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De carne
somos
Quiere decir que si aspiramos al crecimiento y el desarrollo, reconociendo nuestra carencia en materia de capacidad de ahorro propio para promover las necesarias inversiones en la economía doméstica, en consecuencia la salida no resulta otra que la de intentar captar aquellas que provengan desde afuera, para lo cual es preciso, previamente, generar el clima adecuado de estabilidad política, confianza y seguridad. Se trata, además, de configurar un resultado de nuevas inversiones con tecnología y grado de competitividad en las unidades empresariales, que contribuya a insertarnos con mayor éxito en los mercados del mundo. Pero a fin de situarnos en la realidad concreta del Uruguay de hoy, de su producción y desarrollo comercial externo, no podemos ignorar, de arranque, que EE.UU. se ha transformado en el principal destino de nuestras exportaciones. Quiere decir que aquí tenemos un primer dato ineludible; no estamos hablando en este caso de la firma de un Tratado de Protección y Promoción de Inversiones Recíprocas con cualquier país del mundo. En realidad, estamos hablando de la primer potencia económica, como país, del orbe. Asumido que esto es así, hagamos ahora un rápido repaso de lo que ello significa para ciertos sectores productivos nacionales, como lo es, por ejemplo, el caso de la carne, y todo lo que se moviliza detrás de este rubro. Ya comentamos en un artículo anterior que solamente por concepto de exportaciones de carne vacuna al país del norte, rondaremos este año los U$S 700 millones, a su vez equivalentes a las ¾ partes de total de las exportaciones del volumen físico del producto. Esto representa todo un record histórico para nuestro pequeño país. Pero esta cifra, sumada a las exportaciones del restante 25% de los mercados y al reducido aporte comercial de nuestro consumo interno, totaliza el despliegue de la actividad del complejo agroindustrial de la carne, en términos de Valor Agregado Bruto (VAB), en un orden superior a los U$S 1.000 millones. Pero lo que sucede realmente, es que la dinámica de las exportaciones liderada por las colocaciones al mercado americano, se ve reflejada en un sostenido aumento de la productividad y extracción ganadera en estos dos últimos años, en valores de la materia prima que hoy son superiores a los de la región; en el incremento de los niveles de faena e industrialización de los frigoríficos, que además les ha permitido invertir en mejoras del parque industrial; en mayor captación de divisas para el país con aumento del precio promedio por tonelada exportada; en una repercusión favorable para la multiplicidad de actividades comerciales conexas que se mueven en torno del complejo cárnico; y, como generación permanente de empleo, la sustentabilidad de más de 12.000 puestos de trabajo a lo largo de toda la cadena. Quiere decir entonces, que hablando de un rubro concreto como el de la carne que forma parte de ese 25% del total de las exportaciones uruguayas a EE.UU., es justo expresar además que implica un reconocimiento al comportamiento exitoso de los agentes productivos (ganaderos e industriales), a la gestión de ese gran capital que posee el país que es su mano de obra especializada que pocas veces se reconoce en los discursos, y a una labor comandada desde los gobiernos de gran responsabilidad en el tema sanitario. Y no debe pasarnos por alto que esta inserción exportadora de carne vacuna de Uruguay se ha hecho compitiendo con países, como por ejemplo nuestro vecino Brasil, que hoy es el primer exportador de carne vacuna del mundo, y de la Argentina. Ahora bien. Dado el primer paso de la aprobación definitiva del Tratado, este deberá ser, en una nueva proyección y motivo de desafío, la antesala de un futuro acuerdo de libre comercio. ¿Ello que significaría?. Pues nada y más y nada menos que consolidar las corrientes comerciales de los productos competitivos uruguayos con el mercado americano, ampliar los contingentes y sortear el pago de aranceles que, en el caso de la carne, representará este año unos U$S 100 millones que van al Tesoro de la Reserva Federal. Opino que en definitiva, más allá de la integración al bloque mercosuriano, Uruguay posee en sus commodities ventajas competitivas de las que podrá sacar mejor provecho, a través del desarrollo de sus vínculos comerciales directos con el resto del mundo. De ello dependerá nuestra prosperidad, nuestro trabajo como nación digna y la recuperación del tejido social crudamente desgarrado en los últimos tiempos. Claro que todo esto se alcanzará, prescindiendo de ciertos discursos ideológicos que basan su campaña en el fracaso del Tratado, pero a quienes debemos decirles que además bregaremos por sumar un acuerdo de libre comercio.
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