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¿Qué Uruguay nos merecemos?
Crítica al Ministro D. Astori

por Héctor Valle

A un año del triunfo electoral del Frente Amplio-Encuentro Progresista –Nueva Mayoría, cuando dijera que el país sufría de una inflación en dólares del 10 por ciento, y a ocho meses de instalado el gobierno, momento en el cual, días más, días menos, dijera que en realidad el país, con nuevos datos a su alcance, sufría una inflación en dólares del entorno del 14 por ciento, el aun hoy Ministro de Economía del Uruguay, Danilo Astori, ha ingresado en la idealidad de los economicistas. Números que él dice están bien, en armonía con los cometidos pensados, y otros dicen que no, pero antes que los números es bueno visitar la política que genera, mantiene o enerva tales resultados.

Es así que munido de buenos datos en la macroeconomía y con perspectivas, heredadas, pero ciertamente bien trabajadas por este gobierno, no por su persona sino por el Presidente de la República y su primer entorno, de inversiones a todas luces trascendentes para el país, el Ministro de Economía cree haber logrado el desideratum y ser el artífice de la transformación del Uruguay del siglo XXI.

Sólo que le faltó sumar a su felicidad la de casi tres millones de uruguayos junto con el fiel cumplimiento del mandato del soberano, cual fue y sigue siéndolo, la aspiración a un cambio en el sentido de lo humano, en el respeto para con el otro, en la generación mismas de instancias reales donde el ciudadano siga siéndolo o comience a serlo si hasta ayer era meramente un número, un producto, un “consumidor” y, los otros, los desclasados, los “fuera del mercado”, los llamados “distorsiones del mercado”. No, señor, usted no cumplió ni cumple con el mandato del soberano, por más empeño, seriedad y academicismo.

El soberano se pronunció y su pronunciamiento no merece segundas ni terceras lecturas. Máxime cuando se expresó en base a un supuesto programa a una supuesta contingencia de cambio real donde la subjetividad estaba dada, y considero sigue estándolo, marcadamente por, repito, la consideración del otro, el respeto para con nuestros semejantes y la oportunidad que todos, TODOS merecen tener, y no tan sólo los inversores extranjeros que vienen, dejan algo y producen mucho en zona franca.


El jerarca aquí cuestionado, por más bien intencionado que esté, olvida, o pretende olvidar, la falta alarmante de una política productiva en el país, la grave deuda interna del Estado con sus proveedores que en vez de sufrir una caída sensible, se ha incrementado desde que él asumiera la conducción de la cosa, la disparidad, que él niega, con países como la Argentina, agravando lo que seguramente de seguir esta tendencia irreal de sobrevaluar una moneda –una de las cinco o seis más sobrevaluadas del mundo en los últimos tiempos- a los límites que sólo él cree merece ser llevada.

Una moneda que sustenta su sobrevaloración en una expansión abrupta y grosera de la deuda externa del Uruguay, con un nivel de endeudamiento interno por demás llamativo, con un aparato productivo –lo que queda de él que es bien poco, en término de producción con valor agregado y generación de estímulo a la creación de regeneración de microemprendimientos, aquel tipo de empresa consustanciada con el Uruguay real.

En suma, el señor Astori ha despegado del Uruguay profundo y viaja feliz y realizado al país de Nuncajamás.

Y da pena decirlo, porque a todos debiera apenarnos, en cuanto a sentirnos corresponsables de su suerte, la gente de a pie que sufre profundamente la irrealidad del jerarca en cuestión que por más bien intencionado que esté, extremo que no dudo ni por un instante, ha caído en un dogmatismo severo que hace que su gestión se despegue cada día más de la mirada que todo político debe tener de la gente: esto es, desde el llano, no por nivel de zócalo sino por tener los pies en la tierra cuando se mira hacia un horizonte lejano, vasto, pero con la suficiente cuota de racionalidad y humanismo que hoy parece, y digo parece porque aun me resisto a creer le sea refractaria, para ejercer la función pública con esa cuota de humanismo de la que sólo carecen los parias de las élites que asolan la región con sus recetas supuestamente ortodoxas.

¿Y cuáles son esas recetas? No las de un ministro de un país casi inexistente comercialmente en el concierto no digo internacional sino regional merced a una producción residual a todas luces y que igualmente se atreve a sobrevaluar la nada de su moneda que es, eso sí lo es y lo defiendo: un valor testimonial de un pueblo con decencia y apego a su identidad y trascendencia como comunidad?

Las recetas de aquellos parias, como bien los denominara el recordado escritor norteamericano Christopher Lasch, son, por ejemplo, éstas que a continuación detallo:

- Abatir la cotización local de la moneda norteamericana;
- Sobrevaluar las monedas locales;
- Bajar o eliminar las barreras arancelarias de nuestros países;
- Exportar a nuestros países por aquellos otros que sí pagan las cuentas y los antojos de aquellos parias, trayendo productos ya descontinuados en origen;
- Con ello, obviamente, se destruye los aparatos productivos de nuestros países y se inhibe de que emergen otras producciones que resulten o puedan llegar a resultar molestas a los intereses de sus mandatarios;
- hacer un culto de cierto tipo de arreglos en los pagos de los servicios de la deuda –léase imposición de recetas-, mientras se desconoce la capacidad del país para generar sus propios mecanismos de salida.

Y usted señor Astori me dirá con toda razón: ¿Esta situación la generé yo? Por cierto que no, pues la rapacidad de las anteriores administraciones, ha llevado al país al caos, ha dejado de rodillas a una nación que fue violentamente saqueada, arrasada, escamoteada por unas langostas inmorales y estructuralmente hambrientas –de aquel hambre que nace desde pequeño ante la falta de estímulos adecuados en el seno materno- pero convengamos, señor, que usted nada ha hecho por variar tal situación.

La ha extralimitado. Ciertamente no dudo que su intención haya sido y sea bien intencionada pero su resultado práctico, incluso el dogmatismo economicista que sobrevuela en su andar, da cuenta de un alejamiento progresivo y sustantivo con la política de un gobierno progresista que centra su acción, convengamos una vez más, en la reactivación productiva de una NACIÓN y no, o no tan solo, de un conglomerado de empresas.

Que centra su acción en la generación de empleos, y no tan solo de empleos desde emprendimientos localizados en zonas francas, sino de empleos de empresas realmente nacionales es decir, aunque extranjeras, que bienvenidas sean, de empresas instaladas en nuestro medio y que aporten, tributen como todo emprendimiento local con un resultado social a todas luces superior, si bien no reniego de los polos productivos en zonas francas, pero no podemos quedar supeditados TAN SOLO a las zonas francas.

Inversiones macros, bienvenidas, pero bienvenidas también las ideas de reactivación social que, por ejemplo, vean surgir emprendimientos sean cooperativos como otros que amplíen la base humana de su generación, tanto de empleo como de nutrientes en capacitación a más gentes, de la tantísima y bien calificada que hay aun hoy desocupada.

Ciertamente, señor Astori, usted no es el villano de la película, sin duda no lo es, hay otros actores que solamente discursean pero nada hacen, por ejemplo no radicando, como efectivamente debieran, teniendo la posibilidad instrumental de hacerlo, a nuestras gentes en tierras hoy improductivas. Y que no estén pendientes únicamente del endeudamiento interno, no esas gentes que hoy viven desoladas ante la falta tanto de pan como de perspectivas sino de unos pocos interesados en el mundillo del hoy debo tres mañana debo seis y pasado viajo a descansar.

Todos sabemos que el endeudamiento ha sido el gran “generador” de “empresarios” en el Uruguay. Vamos a decir las cosas por su nombre: en el Uruguay por muchísimos años hubo dueños de empresas pero pocos empresarios porque el negocio era deber tanto al Estado como a la banca privada que a la postre enjugaba una y otra vez, por el “interés de la plaza por su reconocida seriedad”. Y pagaba el pueblo, como pago, incluso, en el descalabro, en el mayor robo y desaguisado de la historia uruguaya.

Porque la historia, remarco otra vez, la triste historia del endeudamiento interno del país, ha sido a lo largo de su vida, que no es poca, a que algunas personas ayer debieran mucho, teniendo una estancia, como reza en dicho popular, al otro día debieran más y ya tenían dos estancias, y hoy deban muchísimo más y ya tienen tres estancias y casa en la laguna...

Y esa historia no es, lo admito, responsabilidad suya. Al contrario, usted busca salir de ella, solamente que discrepamos en los métodos y en los alcances, señor.

Porque falta osadía y compromiso social, señor Astori. Y no digo que usted no la tenga, pero al menos permítame manifestarle que falta EN EL SENTIDO HUMANISTA de tal idea, en el arrojo que un hombre político, porque un Ministro no es un técnico sino un político al comando de una acción política concertada a un fin sociopolítico que, en su caso, revista de una técnica, la económica, para lograr su fin.

El Uruguay debe desprenderse antes del mal llamado neoliberalismo porque en realidad fue una seudo ideología al servicio de una banda de delincuentes que asolaron a la América Latina por más de dos decenios, apoyados supuestamente en el liberalismo cuando en verdad lo que hicieron fue llevar por vía de un economicismo a ultranza la peor de las versiones fascistas de la historia de nuestro continente, endeudando a nuestros país a niveles absolutamente irracionales.

Nada digo de su apego al cumplimiento de los compromisos ni al apego a una sana administración, por el contrario, en tales cuestiones, señor Ministro, usted es ejemplo correcto y estimulante. Menos voy a valerme de cuánto, y por cierto que no poco, debió usted, o el comando de la Economía del país, endeudar de más al Uruguay en los meses que lleva este gobierno porque, obviamente, debía atender de alguna manera los compromisos de deuda, tanto externa cuanto interna, que la espasmódica administración anterior dejó tras de sí, en tanto el Uruguay también tuvo tanto desde el 2002 cuanto hasta el último semestre del 2004 su Katrina en endeudamiento público y privado. Nada de ello diré es de su exclusiva responsabilidad porque sería tan injusto como mentiroso el hacerlo.

Pero señor, permítame significarle, muy modestamente y como ciudadano, usted debiera considerar en su viaje al país de Nuncajamás si conviene, a los superiores intereses de la Nación que es, recordémoslo la totalidad de sus miembros, intereses, digo, que deben ser entendidos como el resultado de llevar mayor bienestar, o en muchos casos algún tipo de bienestar, a nuestros ciudadanos y ciudadanas de a pie, si vale siga ocupando la Cartera o debiera renunciar.

Estimado señor, yo estimo que usted debe dar un paso al costado y sumar su esfuerzo desde el Senado ya con otra proyección donde ciertamente su concurso será de inapreciable valor. Digo esto desprendido de cualquier sombra de ironía.

Para ello ejerzo mi derecho como ciudadano a manifestarme y en todo lo dicho está dado el respeto que tanto usted me merece como par, bien como el que me debo a mí mismo en ser leal a mis principios y a mi gente, entendida ésta no sólo por mi familia sino por las gentes que componen nuestra comunidad.

El Uruguay merece darse una oportunidad de progresar como Nación desde la generación de polos productivos que cobren vida a partir de nuestros microemprendimientos. Por tanto, con un contenido social que debe primar, a mi criterio, claro está, en la óptica del hombre público como del hombre común puesto que usted y yo, señor, apenas nos diferenciamos por la función, nunca por la responsabilidad social que nos es común en tanto ciudadanos de una república soberana y democrática.

Para tal extremo, para que tanto usted como yo seamos corresponsables, el otro debe ser escuchado y el dogmatismo de uno apagado en beneficio de la escucha del otro. Modestia pues, elemental que hoy parece escapar a la cosa pública y que es necesario pensar no cómo responder denostando sino cómo dar posibilidades a que tal escucha cobre fuerza y tenga sentido en un proyecto común, creando bases para un plan maestro que tan urgente es su elaboración como necesario se haga desde una base tan amplia como sólida sin perderse, no otra vez, en disquisiciones vanas. Pero la oportunidad al pueblo debe dársele. Siempre.

Y tal posibilidad, señor Astori, con usted no es viable.

El Uruguay, además de megaresultados que obviamente vendrán porque así fueron acordados, en su mayoría, hace ya mucho tiempo, y que ahora han arribado a estadios cercanos a su concreción, junto con el arribo de otros que sumarán volumen.

Pero volumen no es calidad, no es, en todo caso, calidad para nuestra gente de a pie, no siempre, convengamos.

Si ello es bueno nada obsta a buscar lo que hasta hoy no se busca, repito no sólo desde su cartera, porque usted no fue y no es el “malo de la película”. No se ha buscado desde el sentido mismo de la producción nacional que repito se basa en las MIPES antes que las PYMES.

Y para ello se necesita otro grado de compromiso, no digo mejor, señor, pero sí otro compromiso societal del cual usted ha dado pruebas de carecer. Que esto no es ni pretende ser descalificativo para con usted, pero esencialmente anula toda gestión porque quien base su acción en lo mega y olvida lo micro, olvida, sin quererlo muchas veces, a la propia gente.

No sería mala idea el instalar una oficina que trate de las megainversiones, en cuanto a la relación, en su justo lobby con las mismas, de cara a un diálogo fecundo entre gobierno y megaempresa, pero no todo puede estar basado en la relación con aquellas. La Cartera de Economía dice relación a toda una vasta y compleja gama de relaciones que no deben descuidarse y en muchos casos ciertamente incrementarse vista la dispersión de esfuerzos en no pocos casos así como la ausencia de acciones en otros tantos.

El Uruguay, repito una vez más, necesita y recibe con beneplácito las mega inversiones, pero necesita, imperiosamente, crear, generar, buscar, fomentar, idealizar –en el sentido de propender a la búsqueda de proyectos productivos sustentables en la práctica comarcal y regional, esencialmente, microemprendimientos, asociaciones de microempresas bien como fomentar ese capital altísimo que tiene el país y se llama cooperativismo.

Y esto debe centrar el interés y la agenda del Uruguay.

Decían nuestros maestros hace ya una punta de años que si educamos para el presente estaremos haciéndolo para un pasado que no volverá. Y educar en el sentido de publicitar, estáticamente, la llegada de megainversiones, que en no pocos casos, parte de su actividad estará localizada en zonas francas o sea en territorio donde no se tributa como a la vuelta de su casa, publicitar esto como la panacea es escapar a la realidad. Porque una cosa son los grandes números y otra muy distinta el ingresar a su desglose en cuanto al retorno efectivo que a la sociedad dejan tales inversiones.

Por ello la necesidad de complementarlas con otros proyectos, para que el mañana también esté en la base educacional de la República, en su idealidad, en su permanente búsqueda desde una praxis que se retroalimente con la teoría o sea, ejerciendo dialécticamente el poder en el tuteo con las bases, con un contenido social del que hoy se carece.

Tenemos a muchísima gente parada, de cuya inactividad el hoy Ministro no es el culpable, y no el único responsable, sino que usted y yo somos también, corresponsables.

Humildad republicana, seriedad no tan solo gestual sino comportamental entendida esta como el trabajo mancomunado de equipos con un plan maestro de acción estratégica nacional, luego por regiones, por áreas de actividad, por franjas etáreas, con un objetivo principal, el Uruguay productivo, desde sus objetivos específicos, a los que se arribará por el logro de metas en el corto plazo, producto de las actividades ideadas y efectivizadas, estratégicamente, por los grupos y subgrupos actuales del plan maestro.

Ese plan maestro hoy no existe. Y debe existir. Es imperioso se piense, vertebre y efectivice. De eso se trata y no apenas de una efectividad mediática que es interesante pero si es tan solo ella la vedette, pasa a ser banal, insustancial, pobre de toda pobreza.

Uruguay merece una oportunidad. Y la tendrá.

Y todos, absolutamente todos, debemos vivir en este aquí y en este ahora. Por eso el citar al país de Nuncajamás, no por mostrar una pluma cargada de veneno en un aparente vuelo literario y cínico, sino como la visualización, desde mi personal perspectiva, claro está, del despegue de un hombre común, en un vuelo dogmático, de la realidad social de un país, no de sus macronúmeros sino de sus gentes.

Porque un país no es un número y tampoco una sumatoria de números. Un país es en el uno a uno de su gente, es decir en la interrelación del yo y el tú, y así sucesivamente, una red humana con sentido e identidad, abierta, como el Uruguay lo es y lo está, al mundo y al sentido del hombre en esta vida.

En todo caso, el Uruguay merece debatir, no dogmáticamente, una solución, para ello necesita de gente con altura y humildad republicana desde la función pública. La hay, pero es poca o irrelevante su efectividad mientras se mantenga una praxis que día a día se aleja del pueblo y viaja rumbo a Nuncajamás.

hectorvalle@adinet.com.uy

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