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(ll) ¿Qué
Uruguay nos merecemos? Coherencia y responsabilidad. Coherencia con nuestros principios y responsabilidad ante la tarea que nos cabe como ciudadanos de una República tan libre como abierta a la consideración del otro. Uruguay ha sido, es y pretende serlo cada día más, un suelo y un cielo abiertos a la escucha del otro, al respeto por las ideas de todos en aras de un actual, personal y social, responsable y solidario. Tarea en la que está embarcado tanto el Gobierno de la Nación como cada uno de nosotros, ciudadanos que para serlo y no apenas parecerlo, debemos hablar tanto en el living de nuestras casas cuanto en todo espacio público donde nos permitamos compartir, en la misma fragua con los otros, la argamasa de una construcción societaria a todas luces necesitada de mayores espacios para que lo humano definitivamente se de en el hombre y deje ya esa cosificación necrofílica que fue, por ejemplo, expresada en las despiadadas recetas neoliberales que se implementaron en los últimos lustros tanto en nuestro país cuanto más en toda la región americana. Hablo de la Patria Grande. Amigos y amigas, hoy me toca darles las gracias, bien sea por la vasta y en todos los casos respetuosa comunicación que ustedes tuvieron a bien darse con nosotros, esto es, con La Onda digital y con el que escribe estas líneas, responsable del artículo primero de esta que será, hoy lo tengo en claro, una serie que tiene ante sí el hermoso horizonte de una Nación que busca resurgir, humanísticamente hablando, con fuerza, con vigor pero por sobre todo con sensibilidad social. Todos y cada uno de ustedes que habilitaron tal comunicación tienen, qué duda cabe, una parte, un aspecto de la razón superior que excede, vaya si lo hace, las pequeñas fronteras de mi intelecto y busca, una vez más proyectarse y proyectar el sentir de nuestra gente en un nuevo tiempo que, esto sí, todos queremos para esta Nación. Así, con este sentido, hoy obviaré ingresar no en una contienda sino en perfilar un pensamiento que si lo hiciera, y hablo de mis dichos para con la política, que no la persona, del señor Danilo Astori se refiere. Asimismo, les digo con igual respeto pero firmemente, que descreo de los números como potencias, como imágenes, como símbolos, que en un aspecto lo son pero que no por ello pasan de la categoría simbólica a la de fetiche, para necesariamente con los mismos, alumbrar mi pensamiento, esto es, el razonamiento sobre el que se basan mis dichos. Y es que la explicitación misma de mi pensar, lograda en una reflexión que confieso fue algo extensa, buscó dar una idea cabal del por qué de mis dichos sin que por ello debiera construir junto con mi argumentación un plan alternativo de país productivo, a pesar de haber delineado determinados perfiles o líneas posibles donde el Uruguay tiene mucho y muy bueno para dar. Hoy es hora de reflexión, hablo de mí reflexión y no de dogmatismo, del que descreo en todas sus manifestaciones. Debo sopesar muy bien varias de sus tantísimas respuestas a mis dichos porque en no pocas de ellas hay muy ricos conceptos que sólo voy a poder aquilatar cuando silencie mi ego y me permita en la soledad de mi consciencia, escuchar mejor el sentido que los anima. El Maestro Vaz Ferreira, al que trato en un ensayo que se publica en esta misma edición, decía que una democracia aunque imperfecta era lo mejor que el hombre podía darse en materia social y política. Resaltaba el Maestro que cuando se hablaba de un gobierno por ejemplo no se hablaba del Todo sino de la parte motivo de análisis. Por ello, en mí no encontrarán, al menos veladamente, crítica alguna dirigida al TODO del Gobierno de esta Nación, toda vez que creo dos cosas: 1 – que es tan innecesaria como irreal manifestar una crítica de tamaña extensión y gravedad; 2 – que no se compadece en lo más mínimo con la seriedad y el respeto en la pluralidad que este medio tiene para con todos ustedes, hablo evidentemente de La Onda Digital, y que no seré yo el primero en violentarlo; 3 – que tampoco es una crítica entre opuestos, es decir, entre partidos o partidarios de creencias político-partidarias opuestas, toda vez que mi pensar es, permítanme expresarlo así, tan autónomo como veta ácrata hay, que la hay, en la identidad del uruguayo; 4 – soy un libre pensador y no padezco lobotomía ideológica alguna, aunque sí cultivo una férrea, y frontal, crítica a toda expresión e intento de sujeción de una persona por otra, a la arbitrariedad y a la desconsideración de nuestros semejantes; 5 – considero que el Gobierno nacional y especialmente nuestro Presidente de la República está embarcado, y con él todos nosotros, en un tiempo en el cual todos, sin excepciones, debemos bregar porque la figura y la persona del Presidente prosperen en el plan maestro de reformar, recordando a Rodó, lo reformable en materia humanística y socioeconómica de todos nuestros habitantes a través de políticas públicas que traigan consigo, realmente, posibilidades de generación de proyectos productivos idóneos, creíbles y sustentables en la región y en el largo plazo. Cuando de un Secretario de Estado, en este caso de la Cartera de Economía y Finanzas, hablo de la filosofía que, creo yo, anima la mente del hombre que es el brazo ejecutor de la política económica en el país: el señor Danilo Astori. Nunca hablo ni hablaré, por ser territorio vedado a toda argumentación entre ciudadanos, de la persona. Luego, yo critico y criticaré, toda vez que halle base argumental y racional para ello, la política que implementa, por ejemplo, el señor Astori. Sí digo que en mi anterior nota cometí un error, y no menor: me excedí en el uso de la ironía y por ello me disculpo ante todos ustedes. Decía el alemán Rainer Maria Rilke que el exceso de ironía desvela el momento inarmónico que uno vive. Tal fue mi caso al hablar de Nuncajamás. Y lo siento. Volvamos a los números y a los datos: apenas aportaré uno y me expondré estoicamente al recibo de sus críticas y sépanlo, por favor, las recibiré y analizaré una a una, para responderlas grupalmente en próximas ediciones de La Onda digital. Al iniciar aquella nota no fue claro y ahora pretendo serlo: El señor Astori dijo en noviembre de 2004 que había una inflación en dólares del orden del 10 por ciento. Luego, en febrero del 2005, la ubicó en el 14 por ciento al poseer más información. Ahora bien, permítanme decirles que al cierre de septiembre de 2005, teníamos una inflación en dólares del orden del 21 por ciento. Voy a lo siguiente, mientras aguardo sus críticas para abundar a mi vez, en el análisis de mayores argumentos: aquí no se trata, no es mi caso, la defensa de alguna corporación, sea industriales, sean los exportadores, como otros. No. Aquí se trata, a mi entender, de qué tipo de economía queremos para un país que necesita indispensablemente no mejorar sino reformar su economía productiva. Porque el Uruguay, es bueno recordarlo, jugó a partir de la dictadura a la “patria financiera” y perdió groseramente, y qué duda cabe que perdimos y pagamos todos nosotros, es decir la ciudadana y el ciudadano de a pie, sin duda en el crack monstruoso por grosero, abusivo, depredador, rapaz, del año 2002. No queremos ni debemos volver a ello. No podemos creernos seriamente que este país tenga mérito para ser una de las seis monedas del mundo que más se ha sobrevaluado en los últimos 24 meses. ¿O sí? No, señoras y señores, no. Repito: Uruguay tiene en su estructura socioeconómica, un claro foco de expansión y constitución: la microempresa; la empresa con hasta cinco empleados. A esto es a lo que debemos focalizar el mayor esfuerzo. Por supuesto, lo mega es muy bien recibido, pero es una parte, no el todo. Es lo macro me dirán, sí lo es, pero en los grandes números están los grandes riesgos, en cambio en los supuestos pequeños números está la atomización misma del riesgo, que es, qué duda cabe, repito, la base del Uruguay, las MIPES. En fin, silencio mi voz y espero atentamente la escucha de lo que ustedes tengan a bien decir y argumentar. Esto recién empieza. Debemos hallar, entre todos, qué Uruguay nos merecemos. Y no callar, no hacer la fácil de dejar pasar y que se ocupe el otro. No. Todos somos corresponsables de esta empresa mayor. Gracias. De corazón se los digo.
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