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Seis puntos para atender la violación de
los Derechos Humanos en forma global
por Raul Legnani
El
tema de la violación de los derechos humanos durante la dictadura, que
no se refiere exclusivamente a conocer la suerte de los desaparecidos -
aunque es el punto más dramático y central -, requiere afinar una
estrategia de las fuerzas progresistas y democráticas.
Hay palabras y conceptos como verdad, justicia, reconciliación nacional,
paz entre los uruguayos – incluida la consigna “Nunca Más” – que se
entremezclan, que cobran significaciones distintas y que son
jerarquizadas de diferentes maneras.
Junto a esta confusa situación, se libra el debate sobre si habrá o no,
en algún momento, punto final. Parece justo sostener que en relación con
los desaparecidos no habrá un punto final, porque siempre existirá un
familiar de un desaparecido que reclame o un soldado que aporte nuevos
datos. Pero también parece claro que en algún momento el Estado y los
actores sociales deberán tener un gesto institucional o varios gestos
institucionales, con el fin de dar señales de que se llegó a una
importante etapa que hay que reconocerla como un stadium superior, por
más que pueda dar paso a otro.
Hoy en relación a toda la problemática de los derechos humanos,
vinculados a las consecuencias del terrorismo de Estado, se puede decir
que está en pleno proceso y seguramente recién comenzando. Parece
también conveniente que ese proceso en marcha no sufra alteraciones
artificiales en su ritmo de desarrollo, para que pueda culminar con
éxito y en forma relativamente rápida. Hasta ahora la estrategia del
doctor Tabaré Vázquez, presidente de la República, de encontrar los
restos óseos de los desaparecidos, con el aporte de los mandos de las
fuerzas armadas, parece tener éxito. Cualquier elemento extraño a esa
estrategia, incluso el mejor intencionado, puede generar grandes e
irreversibles cambios de rumbo, por cierto negativos. Por eso los seis
puntos que siguen, se identifican con el rumbo que ha trazado el
gobierno.
1) Qué es lo primero
El gobierno nacional ha puesto en primer lugar la reconciliación entre
los uruguayos, apuntando a que un día la sociedad logre un gran consenso
y se embandere con firmeza detrás del “Nunca Más” y establezca así una
nueva realidad política.
Se está ante un triángulo imaginario, donde el vértice superior es el
“Nunca más”. El desafío, para tener una estrategia global, es ir
colocando dentro de la superficie de ese triángulo otros, en orden de
jerarquía. Si se acepta que el “Nunca Más” es lo máximo: ¿qué le sigue:
la verdad o la justicia?, esa es la interrogante.
Todo indica que lo más conveniente es conocer la verdad, hasta las
últimas consecuencias: saber dónde están los restos de los
desaparecidos, pero también quiénes son sus asesinos y en qué
circunstancia lo hicieron. Esto lo hablita en todos sus términos la Ley
de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, en su artículo 4º.
Será el conocimiento de la verdad en plenitud lo que permitirá hacer
justicia en toda la extensión de la palabra. El solo conocimiento de la
verdad es un acto de justicia, pero es a la vez el camino que va a
permitir llegar a la justicia, si la entendemos como sinónimo de
encarcelar a los principales responsables de la violación de los
derechos humanos.
Es recomendable tener mucha paciencia, casi como el pulso de un
pescador, para que el humano deseo de justicia – por ejemplo, la nulidad
de la Ley de Impunidad – no termine por cerrar puertas a la verdad, que
en esta etapa del proceso se está haciendo con la colaboración de
algunos miembros del instituto militar.
Estamos, entonces, ante un triángulo conformado por tres, pero donde el
“Nunca Más” es el superior, sostenido por el de la verdad y por el de la
justicia.
La acción del Estado va a ser posible dentro de la Ley de Caducidad que
tuvo – en su momento - el respaldo de la mayoría de los uruguayos y que
fue parte del compromiso electoral del Presidente de la República, con
ley interpretativa o sin ella.
Se está, entonces, ante una salida en clave política, que quizás no
pueda sea interpretada por todos, pero si por una gran mayoría.
2) Los actores tienen la palabra
El otro gran asunto es si el cuerpo de actores directos o indirectos,
debe asumir la necesidad de sincerarse sobre sus actitudes, antes,
durante y después del golpe de Estado.
La Comisión para la Paz tuvo una gran virtud: demostró que en Uruguay no
hubo una guerra civil, sino que desde el golpe de Estado y durante toda
la dictadura lo que sufrió la sociedad uruguaya fue el terrorismo de
Estado.
Fue una iniciativa del doctor Jorge Batlle que se empapó de verdad –
luego quedó después demostrado que no era toda la verdad - , que quebró
ideológicamente lo sostenido por el Foro Batllista, el Herrerismo y
ciertos sectores de las fuerzas armadas, de que la tragedia uruguaya fue
fruto del enfrentamiento de dos fuerzas endemoniadas.
Esa teoría de los dos demonios quebró con las investigaciones de la
Comisión para la Paz, aunque cada tanto se la intenta revivir, con
éxitos muy pasajeros y que no calan hondo en la gente. La masiva
votación a los tupamaros en 2005 fue la muestra de ese quiebre.
Es comprensible, entonces, que desde la izquierda no se vea bien la idea
de sincerarse ante la sociedad, porque ello puede permitir que el relato
histórico de los dos demonios opaque las tremendas responsabilidades de
la contrarrevolución montada por Estados Unidos, por los poderosos
grupos económicos nacionales, por los mandos de las Fuerzas Armadas y
por los sectores derechistas de los partidos tradicionales.
Pero la izquierda tiene que asumir que en el acto de sincerarse no tiene
nada para perder, sino mucho para ganar y para generar condiciones que
construyan el “Nunca Más”, que es el objetivo fundamental.
Las fuerzas armadas y la policía tuvieron la responsabilidad de la
ejecución del terrorismo de Estado y por eso deben hablar, exhibiendo un
sinceramiento que debe llevarlas a pedir perdón. Algo de esto comenzaron
a hacerlo, aunque aún sea un proceso muy tímido, pero hay miembros de
ellas que lo están haciendo, a veces públicamente, en otros casos
reservadamente. Ese pedido
de perdón no debe ser para frenar la búsqueda de la verdad, sino para
generar un nuevo clima de respeto que acerque a la verdad.
Los partidos políticos tienen mucho para decir, particularmente aquellos
que “aportaron” hombres y mujeres de sus filas, para integrar el
gobierno cívico militar. Un caso ejemplar de esto son los dictadores
Juan María Bordaberry y Aparicio Méndez, así como el ex canciller Juan
Carlos Blanco.
También en la etapa previa al golpe de Estado, hay responsabilidades
políticas tanto desde la derecha como de la izquierda, aunque la
graduación sea distinta. La derecha tiene la responsabilidad de haberse
alineado junto a las políticas de ajuste de cuenta con los pueblos por
parte del imperialismo, lo que se concretó en los golpes de Estado: los
más emblemáticos son la caída del gobierno constitucional de Salvador
Allende y el autogolpe en Uruguay por parte del Presidente electo.
La izquierda también tiene su espacio de sinceramiento, desde el momento
que hubo grupos que tomaron las armas en el marco de una democracia
degradada, de corte autoritario pero moviéndose entre la legalidad y la
ilegalidad, mientras otros construyeron sus aparatos armados, que no
fueron responsables del luto de los uruguayos, pero que están impedidos
por la ley.
Hubo momentos de la izquierda que llevaron, no al terrorismo de Estado,
sino a la derechización de los integrantes de los institutos militares,
lo que fue reforzado por el discurso ideológico de la derecha. Se ha
dicho que hay dirigentes importantes de la izquierda que ya han
reconocido sus errores, pero lo que aún falta es que ese planteo tenga
una gestualidad explícita, orgánica, “institucional”, que ingrese con
día y año a los documentos históricos.
Dentro de este autoanálisis que se reclama, tanto a la derecha como a la
izquierda deberían reconocer que cayeron en la dinámica del mundo
bipolar. Esa dinámica llevó a que la derecha no asumiera un rol
democrático y antigolpista, actitud que sí supo asumir la derecha
italiana cuando comprendió que podía derrotar a las Brigadas Rojas, pero
sin promover el quiebre de las instituciones. La izquierda, algunos más,
otros menos, debe aceptar que la lucha de los dos mundos desvalorizó la
importancia de la democracia.
A nivel de las organizaciones sociales, también hay algo para decir. Las
cámaras empresariales, las más poderosas, parecen enmudecer ante la
aparición de los restos óseos de los ciudadanos desaparecidos, como si
estas agrupaciones no hubieran tenido una determinada postura ante el
golpe de Estado, por cierto no enfrentadas a los golpistas.
Los otros que enmudecen, son los medios de comunicación que parecen no
tener historia, ni responsabilidades, ni compromisos. Se presentan ante
la sociedad como fenómenos divinos, suprahumanos, ajenos a todo tipo de
anclaje con el mundo e los hombres. También tienen algo para decir.
3) La necesaria reparación material
En la sociedad uruguaya hay sectores lastimados por haberse comprometido
con la democracia, que soportan graves heridas que se han visto
acentuadas por el paso del tiempo. Los familiares de los desaparecidos,
así como los ex presos políticos, exiliados o militantes clandestinos
deben ser reparados materialmente. Cuando se habla materialmente hay que
decir “dinero”, que es lo único que permite sortear los desafíos
elementales que plantea la vida, particularmente cuando se llega a la
vejez.
No hay que tenerle miedo a la palabra “dinero”, que en definitiva es por
lo que luchan los trabajadores. Si no fuera así el PIT-CNT solo se
movilizaría por tikets de alimentación o por la posibilidad de
participar de la recolección libre de hortalizas para poder mantenerse.
En el caso de los ex presos, exiliados y clandestinos, se necesita una
ley jubilatoria justa y no la que ingresó al parlamento, que es mala o
muy mala. Es mala no por culpa de los autores, sino que es mala porque
no se la plantea, desde un comienzo, como un tema de reparación
democrática, sino que se la reduce al escenario de las leyes
jubilatorias.
A la vez hay que terminar de votar la ley que repara a los militares
patriotas y constitucionalistas. Estas reparaciones son parte del
proceso de crear ciudadanía.
También hay militares y policías que cayeron en el período previo al
golpe de Estado, que deben ser reparados, por más que su alineamiento en
la confrontación de la época sea justo o injusto.
4) Los ciudadanos, esos desconocidos
Ya hay una ley que votó el parlamento, estableciendo que es Día de
Conmemoración Cívica todos los 30 de noviembre, reconociendo así el
significado del plebiscito de 1980 que impidió la legalización de la
dictadura.
En muchos países del primer mundo existe la tumba al soldado
desconocido. En Uruguay, cuya gente no se identifica con las guerras,
bien podría erguir en un lugar visible, un monumento al “Ciudadano
desconocido”, vinculándolo a la gesta democrática del 30 de noviembre de
1980. Sería parte de un gran homenaje a los uruguayos que con su voto
confirmaron a la democracia en las urnas.
5) Derechos Humanos y enseñanza
La presencia de los restos humanos en la sociedad, a través de los
fuertes impactos de las imágenes televisivas, hace que el tema de los
derechos humanos no podrá ser detenido en las puertas de las aulas. Si
realmente se quiere que el “Nunca Más” sea una realidad, la enseñanza de
la historia y la educación en valores deben darse la mano. Las
autoridades de la enseñanza están trabajando en ese sentido, porque otra
actitud sería como prohibir que en las aulas se diga que en nuestra
sociedad hay pobreza.
6) Las nuevas fuerzas armadas
Es interés del gobierno que en el próximo año se considere un rediseño
de nuestras fuerzas armadas, así como la elaboración de una nueva
concepción de la defensa nacional que extermine, por siempre, la
Doctrina de la Seguridad Nacional. Esta temática, que deberá analizarse
en el conjunto de la sociedad y no solo entre los profesionales de las
armas, es un buen asunto para que sin rencores ni prejuicios, se logre
una nueva elaboración ideológica y cultural entre los uniformados de la
patria, los de hoy y lops de mañana, que los identifique con lo mejor
del pensamiento artiguista.
Punto y seguido
Este texto no tiene otras intenciones que ser una voz más en esta brega
incansable por lograr que el “Nunca Más” sea el santo y seña de los
orientales. Intenta, a la vez, sugerir que la construcción de esta
propuesta se debe concretar en clave política, tal como lo ha hecho el
gobierno hasta ahora, porque es la única forma que permite abarcar como
un todo un fenómeno complejo.
No es, a la vez, un manifiesto para ser pactado por los distintos
actores – el país está cansado de pactos - , ni aspira en temas tan
difíciles como el sinceramiento, a transformarse en un manual para los
protagonistas. Que cada quien diga lo que quiera, pero sabiendo que el
que se aproxime más a la verdad tendrá el respeto de la inmensa mayoría
de los uruguayos y por mucho tiempo.
La democracia uruguaya que será contradictoria y conflictiva, como lo
son las mejores democracias, puede tener en el “Nunca Más” el escenario
adecuado para dirimir las diferencias. Pero será, a la vez, una fuerza
ideológica de proyección de futuro. LA
ONDA®
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