|
A
propósito de Chávez y Galeano
A.L.C.A.: ¡al carajo!
por Rafael Rubio
“Resulta
ciertamente inquietante que el líder contagie a sus seguidores su estilo
emocional porque eso es, precisamente lo que han hecho los demagogos y
dictadores a lo largo de la historia para alcanzar sus deplorables
objetivos. La única diferencia existente entre la resonancia y la
demagogia es que los Hitler y Pol Pot de todo el mundo han movilizado a
las masas enardecidas en torno a su mensaje destructivo.
El demagogo trasmite un mensaje emocional que suscita un tipo de
respuesta negativa, especialmente una combinación de miedo y enfado ante
la amenaza de que ellos nos ataquen y nos quiten lo que es nuestro, un
tipo de mensaje que no une a las personas en torno a una causa común
sino que por el contrario, las polariza.
El liderazgo basado en la resonancia negativa – que azuza el miedo y el
odio hacia un supuesto enemigo – es un truco barato, un modo rápido y
sucio de movilizar a un grupo hacia un objetivo común. Resulta
relativamente sencillo conseguir que un grupo comparta su odio o su
temor porque, para ello, basta con establecer la amenaza apropiada. Pero
hay que decir que, desde una perspectiva biológica, el odio y el miedo
cumplen con la función de predisponer a nuestro cuerpo a una respuesta
breve e intensa de lucha o huida ante una amenaza y que, en caso de
durar demasiado, termina extenúandolos. (Goleman, Daniel; Boyatzis,
Richard y Mc Kee, Anne. El líder risonante crea mas. 1ª ed.. Buenos
Aires; Plaza y Janés, 2003).
Extenuado debe estar el pueblo venezolano que “vive la fuga de capitales
más grande de su historia y la pobreza absoluta ha crecido desde el año
1999 al 2003 del cuarenta y tres (43 %) al cincuenta y tres por ciento
(53%) y la pobreza extrema - gente que vive con menos de U$S 1 por día –
creció del diecisiete por ciento (17 %) al veinticinco por ciento (25
%), segúin cifras oficiales del propio gobierno” (Oppenheimer, Andrés.
Cuentos chinos: el engaño de Washington, la mentira populista y la
esperanza de América Latina. 1ª ed. Buenos Aires; Sudamericana, 2005).
“Antes del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLC)
en 1994, la vieja izquierda mexicana se había opuesto al mismo,
describiéndolo como una maniobra de los Estados Unidos para colonizar
México. Sin embargo una década después, era evidente que Mexico había
ganado más que Estados Unidos, como lo señala su balanza comercial con
un déficit de 3.150 millones de dólares en el año 1994 a un superavit de
55.500 millones de dólares en el año 2004” (Oppenheimer, Andrés. op.cit).
La democracia, al decir de Alain Touraine (Touraine, Alain, ¿Qué es la
democracia?, Buenos Aires; Fondo de Cultura Económica. 1995) “es la
búsqueda de la buena vida, porque es el régimen que reconoce a los
individuos y a las colectividades como sujetos, estimulandolos en su
voluntad de vivir su vida y de dar una unidad y un sentido a su
experiencia”. Pero como también dice Alain Touraine, “no hay democracia
sin limitación del poder”.
Los uruguayos que tanto amamos la democracia, miremos económicamente a
Chile, que tiene su TLC con Estados Unidos y dejemos de lado estos
personajes que vienen a buscar enfrentamientos que a nada conducen,
personaje que dentro de poco tiempo, alguna pluma de un novelista
virtuoso latinoamericano proyectará al futuro tristemente, como ya lo
hicieron en el pasado Roa Bastos (Yo, el supremo), García Marquez (El
Otoño del Patriarca) y Vargas Llosa (La Fiesta del Chivo). LA
ONDA®
DIGITAL |
 |