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Desaparecidos
¿Y ahora qué hacemos?
por Jorge García Alberti
El
silencio de las autoridades nacionales sobre el tema de los Derechos
Humanos es total. Eso es sinónimo de desconcierto. Pero la perplejidad y
el espasmo por lo que sucede también alcanza a los periodistas, a
quienes nos cuesta preguntar qué sucede y cómo se sale de esta
situación.
En tres meses, pasamos del Consejo de Ministros realizado en la ciudad
de Pando, donde era un hecho que el asunto, prioritario para el
Gobierno, tendría novedades importantes, al encuentro realizado en Villa
Soriano, donde el tema no existió. El cambio radica en que no ha
aparecido un solo indicio de remoción de tierra dentro de predios
militares, en lugares indicados como seguros y, menos aún, algún
elemento que haga sospechar que allí hubo alguna vez restos de seres
humanos.
Este tema es muy duro de abordar para toda la sociedad y nos golpea en
el rostro hasta el punto de dejarnos casi paralizados. Se cumple así el
peor de los pronósticos, el que nadie quería creer que fuera cierto, el
que parecía imposible, debido a la cantidad de personas involucradas y
el que pone en duda todo lo actuado, en esta etapa y en etapas
anteriores.
Quedan por el camino y cuestionados valores tan importantes como la
lealtad, tanto dentro de las Fuerzas Armadas como de éstas con el
Gobierno.
Se resaltan otros por el que ninguna persona quiere pasar como el
engaño, la mentira, la carencia de autoridad.
Esta situación, genera más dolor, más rencor, desesperanza, entre los
familiares de personas desaparecidas que, con todo derecho, quieren
saber que pasó con sus seres queridos, mantiene ocultos a los culpables
y genera dudas sobre todos los integrantes de las Fuerzas Armadas.
Cuando se inició esta nueva etapa, fui de las pocas personas que trató
de hacer reflexionar sobre el optimismo exagerado porque, de acuerdo a
mis fuentes, no había cambiado nada en forma sustancial como para que
hubiera, ahora, un sinceramiento y un arrepentimiento tan marcado de
parte de ex integrantes de las Fuerzas Armadas.
Hubo alertas muy significativas. El equipo de antropólogos que vino de
Argentina, preguntó si las fuentes de información eran de primera mano,
les dijeron que no y entonces se fueron. Es más, me comentaban que casi
todos los involucrados en los hechos más aberrantes vinculados a la
desaparición de personas eran o habían sido integrantes de los servicios
de inteligencia o contrainteligencia en la época de la dictadura. Sabían
como montar un operativo para desinformar, era posible que la hayan
aplicado y parece que lo hicieron.
Hubo un método, en muchos casos, hubo intereses económicos de por medio,
también hubo corrupción. Si me lo cuentan a mí, un simple periodista ¿
cómo es posible que a ninguna autoridad le llegue el comentario, al
menos como rumor?.
Llegamos hasta aquí creyendo que existió la llamada “ Operación
Zanahoria”. Hoy ya podemos afirmar que, tal como nos la han hecho saber,
no ocurrió. Eso hecha por tierra las versiones que incluso han quedado
reflejadas en libros escritos durante los últimos años, a partir de la
recuperación de la democracia.
Es probable que, si existió ese operativo, se haya producido en algún
otro punto de los 177.000 kilómetros cuadrados del territorio nacional.
También es probable que todo sea un gran y terrorífico montaje.
Por el momento, nadie puede afirmar que no exista cierto complot, para
evitar llegar a la verdad. Lo que sí se puede decir es que hay un alto
grado de ingenuidad y que no se está llevando una investigación a fondo,
que involucre a todas las partes, para saber qué pasó en el Uruguay en
los años de la dictadura.
No es con declaraciones voluntarias que se llega a la verdad. Porque,
como funcionó el sistema, es probable que ningún militar supiera todo lo
que pasaba y el que creía que sabía, estaba equivocado. Era una forma,
inteligente, de protección.
Para aproximarse lo más cerca a lo que ocurrió, el Estado deberá gastar
dinero y formar un equipo especial de investigación que llegue a las
entrañas de los archivos de las Fuerzas Armadas, el Ministerio de
Defensa, el Ministerio del Interior; que cruce información a fondo con
la República Argentina; que reconstruya los pasos de los protagonistas
de la época, sus familias, sus amistades, sus vecinos, sus contactos. Es
el camino más lento, más costoso, pero que nos permitirá acercarnos lo
más posible a lo que verdaderamente pasó.
Lo cierto es que, siguiendo el razonamiento del Presidente de la
República, los ciudadanos desparecidos en algún lugar deben estar. Otra
vez, se perdió una gran oportunidad de cerrar el pasado y ahora la
sociedad uruguaya va camino a ingresar en una etapa de revisionismo, que
va durar muchos años, y, lamentablemente, servirá para mantener abiertas
las heridas. LA
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