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IV - Bolivia, ser o estar
Así, nada mejor que ir a la fuente misma del pensamiento originario y qué mejor que hacerlo de la mano del referente primero sea en Bolivia bien como en el resto de América: el Amauta (sabio) Fausto Reinaga. Este hombre que fuera Profesor de Filosofía, escritor con una vasta e importantísima obra de la que paulatinamente iremos dando cuenta, una a una, supo ser, además, protagonista de su tiempo y de su pueblo. Comprometido desde siempre con lo social, hizo de su verbo acción para la defensa permanente de los pueblos originarios de América sin medir consecuencias en lo personal. Partícipe entonces de las cruciales instancias que viviera Bolivia a lo largo del siglo XX el Amauta Fausto Reinaga pasó a ser referente de América a la vez que entusiasta propagador antes que de una ideología de una manera de ser y comprender al otro. Vale pues esta entrega como preámbulo al estudio de una obra tan rica como indispensable resulta ser, a mi entender como al de tantos otros especialistas en la materia, al conocimiento de todo aquel que quiera interesarse por la realidad tan acrisolada de nuestra región. Por ello, adentrarse en el INDIANISMO, antes que conocer un ritual o una pócima, refiere a dar comienzo al conocimiento de una filosofía de vida tan profunda como estimulante al desarrollo integral del ser humano en relación con los otros. Es decir, el INDIANISMO no es, todo lo contrario, una caparazón para la autodefensa y valorización única y por consiguiente demonizadora de las otras sino que resulta ser como dijéramos una cosmovisión que amiga al hombre y a la mujer con la naturaleza, le da un sentido de lo trascendente que el bullicio del Occidente tantas veces nos impide ver y además, permite nos nutramos de una sabiduría que podrá auxiliarnos a aminorar nuestra habitual corrida en pos de esto o aquello para darnos tiempo a sopesar aquello que es esencial al ser humano: el sentido de la propia existencia, en comunidad. Como manifiesta la señora Hilda Reinaga, hija del Amauta, en su revista Mallki[i] , accesible en la página web de la Fundación Fausto Reinaga que ella dirige, el indianismo “es un movimiento ideológico que busca la liberación y la recuperación del poder político por el indio.” “Es”, asimismo, “la pedagogía que no intenta clavar con martillo el clavo de la cultura devastadora, es la teoría que pretende entender que en la cabeza del indio hay un mundo oprimido, UN SISTEMA SOCIAL OPRIMIDO, una historia oprimida, una cultura oprimida, en suma una vida oprimida.” Opresión, reitero, que no lleva al pensamiento indianista a un camino ciego en donde se postule la violencia por la violencia en sí ni se de curso a un odio producto de siglos de violencia en contra de los pueblos originarios de América. No.
El ser y el verbo Dice el Amauta en su obra “La Razón y el Indio”, publicada en La Paz, en el año 1978 (accesible también en la revista Mallki antes mencionada) que “como de la lengua maya salen todas las lenguas, la voz elocutiva que nombra el SER, la palabra que expresa SER en maya, aymará y queswa (quechua, para nosotros) es CAN.” CAN (SER) abarca, leemos, lo objetivo y lo subjetivo. Lo abstracto y lo concreto; lo ideal y lo real. “Para el pensamiento maya”, manifiesta Reinaga, “constituye lo universal de la Naturaleza y de la propia persona humana. Naturaleza y hombre existen hermanados en la vida, y cumplen su misión. CAN es el gran todo, es lo cósmico; es número; es cuadrado; es círculo; es sabiduría; es filosofía; es religión; es enseñar y aprender; es guía; es jefatura; es raíz; es presente, pasado y futuro, pues modifica el tiempo de los verbos y, por último, es el hombre que como ser de energía, lo mismo que el Sol, la Tierra, la Luna, y con su nombre se forman numerosas acepciones, como CANAN.” Como verán, esto debe ser sopesado y pensado, dejado en suspenso para que interiormente vayamos tomando poco a poco conceptualizaciones tan vastas como profundas. Abarcadoras que a la vez pautan y dan indicios del cómo y el cuándo de la visión de vida de una gente que, convengamos, no está en sintonía con el mercado profano de las cosas por las cosas en sí sino que, primeramente, toman a la vida, a toda vida, con reverencia y consideración superior. No hablo de endiosar personas o etnias, menos aun denostar creencias actuales o pasadas sino que digo del debido tiempo que nos debemos dar, regalar, para respirar hondo y poder pensar DESDE UNA MIRADA DISTINTA a la comúnmente dada en el occidental supuestamente ilustrado o moderno si lo prefieren, para no confundir con “preparado” o “intelectualizado”. Pequeñas pautas que dejaré en esta entrega para preparar el ánimo y el ambiente para nuevas aproximaciones a un mundo que sin tener que tomarlo como propio, bien nos hará el conocerlo y, poco a poco, buscar comprenderlo porque de eso se trata la vida, ¿no es así? De intentar, y lograr entender al otro, al diferente, al desconocido. Pese a que sea lo nuestro, a que nosotros seamos, quiérase o no, parte misma de esta Amerindia, sino por sangre, por atmósfera, por circunstancia de vida.
El tiempo Ganas no falta de traer a consideración citas tanto de Hegel cuanto de Heidegger, uno desde su Fenomenología del Espíritu y su consideración del saber y del concepto, como el otro desde su obra “Ser y Tiempo” como así también desde el ensayo, para mí capital: “Serenidad”. Pero no, no contaminemos, no aun en todo caso, y digo contaminar cuando puedo decir también contraponer dialécticamente uno y otro universo conceptual. Esperemos.
Veamos. Dice así: “El individualismo es Occidente. Y América, comunidad.” Simple. Y profundo. El átomo, el individuo, versus el ayllu, la comunidad. Pero antes manifestaba lo siguiente: “Pasado, presente y futuro, no son nada. No tienen contenido ni significación. La concepción amáutica del tiempo es circular. El tiempo amáutico es redondo. La vida amáutica es redonda.” Y agrega entre tanto, una frase a mi ver, capital: “Nada es línea recta; todo es círculo.” Puesto que toda su visión es trascendente, comprende el aspecto divino de la vida y todo lo que en ella se da.
La muerte Es decir, al decir de lo eterno habla una verdad porque la vida no muere, lo que muere es el yo. Veamos. Morirá un día, que espero no sea ni hoy ni mañana, este ser llamado Héctor Valle y con él su historia personal. Vivirá la vida que animó a Héctor Valle tanto en la tierra negra cuanto en el firmamento y luego en la sonrisa de otro ser. Morir, pues, mueren nuestras vanidades. Morir, eso es lo que teme un occidental, no a la muerte porque esta, en esencia, no se produce o si se produce, es ajena “a mí”, pues lo que me ocupa es mi persona, mi sentir. En cambio, en el pensamiento amáutico la preocupación está dada en toda la vastedad de la vida. Y en el respeto a la misma, a la Pachamama, a la naturaleza. Al todo. La circularidad del tiempo habla de una concepción no utilitaria de la existencia puesto que el centro está focalizado en el modo de vivir y no en el tiempo de vivir, en la consideración para con el otro y no en el apetito, en la voracidad de mi yo, en el vano intento de, recordando a Rodolfo Kusch, “ser alguien”. Esa lucha permanente que tenemos, admitámoslo, por favor, por el reconocimiento social. Que nos de paz. Que reconozcan que existimos. Lo que también habla de la falta de contenidos que suelen tener nuestras vidas toda vez que nos alejamos de lo central para irnos a lo periférico, al reino de lo utilitario que es el pretender encapsular la nada, darle nombre y luego rendirle pleitesía, como si fuera un dios... Dioses que el hombre crea cuando busca algo que mitigue su soledad, su falta de armonía con el todo, con la vida.
El cosmos Lo que refuerza lo que antes dijera y da mucho más contenido a un pensamiento que, como el amáutico no debe emparentarse con ideología occidental alguna porque estaríamos incurriendo en un gravísimo error que nos llevaría a extrapolar algo que no tiene asidero ni lugar en la cosmovisión de estos pueblos. La realidad está compuesta por prismas y es vano pretender conocerlos a todos. Podemos sí, ir conociéndolos uno a uno y así, paulatinamente, armar un vitraux poli cromático. De a poco iremos componiendo la imagen que dará curso a una comprensión tan anhelada como indispensable. Pues se trata de nuestra gente, de nuestra América; la América India y Originaria, la América Profunda. LA ONDA® DIGITAL |
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