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América
del Sur, opción y destino
Lo geográfico nos signa y lo político nos conmueve: fue el propio José Gervasio Artigas, como ya recordada en anteriores trabajos quien, en más de una oportunidad, y en todas las oportunidades trascendentes que hubo en su gesta, habló de los americanos del Sur. Tal pues es nuestra opción, no por dogmatismo hacia una determinación del hombre que es referente de un pueblo, y no dije nación sino de un pueblo, del suyo, del de sus provincias que es más que un país al ser un proyecto compartido por muchos en diferentes lugares. En cuanto al destino, basta considerar los factores geopolíticos y geoestratégicos para saber que es mejor regirse por estos y no por el absurdo que dice de un salto a la nada en pos de acuerdos (¿?) con bloques extra regionales que poco interés tienen en nosotros salvo el de utilizarnos como cuña para dañar un proyecto que pese a todos los pesares, y hablo del MERCOSUR, vino para quedarse y ser más, mucho más, en comercio pero en estilos de vida de nuestras gentes. Se dice que el bloque mercosuriano está en su peor momento y en verdad considero que no es válida esta afirmación a no ser por la no presencia en sus decisiones de grupos elitistas que ven perder sus zonas de exclusión donde podían hasta hace poco tejer sus propios acuerdos revestidos de una pátina de legalidad supranacional que luego jamás internalizaban en sus respectivos países. Se dice, y discrepo tajantemente, que el Parlamento del MERCOSUR, es un emprendimiento llamado a nacer muerto porque invalida su futuro la propia idiosincrasia parlamentaria, esto es, la discusión abierta y plural de las cuestiones de fondo para nuestros pueblos. Lo que con el Parlamento se termina es el predominio de las familias criollas en esta parte de América que hasta ahora hicieron culto de un totalitarismo mediático, por ejemplo, donde ellos determinaban qué se decía, cómo se decía y hasta dónde se decía, dejando que algunos funcionarios bien mandados por los mandatarios de turno, oficiaran de negociadores en las tratativas que las negociaciones multilaterales requerían. La integración, que yo sepa, no la hace la diplomacia sino los pueblos de la mano de la diplomacia y con la caja de resonancia de sus congresos. Luego, el Parlamento del MERCOSUR es indispensable a la salud democrática de nuestros pueblos. Luego, la democracia, es decir, el ciudadano y la ciudadana de nuestras tierras, tienen siquiera o tendrán cuando efectivamente este Congreso mayor cobre vida, voz y voto pero fundamentalmente tendrán oídos donde poder decir sus verdades y a la vez poder escuchar siquiera un mensaje directo de un funcionario elegido por el pueblo para con sus electores. Porque recordemos, una vez más, con todo el respeto que me merece, que la diplomacia, muchas veces suele olvidar, posiblemente aquejada de la obligación permanente de lidiar efectivamente en la resolución de graves y permanentes conflictos en la construcción de acuerdos y normas, muchas veces olvida, digo, que está al servicio del pueblo y no es, no debe ser, una suerte de énclave que decide por sí y ante sí la suerte de otros que en la letra y en el espíritu debe ser decidida por las vías democráticas de representación con transparencia y respeto básico en un mismo plano de igualdad con el hombre y la mujer de a pie. Es fácil criticar me dirán, y es cierto pero también es fácil olvidarse de la función primera de un funcionario público: el servicio a la comunidad, a la ciudadanía. Por tanto, a mi entender, el MERCOSUR avanza y lo hace dejando huellas tan nítidas como profundas. Y va en pos de más integración sudamericana y eso es bueno, sin duda que riesgoso pero bueno. Atreverse. Este verbo que tan pocas veces se visita desde la praxis cotidiana, se conjuga bien en estos días y en esta Cumbre del MERCOSUR que tendrá lugar en Montevideo y en donde es dable esperar que Venezuela se sume al bloque. Y nos demos tiempo para pensar y pensarnos. Para reflexionar sobre las vías de integración aun no exploradas y quiénes, cuándo y dónde, tendrán también ahora mayor participación en la toma de decisiones como más importante aun en la previa investigación y discusión de las opciones a tomar. Y en esto, repito, es bueno, realmente bueno que nos demos un Congreso propio, un congreso, digámoslo que vaya preparando una Nación de naciones. Una América del Sur unida. Porque es nuestra opción desde la reflexión y es nuestro destino desde la asunción de nuestra ubicación espacial.
La Misión Saraiva Y dice Trías una verdad de Perogrullo que no por tal dejaremos de recordar: “La única potencia continental que juega en las tres, que es factor decisivo en las tres, es el Brasil. No en vano Nixon, que en medio de sus corruptelas e irresponsabilidades tuvo siempre un instinto certero para definir situaciones internacionales, como lo demuestran su acercamiento a China, su retiro de Vietnam y el propio y firme apoyo que siempre otorgó a Kissinger, dijo una vez: hacia donde se incline Brasil, se inclina América Latina. Es un punto de vista que no debe olvidarse.” Terminaba diciendo Trías en un artículo intitulado “El Brasil en el nuevo juego geopolítico de Iberoamérica”, publicado en la revista Opiniones, en su número 16, de octubre de 1979. En el mismo texto y en caracteres destacados, está el siguiente pensamiento del uruguayo: “Argentina, aun en crisis, sigue siendo la preocupación esencial de Itamarati porque un cambio de orientación económica, que puede ocurrir en Buenos Aires en cualquier momento, puede significar su rehabilitación acelerada como centro de poder decisivo en la geopolítica platense y sudamericana.” Corría el año de 1979... Y este texto de Vivian Trías, premonitoriamente quizá, daba cuenta de la Misión Saraiva, hablo del canciller brasileño de la época Ramiro Saraiva Guerrero, que acompañado por una calificada comitiva visitó Caracas para negociar con las autoridades venezolanas la viabilidad de la compra de crudo lo que le dejó tiempo, además, para firmar un convenio de cooperación para el desarrollo de la energía nuclear con Venezuela. Hechos de nuestra historia reciente que cuando recordamos las airadas expresiones de algunos de nuestros ex mandatarios, hablo del Uruguay, permiten que amanezca en nuestro rostro una leve sonrisa ante la desconsideración de los factores aquí tratados que dicen del buen tino de atraer al seno del MERCOSUR a la Venezuela de hoy. Por más que a algunos, a algunos pocos, recordémoslo, esto les duela.
La ALADI Por ejemplo, de su página 6, extraemos un párrafo que dice lo siguiente: “Al observar el incremento por países, se destaca que todos los miembros de la ALADI registraron un crecimiento del PBI en 2004, fenómeno que no ocurría desde el año 1997. En 2004, el comercio intrarregional –vinculado con el crecimiento económico ya mencionado- registró un doble máximo histórico. En primer lugar, alcanzó un nivel de 60 mil millones de dólares, superando ampliamente el registrado en 1997 (46 mil millones de dólares). En segundo lugar, dicho crecimiento se ubicó en torno al 40%, la tasa más elevada registrada en todo el período de existencia de la ALADI.” Ejemplo que si bien importa, permite avanzar en la divulgación de otros datos que den un apoyatura aun más sólida a la argumentación aquí sustentada. Veamos apenas un dato ubicable en la página 7 del mencionado documento: “Durante el año 2004, en el ámbito de la ALADI se suscribieron 87 instrumentos jurídicos, de los cuales 3 son nuevos acuerdos, mientras que los restantes son Protocolos Adicionales. De los primeros, dos son de Complementación Económica (ACE Nos. 60 y 61) y uno de promoción comercial (AAP. PC N º 17). De los Protocolos, 66 tuvieron como objetivo prorrogar la vigencia de aquellos acuerdos que expiran una vez entren en vigor los ACE Nos. 58 y 59.” Vaya esto de muestra de lo mucho que en este trabajo podemos conocer y detectar en la construcción de una integración regional a todas luces generadora de oportunidades reales y no de meras quimeras.
Profundidad y superficie A ver si nos entendemos, puesto que se trata de aprehender nuestra realidad sea la comarcal como la regional y así, entre todos, captando el nosotros de nuestro espacio sudamericano, poder apreciar la unicidad de uno de sus pueblos al comprender al conjunto de las gentes que habitan nuestra región. Sigamos con Ortega: “La invisibilidad, el hallarse oculto, no es un carácter meramente negativo, sino una cualidad positiva que, al verterse sobre una cosa, la transforma, hace de ella una cosa nueva. En este sentido es absurdo –como la frase susodicha declara- pretender ver el bosque. El bosque es lo latente en cuanto tal.” De esto se trata, creo yo, de lo latente, de lo que nos comprende y aprehende a la vez, nuestra condición americanista, la de los americanos del Sur. En esta espacialidad, entonces, volvemos la mirada al texto del maestro Ortega y Gasset que a renglón seguido manifiesta lo siguiente: “Hay aquí una buena lección para los que no ven la multiplicidad de destinos, igualmente respetables y necesarios, que en el mundo contiene. Existen cosas que, puestas de manifiesto, sucumben o pierden su valor y, en cambio, ocultas o preteridas llegan a su plenitud. Hay quien alcanzaría la plena expansión de sí mismo ocupando un lugar secundario, y el afán de situarse en primer plano aniquila toda virtud.” Y esto sí que habla por sí mismo. Se trata de saber estar, no de caminar sobre el otro. El Uruguay, en este sentido, debe saber estar y no permitir sea usado en contra de sus hermanos. Así entonces, la voluntad de nuestro Presidente en avanzar en la integración sudamericana merece todo nuestro apoyo, todo nuestro concurso en la defensa irrestricta de un deber ser que nos viene de antiguo y que nos dice respecto de la ética en el proceder mismo, hecho este que identifica y signa al Uruguay. Más allá de pretendidas acciones libertarias que no son más que meros gritos fuera de pentagrama de algunos cipayos de esos que lamentablemente todo pueblo tiene y nosotros no escapamos a las generales de la ley. Pero antes que responder a un genuflexo vale mucho más dar a conocer la historia y el sentido mismo de nuestra identidad, entendida esta como preámbulo a la constitución de la Patria Grande. No otro es el rumbo del Uruguay.
Dinamarca o Suecia Dice así: “Entre los países sudamericanos, Chile tiene una opción dinamarquesa; es un país pequeño, con gente civilizada y una buena capacidad productiva. Exporta salmón, enlatados, cerezas, etcétera, a Estados Unidos y sería como un municipio norteamericano trasladado que conservará su idioma por algún tiempo y la gente la pasa bien. Ahora bien, ¿es concebible un destino dinamarqués para la Argentina o Brasil? Conforme aumenta la complejidad de los países observamos que no. Y al propio Chile le es dada la opción: puede que entre en el ALCA y ser una Dinamarca o puede entrar al MERCOSUR y ser una Suecia. Ser una Suecia significa tener condiciones de autonomía propia, no ser un simple municipio del mundo, pero sí un país dentro de un sistema protector, como es para los europeos la Unión Europea, como sería el MERCOSUR o el Sistema Sudamericano para nosotros. Tener una capa que preserve grados satisfactorios de autonomía a nivel local, y poder de negociación internacional, multiplicado por la existencia del sistema colectivo. Significa tener capacidad industrial propia, sofisticación tecnológica propia, y no ser simplemente un anónimo miembro del mundo civilizado.” Y continúa Jaguaribe en un texto que mucho recomiendo pero que hasta aquí cité pues tienen estos renglones mucho para ser pensado. Debemos pensar desde nosotros mismos. Tener altura para mirar y esto sólo se logra si estamos erguidos y no en cuclillas. Si podemos hacer desde nosotros junto con los nuestros, haremos más y mejor por el porvenir de nuestras gentes y a esto es a lo que debemos apostar desde el trabajo cotidiano. La construcción de nuestra América del Sur como proyecto político requiere de audacia, entrega y seriedad. Por ello, entiendo del caso visitar una vez más a nuestros hacedores en materia de integración y de pensamiento económico. Hablo, claro está, de los maestros Celso Furtado y Raúl Prebisch; digo, naturalmente, desde nuestro presente activo, traer una vez más el pensamiento de Aldo Ferrer y de Rubens Ricupero. Estos cuatro hombres, como pocos, han sido y son nuestros pilares en materia de integración regional, como de pensamiento económico propio sin olvidar pues está imbricado, el notable ejemplo de ética que nos dieron y siguen dando unos en el recuerdo, otros en el hoy compartido. Propongo, pues, una segunda entrega que verse sobre Celso Furtado y Raúl Prebisch, de la mano de Aldo Ferrer y Rubens Ricupero, argentinos y brasileños, brasileños y argentinos, hombres de una probidad ejemplar y de una condición americanista que es ejemplo. Los invito pues, a reencontrarnos en la próxima entrega de este trabajo.
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Documento identificado como ALADI/ SEC/ di 1903,
que puede ser bajado o consultado en el sitio
www.aladi.org
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