se agravia a sus víctimas. “Los orientales honestos que resistieron al fascismo”, responsables de la dictadura como todos, según un Presidente que solo rectifica el programa de gobierno que había prometido. “Los derechos de las mujeres”, no causan sorpresa en su abandono porque en ese tópico el Presidente ya había desconocido resoluciones emanadas del Congreso del Frente; fue el gran antecedente. “Que empiece la justicia”, que siga la poquita caridad. “La coyunda del Fondo Monetario Internacional”, panacea. “La patria grande de la unidad latinoamericana”, Uribe en la OEA y en el BID. “La segunda independencia”, las maniobras Unitas. “El pueblo movilizado”, volvé dentro de tres años que hay campaña electoral. “Artigas volverá”, volverá a esperar otra oportunidad en otro siglo. “El neoliberal Ignacio de Posadas”, un maestro.“Un canal del estado competitivo”, minga.“Telesur”, ¿? “El hombre nuevo”, Gonzalo Fernández.El amigo del “gobierno obrero y popular”, Damiani. Más poderoso que el “poder popular”, cualquiera y que Fasano solo Dios. La victoria final de Dios sobre el infiel “Estado laico uruguayo”, el monumento al Papa en Boulevard. ¿Quién nos iba a decir que el “gobierno frenteamplista” era esto? Pero de algún modo comprensible por este entorno político, Astori sigue siendo en economía el mal menor. Habíamos perdido siempre. Pero nunca tanto ni tan impotentemente y en este panorama sería un disparate llevar una política económica menos acertada que la de Astori. Otro Uruguay era posible. Un Uruguay mejor, se suponía. Pero también es posible un Uruguay peor. El pueblo no esperaba que el gobierno frenteamplista descabezase de un decreto los mandos factiblemente golpistas que siguen argumentando que salvaron el país con la dictadura y que se declaran dispuestos a volver a salvarlo en cuanto el rumbo que tome la democracia no les guste demasiado. Tampoco esperaba que este gobierno terminase con la indigencia de la noche a la mañana o liquidase enseguida el insoportable drama carcelario y de inseguridad pública que heredó. Esperaba sí que no empeorase las cosas, que no robase o al menos, que robase sin agraviar y, sobre todo, que expresase una subjetividad distinta. Pero el gobierno se ha dedicado al arrasamiento de todos los valores políticos de izquierda. No ha dejado ni uno vivo. Así que no queda otro remedio que adaptarse a la subjetividad mesocrática y procurar en este marco ser los menos malos. Se pudo haber mejorado bastante cuando el pueblo estaba en escena. Porque las instituciones de la democracia formal o se activan por la presión del movimiento social o como elementos transformadores no sirven para nada. Por eso muchas de las cosas que no hicimos en los primeros meses, los del entusiasmo y la participación, ya no podemos hacerlas ahora y difícilmente después, con la lógica de haber aceptado el alquiler del Estado sin poder cambiarle nada, aparte del color de las cortinas. Ahora, que este gobierno sea una demostración contundente de que el ideario de izquierda era una utopía irrelevante o que, en cambio, sea un gobierno de transición a un intento de cambio, dependerá de lo que hagan las intendencias frenteamplistas, de algún enojo de Rossi, de la soltura de Bonomi que no parece como los demás tan temeroso de equivocarse, del referente Chiflet, el único que sigue pensando que el papel de los representantes del pueblo es hacer bien las cosas y decirlas bien dichas y no callarse la boca para no meter más la pata como dictaminan los asesores de imagen y, muy especialmente, del único compañero del Plenario Frenteamplista que no nos traicionó, aquel que (algún día se sabrá el nombre de la indignación) nos permitió conocer el pensamiento cotidiano de Bayardi, para que pudiéramos comprobar en la serena conferencia de prensa del Viceministro de Defensa que se ratificaba. Porque éramos nosotros los compañeros a quienes debían fidelidad (“transparencia”, “soberanía popular”). La izquierda uruguaya ha caído en una profunda crisis de credibilidad y tampoco se resuelve con la hipocresía del doble discurso y doble rasero de Brecha. La verdad nunca es abstracta, siempre es concreta. Miente la Vertiente Artiguista cuando enuncia sus principios. La verdad es que apoya cualquier cosa que no le perjudique en la interna frenteamplista. Esa es la razón fundamental de que en el simple juego de las instituciones partidarias ni la más mínima transformación esté garantizada. Los cambios son imposibles a causa del filibusterismo político constante. LA ONDA® DIGITAL |
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