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El balotaje en Chile: Bachelet
ganaría por más de ocho puntos

por Carlos Zapiola

La Concertación, con su abanderada Michelle Bachelet va por su cuarta Presidencia consecutiva pero la primera para una mujer, en un país, dónde hasta a su rival en la carrera por La Moneda se le tilda de machista.

Si uno le hace caso a las encuestas seguramente no se sorprenderá al leer que la mayoría de las mujeres sienten que efectivamente Chile es un país dónde predomina el machismo y que esa puede ser una de las ventajas que tenga la Bachelet en esta contienda: esa búsqueda del voto femenino por un lado, y los estratos más bajos sociales que votaron por Lavín en Primera Vuelta, marcaron los caminos por los que el Comando dirigió su campaña.

Cuesta desde Uruguay acostumbrarse a un Marketing político diferente, en el que se incluyeron tanto en Primera como en Segunda Vuelta debates entre los candidatos presidenciales, absolutamente innecesarios e inoperantes para la candidata de la Concertación, y que solamente sirvieron a su rival actual, el empresario Sebastián Piñera para desbancar de la candidatura de Alianza por Chile a Joaquín Lavín.

No vamos a hacer toda la historia de cómo se llegó a este enfrentamiento dual que nació con una disputa entre Soledad Alvear y Michelle Bachelet definida por las encuestas –para que muchos empiecen a comprender el valor que las mismas tienen en medir intenciones de voto, aunque se pueda discutir si además no son en alguna medida formadoras de opinión-, en las que la candidata de la Democracia Cristiana con un muy buen perfilamiento en el 2000, no logró frenar la embestida de la candidata socialista.

En esa historia también se entremezcla la lucha por la hegemonía de partidos dentro de la Concertación, donde Alvear representaba la Disidencia dentro de su propio partido, lo que le costó apoyos y colaboraciones en la campaña pre presidencial.

Sin que la sangre llegara al río, aunque se derramó, Michelle Bachelet surgió como la figura que toda la Concertación llevaría como candidata a la Primera Vuelta.

Todo hacía presumir que su rival sería el ex Alcalde de Las Condes –uno de los barrios de mayor poder adquisitivo de Santiago-, perdidoso candidato en las presidenciales de 1999 por escaso margen y luego electo como alcalde por Santiago Centro, un conglomerado donde votan 250.000 personas pero que está habitado por 1.500.000 todos los días. Allí no obtuvo una actuación parecida a la que lo había catapultado de Las Condes a la cercanía del sillón presidencial, y su nivel de aprobación bajó sensiblemente, lo que dio pie para la aparición de una segunda candidatura en Alianza por Chile, la de Sebastián Piñera, quien a la postre le arrebataría la posibilidad de poder lograr llegar a Segunda Vuelta en esta campaña con elección el 11 de diciembre pasado y segunda vuelta el domingo 15 de enero.

Nadie pensó jamás en Alianza por Chile que podía ganar uno de sus candidatos en Primera Vuelta, y el Comando Bachelet, junto a algunas desgraciadas manifestaciones de la candidata hicieron que tampoco ella consiguiera lo que tenía muy cerca de la mano, pero gruesos errores estratégicos y de discurso le impidieron.

Por otra parte, en Chile se votó en diciembre parte del Parlamento, allí la forma de elección hizo que Juntos Podemos, la alianza del Partido Comunista, el Humanista y otros grupos menores como el MAPU y la Izquierda Cristiana, que juntó algo más del 5 % de los votos a Presidente, no lograra ningún escaño parlamentario. El sistema binominal que se aplica y que ahora está camino a una reforma que lo elimine para siempre hizo que los votantes de Hirsch apoyasen a candidatos de la Concertación en el corte de boleta parlamentario.

El acuerdo que el Partido Comunista logró con la concertación para eliminar este sistema hará que vuelque sus votos a la Bachelet en la Segunda Vuelta oficialmente, algo que de cualquier manera hubiera sucedido, pero que como organización necesitaba hacer para indicar que el crecimiento en sufragios que ésta va a tener en Segunda Vuelta, es de sus compañeros de ruta en este período.

La búsqueda que hace el Comando Bachelet del voto femenino es una buena jugada política, que enfrenta y supera la idea de Piñera de jugar a que es “más Presidente”.

Luego del debate de la semana pasada, más allá que no hay encuestas que digan lo contrario, Bachelet se aseguró la Presidencia, en un debate que seguimos sosteniendo no debió darse, pero del que no salió mal parada, más que por méritos propios por los errores de elección de temas que hizo el Comando Piñera.

Este intenta lograr el voto del centro, haciendo permanente mención al pasado demócrata cristiano de su padre y a líderes de pequeño vuelo de ese partido que han decidido creer en su promesa que el humanismo cristiano está vertebrado mejor tras su candidatura.

Pero el lastre que le significa la UDI de Lavín, a quien ahora se reconoce con un pasado pinochetista, cosa que no había sucedido en la campaña anterior, necesaria para intentar superar nuevamente a la Concertación en esta Segunda Vuelta (recordemos que en Primera fue Alianza por Chile algo más que aquella) hace poco creíble que el nuevo gobierno sea siquiera cercano al centro.

Piñera votó el No a Pinochet en el Plebiscito del 88, pero luego se fue con la RN (Renovación Nacional, su partido) a apoyar a Buchi contra Alwyn y eso se vuelve a pagar en el Chile de hoy.

Con un sistema en el que las mujeres votan en unos y los hombres en otros circuitos, la Corte Electoral de Chile consigue en pocas horas lo que en Uruguay depende de las encuestadoras: anunciar el resultado de la elección en un lapso razonable.

Como no va a haber fraude porque a nadie le interesa hacerlo, y el 50 % más uno ya lo consiguió la Concertación en Primera Vuelta solamente falta esperar el guarismo con el que obtendrá el triunfo Michelle Bachelet, más allá de algunas declaraciones de colaboradores suyos como Sergio Bitar, que sintiéndose ofendido por expresiones de Piñera en el último debate salió a luz pública con infelices declaraciones que debieron ser defendidas por la candidata oficialista aún a riesgo de perder algunos miles de votos.

La continuidad en Chile está asegurada, la ventaja final puede rondar algo más de 8 puntos porcentuales –mucho más fácil que la que llevó a Lagos a la Presidencia-, y además la electa mujer contará con mayoría absoluta en el Parlamento, cosa que no había tenido hasta ahora ninguno de los anteriores mandatarios, cercados por ese invento de Pinochet que fueron los hoy desaparecidos constitucionalmente Senadores Vitalicios.

Chile va a seguir por el camino que lleva, y más allá de los cambios que puede manifestar una nueva conductora del país, por su propia forma de ser, no retrotraerá lo andado desde 1990. Tampoco esperamos que por su origen socialista se marquen grandes cambios con los presidentes que le antecedieron, y la historia dirá cuánto está dispuesta en apuntalar el MERCOSUR, ese instrumento que no termina de encontrar el andador que lo haga caminar definitivamente.

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