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No me dejes en la tierra Por H. Valle
Intimista. El escritor uruguayo Rubén Loza Aguerrebere vuelve, a lo largo de la veintena de cuentos que componen esta obra, a obsequiarnos un fresco de una época que espacialmente la podemos ubicar a ambas márgenes del Río de la Plata así como en los cambios de escenarios, generalmente en clave europea, que la misma presenta sin que por ello resulten disonantes y menos aun atenten contra el conjunto que este hombre versado en letras nos ofrece con acierto.
Hablo, pues, tanto de una visita al ayer, de vez en vez más o menos distante, cuanto a un hoy armónicamente balanceado con aquel al unir las expresiones de una sociedad con las singularidades propias de las vidas de hombres y mujeres que al visitarlas, recordándolas, vuelven en el presente a dar testimonio de un modo de ser que solemos no percibir en todos sus matices. Loza, en este sentido, los expone para que seamos nosotros quienes, en la recreación propia que cada lector da a la obra que avanza frente a su mirada, quiera y pueda dar.
Les confieso que en no pocas ocasiones me sorprendí a mí mismo con el libro abierto en mis manos y los ojos vueltos hacia el azul del cielo más allá del ventanal de mi living. Y es que siendo como es la presente una obra amena que permite uno descanse su mente y abreve en las bondades de una recordación de aspectos y momentos caros a todos. Hablo de los recuerdos, del viajar a través del tiempo en aras de retomar contacto con tesoros que si bien no están perdidos en todos los casos al menos, confesémoslo, pocas veces visitamos en nuestra vasta memoria.
Pese a este aspecto central, Loza ofrece de la mano del recuerdo una elegante invitación a meditar, sin prisas y sin culpas, sobre cuestiones caras a lo humano que el hombre tiene, o suponemos debiera tener.
Una cuidada edición que si no fuera por la no completa tarea realizada por su corrector, que a veces deja escapar errores de digitación, favorece su lectura lo largo de sus 239 páginas, tanto por su formato cuanto por un tipo de letra y tamaño que todos agradecemos.
En el debe, el no poder seguir algunas de sus narraciones que bien podrían merecer una mayor profundización pero esto claro está forma parte del oficio del buen escritor cual es el de dejar un sabor a poco en el gusto del lector ante una pieza bien lograda.
Adendum
Si se allega
hasta la librería Tierra de Libros, ubicada en la
montevideana calle Aquiles Lanza 1321 bis, habrá de
hallar a poco que transite hacia el fondo y a su izquierda, la
sección dedicada a literatura uruguaya, de la cual extrajimos el
hoy comentado libro. Pero si seguidamente, por poner un ejemplo,
se permite girar hacia su derecha, verá la sección sobre arte
donde podrá hallar, en un breve y sugerente espacio, obras de
inapreciable valor.
¿Cómo agradecerlo? Continuando usted como yo, y por suerte muchos otros y otras, en esta amable porfía del leer y degustar las obras que el intelecto como el corazón humano van dejando tras de sí y que las buenas casas, como nuestra librería y hasta por qué no su propia y personal biblioteca, se permiten acopiar para mejor gloria del hombre y la mujer libre. Porque leer, recordémoslo, es un acto de fe racional. LA ONDA® DIGITAL |
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