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Ponemos “punto final”
o mascamos chicle

por Ernesto Piazza

Desde diversos medios se ha insistido en la necesidad de poner “punto final” o “dar vuelta la página” al tema de los desaparecidos. Uno de los argumentos recurrentes es que, recién entonces, el país podría “mirar hacia adelante”. O sea, estará en condiciones de abordar los muchos e importantes problemas que tiene en su agenda.

Perecería, según quienes así piensan, que este es un país monotemático: o discute sobre las consecuencias (presentes y futuras) de la dictadura, o se aboca a otros temas.

Esa insistencia en poner el “punto final” trasunta una visión muy empobrecida de la democracia. Una sociedad que no pueda avanzar sin cerrar a prepo temas pendientes  y delicados, comprometería su democracia porque discutiría poco y mal todos sus asuntos. No importa que tal ley sea mala; aprobémosla porque hay otras leyes para tratar: “hay que mirar hacia delante”, nos dicen a quienes tendríamos “ojos en la nuca”.

El  “punto final” no se puede poner por decreto. Tampoco por la voluntad de un grupo de ciudadanos. Se trata de un asunto que se va procesando en la sociedad. Por lo tanto, no puede haber “punto final”. No se puede dar vuelta una página que aún no se ha leído y que ni siquiera ha terminado de escribirse.

¿Cuáles serían las razones por las que el Uruguay no podría encarar un debate serio y profundo sobre, por ejemplo, la reforma tributaria en tanto haya antropólogos excavando en predios militares? ¿Por qué alguien interesado en el destino de los desaparecidos debería desinteresarse de la reforma en la salud? ¿Por qué las decisiones del país en materia de política exterior e integración tendrían que quedar en suspenso hasta que se decrete que las heridas del pasado están cerradas? ¿Es que la reconstrucción de Alemania se postergó por los inevitables procesos de discusión sobre su pasado nazi? ¿Acaso los israelíes suspendieron el duelo por el holocausto y el procesamiento colectivo de ese drama para poder construir su Estado?

Al contrario, para poder avanzar hay que procesar adecuadamente el pasado, los temas no resueltos o mal laudados. Salvo que sea esto lo que se pretende con esa insistencia en el “punto final”. ¿Intranquilidades castrenses? ¡Vamos! La era de los cucos ya fue. Las actividades de las Fuerzas Armadas tampoco se detienen o perturban porque haya un grupo de científicos trabajando en un batallón. Ya nadie puede afirmar que los mandos se resisten. Ellos estuvieron de acuerdo en que se abriesen las puertas de los cuarteles para investigar.

Los uruguayos seremos pocos, pero no tan pocos como para que los antropólogos tengan que destinar varias horas del día a estudiar la reforma tributaria, ni que el Ministro de Economía deba andar con una pala excavando en los predios militares. Por favor, ironías aparte, no reduzcamos la sociedad, que es un cuerpo vivo, múltiple y complejo, a la categoría de un molusco. O a la condición de aquel personaje que no podía pensar y mascar chicle al mismo tiempo.

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