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De lo difícil que es intentar Para muchos era algo automático el ascenso al gobierno de Tabaré Vázquez y la solución definitiva para temas que se vienen arrastrando desde la vuelta a la democracia. También las expectativas creadas incluían la solución a todos mis problemas personales en el corto plazo, y la visualización del rumbo prístino, claro, unívoco, de todos los llamados a gobernar. Pero un partido según las reglas de la Corte Electoral, un movimiento de grupos según sostienen otros, y una añeja coalición en la que se abandonan utopías hoy para abordarlas más adelante, no hace maravillas. Ha tenido la fortuna que la oposición es disímil en sus ideas también, no tiene un camino alternativo al del partido gobernante, es capaz de pelearse hasta el agotamiento y no ha propuesto casi nada en un Parlamento que tiene mayorías parlamentarias afirmadas a partir del apoyo ciudadano directo del 31 de octubre del 2004. Quien no ha tenido dicha fortuna es el país. Un día sí y otro también se critica al gobierno por lo que hace y por lo que deja de hacer. Porque va el Presidente y siete ministros a mostrar a Europa que el país no es hoy el de hace un año, se critica el gasto en que se incurre. No se piensa si eso es bueno o malo en cuanto conseguir negocios, abrir nuevos mercados o atraer turismo. En el momento que aparece de nuevo y muy cerca un foco de aftosa –Matto Grosso del Sur- uno piensa que es bueno que se explique por el Ministro de Ganadería que Uruguay está cerca pero no es lo mismo, y que hay que pensar que las ventas posibles al exterior no deben ser afectadas por tal hecho. Es bueno que vaya el Ministro de Turismo y comente que Uruguay es un país con playas como no hay en otras partes y una temperatura ideal para que sea visitado cuando el crudo invierno se cierne sobre Europa. Y así podríamos seguir ministro por ministro explicando las ventajas y las necesidades que tiene el país de compromisos, ayudas, y comercio recíproco. ¿Cuánto cuesta todo esto?. Se maneja que unos cincuenta mil dólares, mucho para un ser humano trabajador, nada para un país que se quiere mostrar y necesita de inversiones de todas partes. Y más cuando esa parte que se visita no es la que nos favorece más en el intercambio comercial. Vázquez se reunió con Rodríguez Zapatero interesándose por los uruguayos que siguen con problemas de documentación, ya que España no quiere aceptar la vigencia del Tratado de 1870 vigente. Pero también trató el tema de las plantas de celulosa y consiguió ya el apoyo de ese país en la disputa que está poniendo un paño frío a las relaciones con Argentina por el tema, que también afecta la llegada de turistas al Uruguay por el cierre de carreteras que hacen los partidarios de la no instalación de las fábricas, tanto argentinos como uruguayos. Esa idea de cerrar hasta el ingreso al Río Uruguay a la altura de la Martín García porque esas aguas son argentinas, que nos retrotraen a la época de la Guerra Grande y nos recuerdan la Vuelta de Obligado, además de insólita e inconveniente, se saltea que si el río hay que defenderlo porque los dos países tienen una Comisión que lo administra, es lo mismo que cualquiera de ambos se atribuya las posibilidades de actuar sobre él sin pedir permiso. Cuando se habla de las plantas de celulosa y se dice que la tecnología que se usará en el 2007 será la misma que exigirá Europa ese año para autorizar el funcionamiento en ese continente, y eso no es oído o entendido por Argentina, o falta comunicación de las Cancillerías, o nunca se le intentó explicar o la explicación adolece de fallas que Uruguay no quiere aceptar, o los otros son sordos y en lo único que piensan es que ellos son los mejores de por acá. Se me dirá que es lógico que Rodríguez Zapatero se preocupe por la inversión de las plantas de celulosa porque hay capitales españoles en esa área. Pero como lo que intentará hacer es acercar a los dos países rioplatenses, dejemos que actúe y luego atribuyamos intenciones politiqueras que no políticas. Todo esto en un marco en el que muchos votantes del Frente Amplio de todas las horas ven como no se cumplen uno tras otro postulados que se levantaron en 1971 y que hoy son dejados sistemáticamente de lado. Porque se cambió de opinión y porque el mundo cambió. Para algunos es bueno recordarles que en 1989 cayó el Muro de Berlín, desapareció el Socialismo Real y se hizo fuerte un capitalismo que el Papa Juan Pablo II no dejó de tildar de salvaje. Y para muchos no fue en verdad un Papa progresista, por cierto. Faltan muy pocos días para que se cumpla un año del triunfo del EP-FA-NM y el viernes era posible leer en el Diario El País algunas reflexiones del ex Ministro de Educación y Cultura –aunque él aceptase mientras lo fue que una de las dos denominaciones no le correspondían- Dr. Leonardo Guzmán. El ex Director de El Día en los años de plomo sostiene “que la ciudadanía se pregunta a donde nos lleva el Gobierno y adonde va el Uruguay”. Es más, dice “...resulta razonable dedicarnos a contemplar, describir, analizar y preguntarnos. Pero bajo la apariencia benigna de esa postura, arriesgamos regresar al hábito de recibir datos y armar pronósticos, convirtiéndonos en comentaristas en vez de protagonistas de nuestro destino. Y eso es grave, porque "co-mentar" es andar mentando temas con los otros y, en cambio ser "proto" "agonista" es ser primer combatiente o luchador de delantera”. Y le parece que “...entreverado eso con la pereza mental y la pérdida de interés diacrítico por la lectura, hemos vuelto al punto de partida de las meditaciones sobre el papel de la formación personal y la educación cívica. Por inopia, estamos llamados de nuevo a la fragua de los temas de fondo que apasionaron a figuras tan diversas como José Pedro Varela, José Enrique Rodó, Juan Zorrilla de San Martín, Carlos Vaz Ferreira, Emilio Oribe, Carlos Benvenuto o Reina Reyes. Por ello para Guzmán: “La cuestión no se resuelve mediante cálculos electorales sino a través de una asunción firme de los deberes de cada uno en su esfera de acción. Hemos de construir los mejores tiempos cuando dejemos de preguntar a dónde nos lleva el gobierno y a dónde va el Uruguay y nos contestemos a dónde quiere ir cada uno y cuánta voluntad ha de colocar al servicio de las metas que abracemos con ganas. ¿Decisiones que no están al alcance de quienes subviven encerrados en bolsones de miseria e ineducación? Claro que sí, y duele en el alma que así ocurra a principios del siglo XXI. Pero eso no se arregla si bajamos los brazos quienes algo sabemos y podemos sino, al revés, alzándolos, para luchar más por los demás que por nosotros mismos”. Si yo hubiese sido Ministro de Educación no me gustaría tener que aceptar que mi obra no sirvió para que la gente se interesara en la lectura, y además podríamos discutir si son esos los nombres de quienes forjaron lo que es el Uruguay del 2005. Desde un rincón de comentario no podemos menos que decir que son al menos infelices las declaraciones del Doctor, porque uno puede ser protagonista además de comentarista o analista, y si bien estamos de acuerdo que los que podemos, debemos trabajar por los otros mucho más que por nosotros mismos, no es porque sepamos más, sino porque tenemos las posibilidades además de la obligación de hacerlo. Y esto que dice en su nota el ex ministro es como la confesión de culpa de su inacción gubernamental, por ser parte de determinado gobierno o por ineficacia personal. Resumiendo: el Uruguay de principios del Siglo XXI presenta problemas y dificultades que nadie soñaba hace 34 años. Ha traído alianzas, acuerdos y caminos que nadie se imaginaba en aquel momento, y en especial ha dejado a muchos con la cara violeta y la lengua afuera como bien escribía Raúl Legnani en La Onda 257. Pero de repente eso no es tan malo. Lo malo es que no se diga lo que pasa si es que algo ocurre, o que se informe tarde y mal o que se descubra que ciertas formas de intentar medir el sentir de la opinión Pública, como las encuesta On – Line no lo hacen porque no son científicas y para ello no sirven, sean saboteadas o no por la intervención de gente interesada en torcer resultados. Ni tanto ni tan poco. Van siete meses de gobierno y ahora hay un Presupuesto que va a regir como se hace el gasto estatal. También hay cuestionamientos del Tribunal de Cuentas –mal integrado según la realidad electoral- pero legalmente constituido que cuestiona decisiones gubernamentales que favorecen a determinados grupos económicos, y que retrotraen la discusión a cómo fue el financiamiento de los partidos en la campaña electoral. ¿Es solamente cuestión de abrir mentes, o de cambiar la forma de cambiar?. ¿Es que hay que explicar mejor?. ¿Cómo se logra?. ¿Por qué fallan los que tan bien dirigieron la comunicación en una campaña electoral impecable?. ¿Son ellos los que fallan o la realidad es más tozuda y tiene su propio rumbo y fuerza?. LA ONDA® DIGITAL |
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