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El factor Evo Morales y
la América del Sur

por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira*

En 2000, el presidente Hugo Banzer lamentó que la estabilidad económica a lo largo de 15 años, durante los cuales Bolivia se presentó como modelo de libre mercado, no hubiera promovido la reducción de los índices de pobreza que en más de la mitad de la población boliviana (63%), especialmente la de origen indígena, continuaba a vivir.

El deterioro de las condiciones de vida, acelerada desde 1985, había atingido principalmente los campesinos y en el área rural, donde más de 80% de la población estaba reducida a condiciones de miseria.

En Abril de aquel año, el aumento de las tarifas de agua en la ciudad de Cochabamba, resultante de contracto con una empresa extranjera, desencadenó un alzamiento popular, que se extendió a la región de Chapare. La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) empezó entonces el bloqueo de las estradas, con la participación de estudiantes y policías, reclamando mejores condiciones de vida. Banzer suspendió el estado de sitio, tras firmar acuerdos con los campesinos, prometió reactivar de la economía y pedió perdón por los pobres que un sistema social discriminatorio estaba a producir.

Las tensiones, posteriormente, volvieron a agravarse, cuando se anunció a construcción de tres bases militares en la región de Chapare, con el respaldo de EE.UU, en el marco de la lucha antidrogas.

E manifestaciones ocurrieron contra el Plan Dignidad, que visaba a a la erradicación de los cultivos de coca, y a Ley de Aguas. Banzer tuvo de renunciar y murió de cáncer.

El liderazgo de Evo Morales se firmó. Y, según informe del Centro de Informaciones del Ejército brasileño (CIE), después que gobierno de Bolivia alcanzó un acuerdo con el consorcio internacional Pacific LNG, para inversiones de U$S 6 mil millones en la exploración y exportación de gas natural para EE.UU., cerca de 5.000 militares norteamericanos allá actuaron y soldados das Special Operation Forces (SOF) procuraron descubrir, en las regiones cocaleras de Chapare e Yungas, posibles focos de grupos armados que pudiesen resistir a las operaciones para erradicar las plantaciones de coca, pero, en realidad, con la preocupación de un posible levante indígena, liderado por Evo Morales.

Desde 1999, las SOF ya habían entrenado más de 6.000 militares bolivianos. El levante campesino ocurrió en 2003, apoyado por los mineros y la Central Obrera Boliviana (COB). Las carreteras fueron bloqueadas en protesto contra las exportaciones de gas y el presidente Gonzalo Sanchez de Lozada a renunciar, sin medios de contener los disturbios. Tras la nueva Ley de Hidrocarburos, aprobada en el plebiscito de 2004 y a ser reglamentada por el presidente Carlos Mesa, las compañías petroleras pasaron entonces a fomentar el tradicional sentimiento separatista de Santa Cruz de la Sierra, un vasto territorio muy rico, geograficamente ubicado en la cuenca hídrica de América del Sur y sustentáculo económico de Bolivia

El aplastante triunfo de Evo Morales constituye  un alzamiento popular, por medio del voto democrático, contra los programas neoliberales y las políticas de Estados Unidos. Y profundiza el cambio en el mapa político de América del Sur. Va a repercutir en Perú, donde Ollanta Humala, que lideró una rebelión militar contra el gobierno de Alberto Fujimori, basa su campaña para la presidencia en la defensa del legado inca y el libre cultivo de coca, apelando para las comunidades ashaninka y aymaras. Y también influirá seguramente en el Ecuador, país con vasta población indígena, donde la oposición  eligió al coronel Lucio Gutiérrez y una incontrolable  rebelión popular en 2005 lo abatió después que el la traicionó. Y Bolivia todo indica va a adherir pronto al Mercosur.

El gobierno de Morales enfrentará muchos desafíos. Es probable la resistencia en Santa Cruz y Tarija, que se oponen a la nacionalización de los hidrocarburos y reclaman mayor autonomía y participación en esos ingresos. Cualquier tentativa de secesión de las provincias orientales, sin duda, está destinada al fracaso. No tendrá ningún suporte de Brasil y de Argentina. Pero podrá crear graves problemas para Morales, que no cuenta con las simpatías de Washington. La secretaria de Estado, Condolezza Rice, luego declaró que “el tema para nosotros será observar si el gobierno de Bolivia gobernará democráticamente”.

Ella no tiene evidentemente autoridad para hablar de democracia, cuado, con el Patriot Act, escucha ilegal de teléfonos, campos de concentración y prisiones clandestinas en varios países, bajo el pretexto de la guerra contra el terrorismo, el presidente George W. Bush intenta montar en EE.UU. una dictadura de la extrema-derecha del Partido Republicano, bajo el pretexto de la guerra contra el terrorismo.

Luiz Alberto Moniz Bandeira: politólogo e historiador brasileño, ha sido catedrático de la Univer-sidad de Brasilia y visitante en las universidades de Heidelberg y Colonia. Autor de más de 20 obras sobre relaciones económicas e internacionales, entre ellas: Presença dos Estados Unidos no Brasil. Dois Séculos de História; Brasil-Estados Unidos: A Rivalidade Emergente; Conflito e Integração na América do Sul. Brasil, Argentina e Estados Unidos (Da Tríplice Aliança ao Mercosul). Palabras clave: integración, ALCA, Mercosur, Estados Unidos, Brasil. Su ultimo Libro  Formação do Império Americano - da guerra contra a Espanha à guerra no Iraque (Civilização Brasileira).

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