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Luego de la IV Cumbre,
el denso bosque

por Jorge García Alberti

Culminada la etapa histórica de la llamada Guerra Fría, que dividió al mundo en dos polos ideológicamente opuestos, los países parecen encaminarse a la integración a través de bloques cuyos fines, ahora, pasan por objetivos económicos.

Así vemos el crecimiento de la Unión Europea, de los países asiáticos, China intenta liderar también un mercado común, Estados Unidos, además de continuar siendo por sí misma potencia mundial, también logra acuerdos parciales con países de la región que potencia el crecimiento y puede permitir ir corrigiendo los trágicos niveles de pobreza que afecta a cada uno de los países latinoamericanos.

En ese marco, si algo ha dejado demostrado la IV Cumbre de las Américas es la profunda división que existe en la región, que sigue retrasando la unidad del continente en tema fundamentales y, lo peor, es que cada uno de los países tiene parte de razón en sus planteos. Eso lleva a empantanar cualquier tipo de negociación y meter a los países en un denso bosque, donde, desde el punto de vista diplomático, es muy difícil ver la luz.

El objetivo inicial de esta cumbre era encontrar un camino común que permitiera a los países, en el mediano plazo, aumentar los niveles de empleo con el fin de bajar los vergonzosos niveles de pobreza en el que vive buena parte de la población.

Pero todo pareció centrarse en la discusión si ALCA ( Tratado de Libre Comercio de las Américas) sí o ALCA no. Estados Unidos, con el fuerte apoyo de México y Canadá, trató de acelerar las negociaciones intentando poner una fecha para su aprobación. Venezuela, en el polo opuesto, quiere enterrar esa iniciativa y ahora propone algo similar a la Alianza para el Progreso, que impulsó el Presidente de EE.UU , Robert Kennedy. Por su parte, los países del MERCOSUR creen que es conveniente esperar a lo que se resuelva en la ronda de la OMC ( Organización Mundial de Comercio) que tendrá lugar en Hong Kong, en poco más de un mes. Allí podrán abordarse los temas relacionados con los subsidios agrícolas de los países del norte, ( Unión Europea y el propio EE:UU) que afectan, directamente, las exportaciones de los productos de los socios.

Ahora abordemos por qué todos tienen parte de razón en tratar de imponer sus intereses, dejando un tanto de lado qué es lo más justo o injusto.
EE.UU, pese a que continúa siendo la potencia hegemónica, por diversos motivos, tanto internos como externos, comienza a vislumbrar que ese poder, muy lentamente, está sufriendo los primeros síntomas de debilidad y, si no se toman medidas, puede resquebrajarse.

Entonces, ahora, por su propio interés, necesita del continente unido para mantener su predominio y volver a hacerse fuerte. Comete, desde el punto de vista diplomático, varios errores. Entre ellos, querer imponer objetivos; no entender que América Latina no puede dejar aislada a Cuba, librada a su suerte o a la suerte que EE.UU quiere que corra. Por ejemplo, no está contemplada en el ALCA.

Venezuela, ayudada por su inmenso poder económico que le da la producción de petróleo y el espacio que dejó de ocupar Brasil a nivel continental, por los problemas internos que tiene el Presidente Luis Inacio “Lula” Da Silva, encabeza ahora el enfrentamiento a EE.UU. Y, desde el punto de vista social, los planteos que hace el Presidente Hugo Chávez, son atendibles y marcan la realidad que viven los pueblos.

Podrá llamársele populista o como se quiera, pero cada vez que hay una Cumbre, se convierte en el líder de la “ contra Cumbre”, donde participan los representantes de los pueblos, líderes sindicales y de los sectores más olvidados de la sociedad.

En medio de todo este panorama, aparece Uruguay, integrado al MERCOSUR, con una política que, por razones obvias no puede despegarse de sus socios mayores, Brasil y Argentina. Las circunstancias políticas internas de cada uno de los países no ha permitido que el bloque regional haya dado señales de grandes avances y de posiciones unificadas y sólidas, razón por la cual no lo hace un interlocutor válido ante el resto.

Se esperaba que ese rol, como potencia latinoamericana, lo cumpliera Brasil, encabezando a los países que proponen un cambio.

Por lo tanto, estamos ante una coyuntura histórica que encuentra a América, una vez más, dividida, con diferencias y desniveles muy marcados.
A nivel continental, no aparece el líder que permita acercar a las partes y eso debilita al conjunto.

Parece que estamos, entonces, ante la peor coyuntura.

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