Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

( II )
América del Sur, opción y destino
Celso Furtado, hacedor y guía

por Autor

Palabras previas
En todo tiempo el rescatar la memoria de nuestros pueblos es importante. Más aun, entonces, cuando se trata de la acción de aquellos protagonistas que, además de laborar en pro de lo mejor de su gente en su propio país, supieron dar marco y contenido a una labor que buscó y logró hacer de nuestra América del Sur un lugar racionalmente con presente y sin duda con un vasto porvenir. 

Para aquellos pequeños seres que apuestan el todo de sus fuerzas, escasas pero ruidosas, convengamos, a una apertura lo más abierta y lo más indiscriminada a un supuesto mundo idílico llamado “mercado”, logrando así desindustrializar lo poco industrializado que países como el Uruguay tienen o bien promover la compra sin ton ni son de productos de terceros mercados, es decir, allende nuestra América, un hombre de la talla de Celso Furtado es claramente el anatema del correcto cipayo. Califico de cipayo, valiéndome de la tan recordada, y que hago propia, definición del general uruguayo Víctor Licandro, cuando hablaba de aquellos nativos obsecuentes con el imperio, en todos sus actos pero fundamentalmente en los públicos, no de la “plaza” , ese espacio verde recreativo del que tanto gustamos y que, si recordamos por ejemplo a Hannah Arendt, es donde el individuo en contacto con otros individuos cobra vida como persona, es decir en el tuteo con sus connaturales, sino de “la cosa pública”. 

Ustedes dirán que he bajado el nivel y que soy duro; pues no, el nivel lo han bajado estas huestes enanas que apuestan cada día más por una América del Sur abierta a la expoliación de regiones y trasnacionales que con suma facilidad operan, de no contar nosotros con herramientas que defiendan y a su vez alienten a la generación de producción. Pero producción con valor agregado.  

Luego, estas huestes, que en no pocas capitales ocupan los ministerios llamados “de Hacienda” o “Economía y Finanzas”, baten palmas por una moneda “local” sobrevaluada, abriendo las defensas al ingreso indiscriminado de productos, muchos de ellos ya descontinuados en origen, de otras plazas quitando obviamente oportunidades de generación no ya de nuevas industrias sino,  y esto es fácilmente detectable en el Uruguay, también a pequeñas industrias, en el caso uruguayo debemos hablar de microemprendimientos que son barridos sin misericordia por tal competencia. A la vez que hacen un culto del celebrado equilibro en las cuentas, equilibrio que siempre tiene en el menos a lo social y en el más a los servicios de la deuda pública. Gentes que, como en el caso del Uruguay reciente, buscan inversores y lo logran pero para las denominadas “zonas francas” esos no-lugares, si me permite Marc Auge utilice la denominación que él estableciera para los shoppings y demás espacios “híbridos”.   

Lugares estos, las zonas francas, en donde sí logran trabajo unos pocos, pero la producción que en ellas se procesa no pasa, obviamente, por la regulación, y la tributación nacional, sino que se la saltea olímpicamente, siendo, por ejemplo nosotros trampolín para la producción que luego puede perfectamente venir como importada a nuestra propio país.

Estas luminarias del pensamiento económico, celebran casi con lágrimas en los ojos, la colocación no de una sino de varias series de “bonos” en el “mercado internacional”, con lo que nuestra deuda nacional, y regional porque este asunto es dable percibirlo en la mayoría de nuestros países, nuestra deuda pública se acrecienta y el producido de los bonos, permítanme citar lo obvio, es, en la mayoría de los casos, para hacer frente al pago de los servicios de esa misma, pero anterior y hasta ayer menor, deuda pública. 

Celebridades que el mundo aun no ha detectado y alabado en su justa medida.

A su vez, en la formación de nuestros economistas, como en otras especializaciones, se privilegia el ir al centro del imperio por sobre cualquier otra opción. Con ello, siempre en líneas generales, por supuesto, en vez de preparar a nuestros propios hombres y mujeres en el manejo de la cosa pública para una mejor generación y distribución de la riqueza en nuestra región, se preparan buenos y leales administradores de los centros de mando del hemisferio. 

Cuando uno se atreve a hablar de utilizar el cerebro y el corazón, se oyen gritar a voces airadas que hablan de la falta de respeto para con nuestros más doctos y preclaros hombres en una suerte de defensa dogmática de dignatarios sin dignidades, de las humanas, claro está. 

Afirman, lo han afirmado en esta misma publicación, que uno debe dar prueba de sus dichos. Es decir, proponer uno mismo, yo por caso, un plan específico para lo macro y lo micro.

Bien, cuando hablamos y hablo de microemprendimientos, de aunar fuerzas entre la base socioeconómica por excelencia en el Uruguay cuales son las MIPES como así también potenciar, ayudar, favorecer, pregonar, la formación y la mejora del cooperativismo, bueno, esto es como decir nada: hacen silencio esas mismas voces airadas. 

Pero hay más: si uno dice, que yo dije, conste y aquí mismo, en esta misma publicación, que es una pena no se de lugar, plan mediante, a una radicación de centenares de familias en el campo inutilizado, y no estoy hablando de la reforma agraria sesentista sino de que, en lo que al Uruguay respecta, el Instituto Nacional de Colonización salga del marasmo en que por sí mismo o en ayuda con los institutos y organismos de los cuales depende directa e indirectamente –más indirectamente que directa- le den o mejoren las potencialidades que obviamente anidan en esta formidable herramienta, bueno, ante esto, las voces airadas hacen silencio también. 

Y es entendible. Lamentablemente. Y paremos por aquí porque este preámbulo tiene el sentido de ubicar, espacial y temporalmente, la situación regional como la propia del Uruguay, para volver sobre lo dicho inicialmente: debemos rescatar nuestra memoria. 

Y Celso Furtado es, indudablemente, figura central de la memoria sudamericana. 

Pasemos, pues, a hablar de este brasileño ejemplar.

Algunos datos biográficos
Nación en 1920 en la ciudad brasileña de Pombal, estado de Paraíba.  Participó de la Fuerza Expedicionaria Brasileña, durante la Segunda Guerra Mundial, en Italia.  Doctorado en Economía por la Universidad de París-Sorbonne, fue uno de los mayores y más comprometidos pensadores de su tiempo.

En la década del 50, comenzó a desarrollar teorías sobre el desarrollo económico, capacitándose en el conocimiento más completo sobre la historia económica tanto de su país el Brasil como de toda la América Latina. Autor de importante número de obras, que merecieran la traducción a una decena de idiomas, como reza su biografía, incluyendo al chino y al persa, influenciaron con el pensamiento en ellas contenido a la prestigiosa Escuela de los Anales, algo que incluso reconoció uno de sus fundadores, el historiador francés Fernand Braudel.

Asimismo, no puede dejar de mencionarse sus importantes estudios sobre la historia de los Estados Unidos de América y la formación del capitalismo en Europa.

Hacia el año 1953, Furtado presidió el grupo mixto de la ONU responsable por la elaboración del estudio sobre la economía brasileña adoptado como base del Plan de Metas del gobierno Kubitschek, dos años después.

En otros trabajos, sin duda los posteriores, este americanista de origen brasileño analizó el impacto de la transnacionalización y de la globalización en la economía capitalista contemporánea. Así, también profundizó sus estudios sobre las dimensiones culturales y sociales del desarrollo.

En la actuación como hombre público, cita RADIOBRAS (www.radiobras.gov.br) , ocupó entre otros cargos, el de Ministro de Planeamiento del gobierno de Joao Goulart. Inmediatamente al golpe de Estado en el Brasil hacia el año 1964, Furtado se exilió primero en los Estados Unidos, como profesor de la Universidad de Yale, y después en Francia, como profesor de la Universidad de Paris entre los años 1965 y 1985 y de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Con el retorno democrático en su tierra natal, fue designado Embajador del Brasil ante la Comunidad Económica Europea, en Bruselas, y, después, ministro de Cultura.

La propia perspectiva
En esta oportunidad me valdré de un pequeño gran libro intitulado “En busca de un nuevo modelo” y que lleva por subtítulo “Reflexiones sobre la crisis contemporánea”, que recoge importantes trabajos del recordado economista bien como un prólogo a la edición en español de otro colega, en este caso argentino, digno de la escuela que tanto Furtado como el también célebre Raúl Prebisch dieran cabida, sea en la teoría como en la praxis, desde la génesis misma de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Hablo naturalmente de Aldo Ferrer.
[i]

Dice Ferrer que “pese a la expansión de las corporaciones y a la formación de mercados planetarios, la inmensa mayoría de la actividad económica se sigue desarrollando dentro de los espacios nacionales”, para lo cual cita que al 2003 “la producción que traspone las fronteras nacionales representa el 20% del producto mundial y las filiales de las corporaciones trasnacionales contribuyeron con alrededor del 10% del producto y acumulación de capital mundiales”.

“Dicho de otro modo”, aduce Ferrer, “el 80% de la producción mundial se vende dentro de los mercados internos y alrededor del 90% de la agregación de valor y acumulación de capital se realiza dentro de los espacios nacionales.”

Y agrega algo, para mí, sustantivo: “En cuanto al empleo, alrededor de 9 de cada 10 trabajadores en el mundo producen para sus coterráneos. Por lo tanto, el orden global coexiste con estas magnitudes internas de los recursos y los mercados.”

Colonizados en nuestras cabezas. La peor colonización: la renuncia, la huida misma ante el pensar desde nosotros mismos y para con los nuestros. Convengamos en esto, siquiera, por favor. Sólo así puede no verse algo que tan clara como ejemplarmente pone de manifiesto, datos mediante, el argentino Aldo Ferrer.

Pero hay más de este “prólogo” que ya nos va advirtiendo de la necesidad de estudiar al propio Ferrer, algo que sucederá, sin duda, próximamente, después del brasileño Rubens Ricupero pero que antes tendrá cita con nosotros el argentino y gran maestro junto a Furtado, Raúl Prebisch.

Aduce Ferrer que “la globalización no elimina los fundamentos endógenos del desarrollo y, en todo caso, sólo multiplica los desafíos y oportunidades que plantea la existencia de un orden global.” Y aquí coloca una frase tan breve como célebre: “El desarrollo no se importa”. Simple, ¿no?

Dejaré que él lo explicite mejor: “Para movilizar la creatividad de una sociedad es precisa la existencia de relaciones sociales e instituciones propicias para acumular capital, conocimientos y capacidad organizativa de recursos. Procesos estos que sólo pueden registrarse, en primer lugar, por cada sociedad dentro de su propio espacio o en asociación con otras que comparten la geografía y los problemas fundamentales.”

¿Queda claro, verdad? América del  Sur es, por ejemplo pero para nosotros, las gentes de este espacio geográfico, es lo central. Y es obvio. Pero para algunos lo obvio faltó sin aviso.

Por esta razón y por muchas otras no menores, Ferrer prologa a Ferrer: por tratarse de un maestro en esto de la economía desde nuestra propia perspectiva. Algo que en palabras de Ferrer, va dicho de esta manera: “(...) A saber, el reconocimiento de que la subordinación teórica al pensamiento hegemónico de los centros, con tan poderosas correas de transmisión dentro de la misma periferia, es el primer eslabón de la cadena del atraso, la inequidad y la dependencia. Y, por lo tanto, que es imprescindible observar el mundo desde nuestras propias perspectivas para erradicar el atraso, incorporar el conocimiento en un proceso amplio y profundo de desarrollo y, en definitiva, asumir el comando de nuestro propio destino en un mundo global.”

Y culmina su ensayo Aldo Ferrer de esta manera: “Con la claridad y  elocuencia que es tradicional en su autor, el “nuevo modelo” es una contribución sustantiva a la mejor tradición del pensamiento latinoamericano.” Ni que lo diga, pero ahora debemos dar cuenta de ello.

Con este ánimo, habiendo ingresado desde lo nacional, colocado la situación en un marco regional sin menoscabo de lo global, ingresamos, ahora sí, a la palabra misma de Celso Furtado:

¿Qué futuro nos espera?
En este ensayo, que busca dar una luz en momentos en que el Brasil atravesara una fase de desilusión y ansiedad, en las propias palabras de Furtado, nos invita, una vez más, a ejercer tanto una autocrítica como una reflexión desde nosotros mismos. Dice, por ejemplo, lo siguiente: “En una época de crisis como la que vivimos es necesario dejar de lado muchas de las ideas recibidas, particularmente las explicaciones que pretenden ignorar las responsabilidades morales de las elites.”

Y a renglón seguido, nos advierte de algo central: “Tenemos el deber de interrogarnos sobre las causas de los problemas que afligen al pueblo y repudiar las posiciones doctrinarias fundadas en un reduccionismo económico.”

Vergüenza. Este hombre además de naturales e importantes dotes intelectuales, tenía vergüenza, sentido de lo humano, sensibilidad ante lo indigno y por consiguiente, en alta estima el proceder en pos de una mejorar en la dignidad de nuestras gentes. Y además, sabía.

Habla del pueblo, de escuchar al pueblo, de trabajar junto al pueblo. Algo que él hizo, efectivamente. Que conste. Pero lo dice él mucho mejor, veamos: “(...) Por lo tanto, el punto de partida del proceso de reconstrucción que tenemos que enfrentar deberá ser una mayor participación del pueblo en el sistema de decisiones. Sin eso, el desarrollo futuro no se alimentará de una auténtica creatividad, y contribuirá poco para la satisfacción de las ansias legítimas de la nación.”

Claro, alguien dirá: “demagogia, no explicita el cómo el pueblo irá a realizar tal tarea junto a los entendidos”. Error. Celso Furtado lo dice, y a renglón seguido: “Se impone entonces formular una política de desarrollo basada en una clara manifestación de los fines que pretendemos alcanzar, y no con base en la lógica de los medios impuesta por el proceso de acumulación dirigido por las empresas transnacionales. La superación del impasse con que nos enfrentamos requiere que la política de desarrollo conduzca a una creciente homogeneización de nuestra sociedad, y abra espacio para la realización de las potencialidades de nuestra cultura.”

Cultura. O sea que este economista no era, no lo fue, un economicista, sino un hombre que con los instrumentos de su saber, volcado al ámbito de la cultura, en el llano de las cosas de los humanos de a pie, se dio a pensar, y pensó bien, junto con otros, el cómo salir, todos, codo a codo, hacia un horizonte mejor y más promisorio por tanto para el pueblo. Pueblo no como una mera entelequia utilizable, repito, en el discurso seudo religioso de un hombrecillo que discursea sino concebido el pueblo con el centro mismo de las angustias y los desvelos para su mejor suerte, la de todos.

Dice Furtado: “En una época en la que los que detentan el poder se encuentran seducidos por la más estrecha lógica dictada por los intereses de grupos privilegiados, hablar de desarrollo como reencuentro con el genio creativo de nuestra cultura puede parecer una simple fuga hacia la utopía. Ahora bien, lo utópico muchas veces es fruto de la percepción de dimensiones ocultas de la realidad, un afloramiento de energías contenidas que anticipa la ampliación del horizonte de posibilidades abierto ante una sociedad.” Detengámonos.

Los intelectuales
Inmediatamente, este hombre que antes que economista fue también pero antes por más abarcador, un gran pensador, habla de los intelectuales, de su rol, de su compromiso. Y lo dice así: “La acción de la vanguardia requerida para ello constituye una de las más nobles tareas que deben realizar los trabajadores intelectuales en las épocas de crisis.”

Y dice bien, porque a nosotros nos cabe, convengamos, la “faena” de pensar. Somos, pues, trabajadores intelectuales y no, por favor no, supuestos semidioses. Que si así lo creemos, en todo caso, es que somos, apenas y dicho en voz baja, pintores de cliches.

Continuemos con sus dichos en el sentido de la tarea de la vanguardia: “Les cabe a ellos profundizar la percepción de la realidad social para evitar que se extiendan las manchas de la irracionalidad que alimentan el aventurerismo político; les cabe proyectar luz sobre los rincones de la historia donde se ocultan los crímenes cometidos por los que abusan del poder; les cabe auscultar y traducir las ansiedades y aspiraciones de las fuerzas sociales que todavía no cuentan con medios propios de expresión.” Demoledor pero cómo alecciona.

Libertad de crear
Ocupado por encontrar la forma o formas de preservar el genio inventivo de nuestra cultura, Furtado detecta primeramente que “hoy en día, a medida que la producción de bienes culturales se transforma en un negocio gigantesco, y dado que una de las leyes que rigen ese negocio es la uniformización de los patrones de comportamiento –base de la creación de los grandes mercados y al mismo tiempo causa de la creciente exclusión social-, el problema se encuentra presente en todos lados y en diversos grados.”

Así expuesta la cuestión, avanza el brasileño en el sentido de poder dilucidar dónde estamos y hacia dónde vamos en la materia.  Y lo hace de la siguiente forma: “Necesitamos instrumentos que nos permitan remover los obstáculos a la actividad creativa, vengan éstos de veneradas instituciones que se dicen guardianas de la herencia cultural, de comerciantes travestidos de mecenas o del poder burocrático. En síntesis, se trata de defender la libertad de crear, que ciertamente es la más vigilada y coartada de todas las formas de libertad. Por lo tanto, ésa tendrá que ser una conquista del esfuerzo y de la vigilancia de aquellos que creen en el genio creativo de nuestro pueblo.”

Luego, Furtado una y otra vez, invita a tener y promover un espíritu crítico, con desapego a dogmas y a esquemas que como éstos limiten la libertad de pensar, luego de crear, de generar instancias mejores por superiores en la faena del pensar creativo en aras de un momento de dignidad humana, superior. Vale siempre reiterarlo, no importa cuántas veces uno vuelva sobre el asunto.

Insumiso por insubordinado
Ya próximos a culminar la lectura de este ensayo, nos viene a los ojos y a la conciencia algo capital en la búsqueda emprendida: “Si admitimos que nuestro objetivo estratégico es conciliar una elevada tasa de crecimiento económico con la absorción del desempleo y la desconcentración de la renta, tenemos que reconocer que la orientación de las inversiones no puede subordinarse a la racionalidad de las empresas transnacionales.”

Simple. Pero, nuevamente se oye aquella vocecilla musitar: “¿Y cómo?”. Furtado responde así: “Para que sean tomados en cuenta los valores sustantivos que expresan los intereses de la colectividad en su conjunto, debemos partir del concepto de rentabilidad social. Sólo una sociedad que posea una economía desarrollada y que tenga un elevado grado de homogeneidad social puede confiar en la racionalidad de los mercados para sus inversiones estratégicas. Esa divergencia entre racionalidad de los mercados e interés social tiende a agravarse con la globalización.”

Y aquí nuestro economista se explaya en torno al punto para luego concluir que “la globalización opera en beneficio de los que lideran la vanguardia tecnológica y explotan los desniveles de desarrollo entre los países. Eso nos lleva a concluir que aquellos países que cuentan con un gran potencial de recursos naturales y que tienen acentuadas disparidades sociales –como es el caso del Brasil- son los que más sufrirán con la globalización, porque su respuesta a las crecientes tensiones sociales podría ser la desintegración o la caída en regímenes autoritarios.”

Prestemos especial atención al siguiente pensamiento: “Para escapar a esa disyuntiva tenemos que volver a la idea de proyecto nacional, recuperando para el mercado interno el centro dinámico de la economía. La mayor dificultad es revertir el proceso de concentración de renta, lo que sólo será logrado mediante una gran movilización social.”

Y previene de lo que a su entender debe realizarse: “Tenemos que preparar a la nueva generación para que enfrente grandes desafíos: por un lado, se trata de preservar la herencia histórica de la unidad nacional; por otro, de continuar la construcción de una sociedad democrática abierta a las relaciones externas. Dado que las posibilidades de crecimiento del mercado interno son grandes, existe un espacio para la colaboración positiva de la tecnología controlada por los grupos extranjeros. En una palabra, afirmar que Brasil sobrevivirá como nación sólo si se transforma en una sociedad más justa y consigue preservar su independencia política. De esta  forma, el sueño de construir un país que sea capaz de influir en el destino de la humanidad no se habrá desvanecido.”
Ciertamente que no, como tampoco lo hizo el pensamiento de este gran americano que fue y sigue siendo Celso Furtado.

Independencia de criterio
Ya casi al finalizar esta primera entrega respecto del brasileño Furtado, que luego proseguirá con Prebisch, Ricupero y Ferrer, me detengo para reflexionar junto a usted sobre lo siguiente:

¿Cómo pensar libremente, cómo educar en libertad, desde las posiciones mismas de un gobierno, más aun de gobiernos de izquierda, si los funcionarios que ocupan las secretarías de Hacienda o de Economía, lo hacen en esa suerte de misa de ateo que son los famosos “almuerzos empresariales” donde se da el contrasentido, denunciado por este servidor como por tantos otros, supongo, que un funcionario público diserte en horario de trabajo en un espacio privado donde se ingresa y por ende se accede a sus palabras, pagando para tal escucha?

¿Así nos independizaremos, por ejemplo? ¿Cómo? ¿Acaso soy un extremista? Posiblemente pero sería bueno preguntar obviedades tales como si un Ministerio no tiene una sala vacía para citar también y más abiertamente desde un lugar donde el Ministro sea el señor y no el predicador invitado. Dueño del lugar y dueño de su conciencia, propagador de ideas de independencia, de esa independencia que hoy ralea, la mental.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que nos sigan ninguneando a los de a pie? ¿Hasta cuándo vamos a permitir que unos preclaros don nadie dejen a la gente sin explicación y se contenten con poner cara de póker y decir “los números son claros, las cuentas también, cierra, todo cierra: el país avanza.”

Avanza el hambre, avanza una subespecie humana, avanzan los asentamientos, las villas miserias, las favelas. Avanzan los sinvergüenzas que se escudan en supuestos conocimientos, otro nombre para el salvoconducto que reciben de los virreyes de aquellos organismos internacionales, cuando dicen que “fulano es una persona de NUESTRA absoluta CONFIANZA, que da TRANQUILIDAD a los MERCADOS”.

¿Ustedes se figuran a un mercado intranquilo? Es como querer saber el nombre del chico o de los chicos que digitan, órdenes mediante, esas nubes neuronales que luego llaman “riesgo país”, por ejemplo.

O aquellos “sondeos” que, con sede en Londres e irradiados en toda nuestra América Latina, “toman el pulso” a la realidad regional. Sí. ¡Pensemos! Y muchos asientes complacidos y creyentes en esos números mágicos tomados en todos nuestros países, puestos en la mezcladora “made in Corea” y que dan por resultado que nuestra democracia mejora o empeora, que lo que en Europa (Francia, España, por ejemplo) se llama democracia avanzada, democracia incluyente, aquí es mero “populismo”.  Para citar un ejemplo más.


En fin, que precisamos recuperar la memoria y adquirir independencia. Independencia de criterio. Aquella que le es esencial al hombre para que además, sea humano.

Celso Furtado, como otros, supo cómo lograrlo. Estudiémoslo, pues. 

Continuaremos.

[i] Furtado, Celso, En busca de un nuevo modelo, Fondo de Cultura Económica, Serie Breve, Año 2003, México D.F.

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Un portal para y por uruguayos
URUGUAY2030.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital