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Los anticultura
de hoy.
Destruyen el jardín de la casa
de Juana de Ibarbourou. |
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Los anticultura de hoy
Pintor Freddy Sorribas |
Los anticultura de hoy
por el pintor Freddy Sorribas
Han aparecido militantes anti-anticultura.
Son aquellos que en el Uruguay de hoy no aceptan que todo sea
cultura. Por el contrario separan claramente lo que es cultura
de lo que es intentos de destrozar la cultura. Aunque se
presenten simulando ser cultura. Con el disfraz formal de
parecer actividades culturales.
Realmente, me parece muy
importante separar “la paja del trigo”.
Esther Bargueño, una profesora de
literatura en Montevideo (en una entrevista al diario “El
Observador” del 17/10/05) ante la pregunta “¿Qué opinión le
merece un universitario que queda en offside si le preguntan que
se celebra el 18 de Julio?”, contesta: “No me merece ninguna
opinión. Habría que preguntarse que situación lo genera. Es un
síntoma de cierta línea de valores en los que se trabaja debido
a la reforma de la educación. Esa reforma ha tenido efectos
siniestros. Está creando un caos en la recepción de estudiantes
en la universidad, lo digo desde allí. Pregunto, por ejemplo:
bueno ¿Qué quieren trabajar acá?, ¿Cortazar, García Márquez?, Y
me dicen: “yo leí Paulo Coelho”. La pauperización cultural es un
hecho, ni siquiera es discutible a nivel estadístico”.
Aquí en nuestra ciudad de Melo y
en nuestro departamento, las pautas anti-culturales de la
dictadura han estado presente estos últimos 32 años.
Una de las pautas implantadas es
la llamada “diversión”.
Atahualpa del Cioppo llamaba al
teatro: “escuela de humanización”.
Sobre el tema humanización Walt
Disney -dibujante, productor mundial de películas y funcionario
de la CIA estadounidense- opinaba lo contrario: “hay que
distraer al sujeto y hacerlo pensar en otra cosa”. Pero sobre
este tema de tanta relevancia, Glenn Lowry, director del museo
de arte moderno de Nueva York, en reportaje del diario “El País”
de Madrid, preguntado: “hay quienes afirman que para sobrevivir,
los museos deben acercarse al espectáculo.
¿Qué opina usted?. Lowry
contesta: “yo pienso todo lo contrario. Creo que la búsqueda
consciente y continua de asemejar el arte al espectáculo entraña
un gran riesgo. El riesgo de competir no contra otros museos
sino contra la industria del espectáculo. Una lucha que los
museos no pueden ganar.
El entretenimiento tiene que ver con la
diversión, con distraer el sujeto y hacerlo pensar en otra cosa.
Los museos deben relacionarse con la educación y con la
experiencia.
Su supervivencia dependerá de su capacidad de
diferenciarse, distinguiéndose del espectáculo. De que puedan
dejar bien claro que son parte del mundo de la cultura y que las
obras de arte son objetos poderosos que preservan sentimientos e
ideas que no pueden ser experimentados en otros ámbitos”. (Lowry
en “El País” de Madrid.
Burgueño, en “El Observador” de
Montevideo, también dice: “estamos metidos en una embestida
anticultural. La gente tiene que saber lo que necesita. Pero no
lo puede saber porque hay una maquinaria perversa a la que le
conviene que la gente no piense”.
Pichon-Riviere, escribe: “la
efectividad del excluir-desintegrar, no depende solo de sus
habilidades técnicas de manipulación, sino también de su
capacidad para mantener el estado de brutalización y
atomización”.
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