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¿Presos políticos o reforma tributaria?
por Carlos Zapiola

Lógicamente esta semana habría que empezar a escribir sobre la proyectada Reforma Tributaria. Se puede aclarar luego de ver al Ministro Astori que no es definitiva su redacción, que hay muchas áreas que aún no se han aterrizado sobre como se tomarán, y menos aún cómo se controlará que los impuestos que serán quitados favorezcan realmente a aquellos que hoy van a tener que empezar a pagar algo que nunca hicieron con ese nombre: Renta a la Persona Física.

Esto asusta a muchos que suelen cobrar en negro y colocar dinero en los bancos, porque una de las ideas es cobrar impuesto a los intereses de los depósitos bancarios. Y mire que este no es un tema menor.

¿Cuántos comerciantes le dan boleta con el IVA incluido?. Si no se la dan, ¿cuánto aportan en verdad a la DGI?. ¿Todo lo que les ingresa?. Ni un marciano se lo cree.

Van a aportar y bastante, personas que siempre vivieron de rentas o algunas que solamente trabajan pero ganan bien, aunque no lo crean, comparado con el 73 % de los otros empleados.

Y la reforma hoy tiene errores. Según como sea el ingreso en un hogar, puede ser que se tenga que pagar impuesto o no, de acuerdo a como se conforme la entrada del mismo. Se podrán rever cosas y algunas se ajustarán. Otras quedarán tal cual están ahora, y como mucho agua correrá todavía, dejemos este asunto por aquí esta semana y pasemos al tema de los supuestos presos políticos.

Preso político siempre se definió a aquel que era detenido por sus ideas, y durante muchos años el país supo ampliar esa denominación para aquellos que luchando por un ideal, hicieron acciones concretas que nada tiene que ver con la política.

De cualquier manera, llamar presos políticos a los que fueron procesados por los disturbios de la Ciudad Vieja para tan exagerado como llamarles sediciosos.

Cuando termine el proceso y se sepa si estos detenidos son enviados a prisión o declarados inocentes también podremos escribir otro capítulo sobre el tema.

Miembros de Plenaria, organización que no convocó a la marcha que derivó en los desmanes, salió a defender lo que no le correspondía, y por callar lo que puede saber sobre el tema –cualquier parecido con los militares y los desaparecidos es mera coincidencia-, arriesga una de sus principales ser presa por encubrimiento.

Y aunque uno crea que la justicia tarda mucho y que muchas veces nunca llega, en algunas oportunidades parece que acierta y sin embargo llueven críticas sobre ella.

En el caso de la actuación policial quedó demostrado que el policía que estaba intentando tirar en la foto en verdad no pudo hacerlo pues su arma se trabó. Esto desmintió las primeras declaraciones del Ministro Díaz que intentó explicar que esa podía ser una foto de archivo, y además demostró que el juez que está actuando en el caso no tiene mucho apuro para averiguar si esto no encuadra en un intento de herida personal a alguien, por lo menos.
Quiero ser muy circunspecto en manejar términos judiciales, porque no quiero caer en desacato ni en injurias o difamación de la actuación de los magistrados de turno. Pero parece que no hay el mismo celo de defensa de personas cuando se ve a un civil pateando en el suelo a un detenido, persona que no solamente no es detenida sino que tampoco es luego buscada para que preste testimonio del por qué de lo que realizó, que se parece a un acto de violencia, pero quizás esto sea nada más que una apreciación equivocada.

Los que piden hoy libertad para los presos políticos, como ocurrió en la noche del jueves con una manifestación que terminó con una lectura de una proclama llamando a seguir actuando en la calle, asustan a los ciudadanos como uno, que saben que la violencia es muy fácil de empezar pero nadie sabe como termina, y que el país ya vivió años de eso y que no se merece a esta altura de la vida tener que volver a vivirlo.

Si los grupos dicen que es para luchar contra el capitalismo, Bus y cosas peores, deben saber que si usan métodos como el del viernes anterior en la Ciudad Vieja, haya llegado o no tarde la Policía, deberán pasar por los mismos calabozos que están pisando con o sin razón cuatro conciudadanos.

Si hay grupos que defienden que a ellos pertenecen y que son por ello presos políticos, se están poniendo en el límite del antisistema, de lo antidemocrático, y si son disueltos o perseguidos no lo serán por sus ideas sino por sus acciones.

Como la oposición tampoco entiende como tratar este tema, el ciudadano de a pie solo sabe que algo horrible ocurrió, que no costó muertos aún, pero que los puede lograr si se sigue por este camino, y que los que medran con atacar al gobierno por sus errores están de parabienes.

Seguiremos con estos temas, porque estas líneas no agotan lo que realmente se puede decir sobre cada uno de ellos.

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