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Venezuela lo hizo
por Cristovam Buarque
Caracas no tiene muchos
puntos turísticos, pero si un visitante escribe el nombre de uno de
ellos y muestra a cualquier persona en la calle, ella sabrá leerlo.
Venezuela es un territorio libre de analfabetismo. Este es, hoy, su
mayor monumento a la historia.
Hace tres años, Venezuela tenía 1 millón y medio de adultos analfabetos.
Cuando el Gobierno inició la operación para eliminar el analfabetismo,
pocos creían en aquella meta. El Presidente Chávez lanzó la Operación
Robinson I, bajo la coordinación del ministro Aristóbulo Istúriz. Las
Fuerzas Armadas lanzaron el programa piloto en dos ciudades, para
mostrar que la meta era posible.
Confirmado el éxito, la operación fue llevada al resto del país.
Millares de sus representantes visitaran cada casa. El eslogan “¡Yo, sí,
puedo!” movilizó a todos los venezolanos. Al poco tiempo, cada ciudad
levantó una bandera declarándose “Territorio Libre de Analfabetismo”. El
pasado 28 de octubre, el país se declaró Territorio Libre de
Analfabetismo con el aval de la UNESCO.
Tuve la honra de ser invitado para la celebración. En una tocante
solemnidad en la Asamblea Nacional, oí hablar emocionada a una recién
alfabetizada. El presidente del Congreso, con la presencia de una
representante de la UNESCO, firmó un Acto Congresional, declarando a
Venezuela Territorio Libre de Analfabetismo. Por la tarde, esa
Declaración fue entregada al Presidente Chávez, delante de millares de
alfabetizadores y recién alfabetizados.
El pueblo en las calles conmemoró orgulloso.
Después de este 28 de octubre, Venezuela nunca más será la misma. Es
como si un país, que desde hace cien años abre pozos de petróleo,
abriera el pozo de una energía mucho más poderosa –la capacidad
intelectual de su pueblo.
Se considera libre de analfabetismo el país con más del 95 por ciento de
sus adultos letrados. En Venezuela, ellos son el 99 por ciento. Pasaron
con éxito por el programa 1 millón 400 mil de jóvenes y adultos, de
todas las edades, portadores de deficiencias, presos, enfermos. Cada
alfabetizador recibe, en el día de su graduación, una colección de
libros sencillos de lectura, clásicos de la literatura, y es inscrito en
la Fase II del programa, hasta su conclusión en la 4ª serie. El propio
Presidente cita libros y recomienda lecturas en sus discursos.
Ser testigo de un país que se declara libre de analfabetismo es como el
asistir a su Declaración de Independencia. Ver la enorme bandera –
Territorio Libre de Analfabetismo- era como ver la verdadera bandera de
Venezuela sólo ahora flameando en la cima del mástil. En el Brasil, esto
sería aun más emocionante, porque nuestra bandera sólo es reconocida por
los alfabetizados. Además de colores, tiene palabras.
Por eso, para un brasileño, la alegría de asistir al éxito venezolano
conlleva el entristecerse un poco. Porque si el Programa Brasil
Alfabetizado se hubiese mantenido en los moldes del 2003, con una
Secretaría específica para el asunto (nuestra operación Robinson) y
recursos asegurados, el Brasil estaría pronto para erradicar el
analfabetismo antes del final de 2006. Es inexplicable que el Presidente
Lula haya preferido extinguir la Secretaría para la Erradicación del
Analfabetismo, reducir al Brasil Alfabetizado a un programa sin metas ni
ambiciones, y llegar al 10 de octubre de 2005 habiendo aplicado el 10,5
por ciento de los recursos previstos para este año.
En septiembre de 2003, el Presidente Lula recibió en el Teatro Cláudio
Santoro, en Brasília, un premio de la UNESCO por el Brasil Alfabetizado.
En aquel momento, lo imaginé en el 2007 recibiendo el Nobel de la Paz
por haber erradicado el analfabetismo en el Brasil. Durante la
solemnidad en el Teatro Teresa Carreño, en Caracas, percibí que esa
chance está próxima del presidente Chávez.
Cristovam Buarque es
Profesor de la Universidad de Brasília, en Brasília, D.F. /
Brasil y Senador por el PDT/DF.
Traducido por
Héctor Valle con autorización
expresa de su autor para La ONDA digital. LA
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