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Impunidad 0,
tolerancia 100%
por Raúl Legnani
El
surgimiento de una incipiente “nueva ultra” en el Uruguay, ha generado
desacomodos en distintos sectores del sistema político, tanto en la
derecha como en la izquierda.
La derecha, en ese amplio espectro que va de lo conservador a lo
liberal, se está frotando las manos porque al gobierno le ha surgido un
nuevo problema que no es de fácil tratamiento si no se quiere caer en la
lógica de la represión.
A la vez la izquierda duda entre no decir nada o ironizar sobre los
nuevos grupos anarquistas o filoanarquistas que muestran capacidad
operativa en las calles y – hasta ahora – poca convocatoria para
participar de acciones prácticas y concretas. Ambos caminos son
igualmente equivocados. Como creo que la derecha no tiene cura, me voy a
referir a la izquierda.
Impunidad y tolerancia
El silencio o el mirar para un costado en materia de nuevos fenómenos
políticos, no es recomendable. Es casi como no salir a la calle con un
paraguas, cuando está lloviznando, porque por lo general uno termina
empapado.
La otra actitud, la de la ironía o la de la fina ironía, es en principio
una absoluta falta de respeto, pero a la vez es un mecanismo peligroso
que puede llegar a radicalizar más a esa muchachada que ingresa, con
métodos equivocados e ideología trasnochada, al campo de la política.
El tema de los jóvenes y de la juventud debe ser de particular cuidado
por las generaciones mayores. Es verdad que no se puede caer en adular
al muchacho, por solo ser muchacho, en tanto no todo lo nuevo o lo
pretendidamente nuevo es lo correcto y lo justo.
Si debe haber un debate generacional que lo haya, que en el fondo es la
confrontación de formas diferentes de entender la realidad, pero ese
“intercambio” se debe dar en una actitud de respeto, que en primer lugar
debe partir de los más viejos de la tribu.
No debemos olvidar que a los 18 años no solo indigna la falta de
justicia, la hipocresía, sino también la tomadura de pelo y el “botijeo”.
Un muchacho puede pasar en segundos y por largo tiempo, de una actitud
mesurada a una actitud agresiva, con componentes histéricos. En un
adulto, con varios golpes en el lomo, los procesos son más lentos, más
meditados, menos explosivos, aunque puedan lograr niveles de agresividad
igual o superiores al de los jóvenes.
A las nuevas generaciones, como a los hijos, hay que tratarlas con
respeto y sin claudicaciones, no para incorporarlas in totum al mundo de
los mayores, sino para que entre todos se logre una nueva síntesis en un
marco de diálogo, que no es ausencia de conflicto y de reconocimiento de
las diferencias.
A la vez – y ya en el plano político – hay que saber distinguir entre el
nuevo ultra que actúa y acciona en forma leal, que no es sinónimo de
alguna piedra lanzada contra un vidrio, y el provocador que se disfraza
de ultra pero que habita en la zona de la derecha. Lograr esto no es
sencillo, pero debe ser el arte de quienes por los años ya tienen
bastantes cicatrices por las batallas en las que participaron.
Sobre esto de saber distinguir no hay cheques en blanco, pero vale la
pena intentarlo, aunque se cometan errores e injusticias no queridas.
Entre otras cosas porque el mayor error es poner a todos en la misma
bolsa para darles palos.
Hace pocos días el subsecretario del Interior, Juan Faroppa dijo en el
programa de TV Ciudad “Los bueyes Perdidos”, que conduce Gerardo Bleier,
algo más o menos así: el desafío de la nueva democracia uruguaya es
lograr que haya impunidad cero (0) y 100% de tolerancia.
Entendí que la impunidad cero deber ser para aquellos que violaron los
derechos humanos, para quienes los están violando hoy, para los que no
pagan impuestos, para los que practican el deporte de no pagar las
deudas que asumen, para los policías que reprimen violando las
ordenanzas y para quienes atentan con el orden público y la propiedad
privada.
También entendí que la tolerancia 100% es una meta que hay que alcanzar
para que la democracia se fortalezca y así se cree un nuevo clima de
entendimiento entre los uruguayos, una nueva forma civilizada de buscar
encuentros y aceptar el conflicto y las diferencias como algo natural.
Por aquí, por este planteo de Faroppa, hay que bucear. En eso estamos. LA
ONDA®
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