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Reaparecen viejos y queridos conocidos de
los uruguayos, la programación muestra una
significativa diversidad de películas
por Oribe Irigoyen
Ver cine en Montevideo
hoy presenta sus matices con relación a los últimos años. Algo está
cambiando en la cartelera comercial de un tiempo a esta parte. La
programación de estrenos muestra una significativa diversidad mayor a
los efectos del entretenimiento del público y de su contacto con
contenidos y formas fílmicas de mayor contenido humano y artístico.
Reaparecen con una frecuencia alentadora viejos y queridos conocidos de
los uruguayos bastante desaparecidos en los últimos tiempos: el cine
italiano, las producciones gala y alemana, junto con otras
cinematografías más infrecuentes, como la rusa, la turca o de Corea del
Sur y China. Un cine de calidad que estaba destinado sólo a ser exhibido
en las salas de Cinemateca Uruguaya – sigue y acrecienta su encomiable
labor de difusión del cine de todo el mundo, aunque no es tema de esta
nota – y que de un modo muy excepcional accedía al circuito comercial
dominado absolutamente por el material de Hollywood. Ese fenómeno
reciente, beneficioso para el cine, la cultura cinematográfica uruguaya
antaño tan prestigiosa e incluso para la salud mental del espectador,
significa un cambio relativo con relación al hecho mundial de Hollywood
dominando de modo hegemónico hasta el 70 y 80% del mercado de
distribución y exhibición de todo el mundo con sus películas.
HOLLYWOOD ESTA PREOCUPADO
Ese cambio antedicho en el pequeño coto uruguayo parecería tener razones
concretas que tienen preocupados a los propios mandamás de Hollywood. A
lo largo del año 2005, una y otra vez, el cable periodístico y la
agencia noticiosa han dado noticia de la creciente preocupación de los
productores y grandes firmas de la Meca del cine, ante la comprobación
de que el público se retira de las salas, cada vez más y en todos lados.
Lo hace en Europa y en propio Estados Unidos, y suena la alarma, por
cuanto el estadounidense es un público frecuentador asiduo de la
pantalla grande. Pueden existir razones excepcionales para explicar el
hecho, el año 2005 tuvo un verano gélido hundido en la nieve y la
imposibilidad de salir a la calle. También pueden existir razones
sociológicas y tecnológicas para explicar el vacío creciente de las
salas: la múltiple oferta que la sociedad actual propone al ciudadano
para el mejor uso del tiempo de ocio, incluso pescar mojarritas a la luz
de la luna en competencia con Brad Pitt. También es útil considerar las
variadas opciones tecnológicas que existen hoy para ver cine en la
comodidad casera del televisor, el cable, la vía satélite, la
computadora con la cercanía de la heladera y sus refrescos, jamón y
dulce de leche al alcance de la mano más variada que el popcorn. Esos
avatares de la sociedad global pueden explicar en parte la renuencia de
la gente a salir de casa atraída por ver una película. Pero esas
consideraciones parecen no satisfacer del todo a los actuales “moguls”
de Hollywood, de modo que los más lúcidos están empezando a apuntar
hacia sus propios talleres de producción, al cine que hacen, como la
madre de las causas de la retracción del público, que en EE.UU. supera
un 12 % de menos entradas vendidas que en 2004
Es que ni siquiera los grandes pesos pesados de la taquilla del 2005,
“Stars Wars”, última entrega de la saga de George Lucas, “El Sr. y la
Sra. Smith”, que explotaba la “química” de Angelina Jolie y Brad Pitt,
“Cruzada” y su espectacularidad jerusalémica o “Stealth”, con el
oscarizado Jamie “Ray” Foxx y sus acrobacias aéreas no estrenadas
todavía en Montevideo, teniendo más, igual o menos éxito del esperado,
han podido remediar el hecho de que la primera parte de la temporada
quedó bastante corta ante el 40 % de los ingresos anuales que acostumbra
a tener Hollywood en ese período de tiempo.
Inesperado alivio taquillero, aunque no lo suficiente, fue el éxito de
un par de películas del notable Tim Burton – un cine que juega a las
ideas y no de efectos especiales – con “Charlie y la fábrica de
chocolate” y la maravillosa perla de animación “El cadáver de la novia”,
a la que se sumó la taquillera simpatía animada de “La batalla de los
vegetales” de los británicos Nick Park y Steven Box. Estos dos últimos
títulos renuevan el viejo y artesanal cine de animación cuadro a cuadro,
nada que ver con el cine industrial de Hollywood actual. Y aportan, los
tres films mencionados, argumentación a favor de los lúcidos de Beverly
Hills en relación a la crisis de público. Que sería, en realidad, la
crisis de un modelo de producción que ha privilegiado los efectos
digitales, los costos multimillonarios de cada film, la trivialidad o
nadería temática, la repetición hasta el infinito de corridas de autos y
explosiones violentas de espectacularidad hueca, en detrimento de los
buenos temas, los libretistas inteligentes y los directores preocupados
por comunicar algo. Los fuegos artificiales en lugar de la emoción
humana terminan por echar al público de la pantalla ancha.
MONTEVIDEO TAMBIÉN
Esa deserción del público y la consiguiente preocupación de la gente
del negocio cinematográfico también ocurre en Montevideo. Que del mismo
modo que allá en el Norte tiene sus razones sociológicas y tecnológicas
parecidas o iguales. Alguna adicional de inseguridad callejera propia y
de bolsillos vacíos también particulares, podrían agregar repechos a los
números y billetes del espectáculo cinematográfico montevideano, pero la
concurrencia al cine era un negocio más o menos aceptado, hasta que en
el 2005 comienzo a dar signos significativos de decadencia, en cierto
modo alarmantes.
Aquella mencionada hegemonía de Hollywood en la cartelera parecería de
igual modo estar agotando el interés popular. Entonces, la inteligencia
y astucia de distribuidores y exhibidores locales, comprendidos también
los representantes de las empresas norteamericanas dispuestos a
distribuir material ajeno, han puesto en práctica una política de
apertura a la diversificación mundial de sus estrenos. Una tentativa
para recuperar al público, que, sin alcanzar quizá los niveles de
adhesión que Hollywood ha logrado a lo largo de décadas de hegemonía,
sobre todo en el público joven, pueda recomponer la cierta lozanía del
mercado cinematográfico atrayendo otros sectores más exigentes de
espectadores.
De ese modo, a lo largo de los últimos meses la cartelera comercial
títulos de preocupación temática, jerarquía formal y real
entretenimiento como “La casa de las dagas voladoras” de Zang Yimou (
China ) y su deslumbre visual acrobático, la comedia dramática “Como una
imagen” de Agnes Jaoui ( Francia ), el singular film infantil y policial
“El secreto” de Gabriele Salvatore ( Italia ), el intenso drama “Contra
la pared” ( Alemania )del turco-alemán Fatih Hakim, acerca de la
identidad otomana quebrada entre dos culturas, “La caida”, sobre los
dramáticos últimos días de Adolfo Hitler y su régimen nazi, rodados por
el alemán Olivier Hirschbiegel.
Más sugestivo resulta para la argumentación sobre ese cambio en la
cartelera, arrojar una mirada somera y enumerativa a la programación
montevideana del día jueves 3 de noviembre, en la cual existen
significativas huellas de cine inquieto y de calidad, de acuerdo a los
siguientes títulos, que comprenden desde luego buenas y excelentes
expresiones del cine estadounidense independiente, junto con películas
de otras procedencias: “Alma Mater” de Alvaro Buela ( Uruguay ),
“Charlie y la fábrica de chocolate” y “El cadáver de la novia” de Tim
Burton ( EE.UU. ), ya mencionadas, “El hombre del bosque” de Nicole
Kasel ( EE.UU. ), “Elsa y Fred” de Marcos Carnevale, “El viento” de
Eduardo Mignona y “El aura” de Fabián Bielinsky, las tres de Argentina,
“La batalla de los vegetales” ( Inglaterra-EE.UU. ) ya mencionada, “La
trama de la vida” de Eléonore Faucher, “Luces rojas” de Cedric Kahn y
“Vida en pareja” de Francois Ozon, las tres procedentes de Francia, “Un
loco amor” de Sergio Castellitto ( Italia ), “Vuelo nocturno” de Wes
Craven ( EE.UU. ). Son 13 propuestas de buen cine y entretenimiento en
una cartelera que totaliza 26 títulos en total, un elevado promedia como
para provocar la reflexión que antecede. LA
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