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Los Consejos de Salarios En el 2005 se han escuchado voces que sostienen que hay desencantados con algunos aspectos que el Gobierno defendió a capa y espada en el tema relaciones laborales. Es verdad que ello ha ocurrido, ya que la voz de los empresarios se levantó airada, a través de la Cámara Nacional de Comercio, cuando se aceptaron por las autoridades que pudieran tener fuero sindical algunos trabajadores, lo que dañaba según ésta la posibilidad de decidir quien labora en una empresa, unido todo al derecho de ocupación de los lugares de trabajo como método de acción sindical, resistido por connotados voceros del Partido Nacional. El que no es dependiente y trabaja de alguna manera para los que no lo son, siente muchas veces como propio este tema, aunque su relación con el BPS o la DGI sea de Empresa Unipersonal o similar, la que muchas veces oculta otra forma de vinculación o que es impuesta por los patrones como la única para mantener el trabajo. Resumir el tema a que de una parte están los amparados por el sistema Social y por otra los que no lo están, puede llevar a efectuar categorizaciones y a sacar conclusiones supuestamente basadas en estudios con base sociológica o politológica totalmente alejados de la realidad. Claro que en primer lugar se puede basar uno en que la inmensa mayoría de los asalariados ahora han conseguido que lo que reciben mensualmente, buena parte de ello en negro de diversas formas Convenios Salariales mediante, se han transformado en pagos totales al BPS o las AFAP. Esto es muy claro que no es así. Como hemos podido comprobar en estos días al concurrir a pagar algunas de las tarjetas de crédito que poseemos, ya hay trabajadores que se quejan por los incumplimientos que se hacen de los mismos por su patronal, y sabemos –aún cuando hasta los propios supuestos beneficiarios de esos acuerdos deberían ser quienes hiciesen la denuncia- que hay muchos que pagan por debajo de lo convenido, siguen manteniendo a sus trabajadores fuera de la Previsión Social, y hacen lo posible por impedir la sindicalización de los mismos, usando diversas técnicas, la más vieja de todas la de dividir para reinar, es decir, no dejar que personas que no tienen contacto entre sí por el tipo de actividad, logren reunirse para enterarse y reclamar que hay derechos que respetar. Esta es la verdadera situación de los asalariados al comenzar 2006, y en nada se diferencia de aquellos que reciben diversas prestaciones sociales, oficiales o privadas, que los ayudan a mantenerse cuando de evaluar la actuación gubernamental se trata. Conocido es que grandes aumentos de salario real no se dieron en casi ningún área, en parte porque la idea que manejaron los dirigentes sindicales y los representantes oficiales en los Consejos de Salarios fue el de fijar como base lo más alto que se podía documentar en categorías en buena parte obsoletas si se manejan en 2005 las vigentes en los anteriores consejos, de 1987 cuando mucho, y que esas remuneraciones, totalmente alejadas de la realidad beneficiaron claramente al sector empresarial. Eso, sumado a la inexperiencia y falta de conocimiento del mercado por parte de los negociadores del lado de los trabajadores facilitó la tarea a muchos que jamás tuvieron voluntad de mejorar la condición social de los mismos. Son las reglas del juego. Sin embargo, es la propia existencia de la instancia Consejo de Salarios la que hace que los trabajadores den altas calificaciones a la actuación gubernamental. Que había muchísimas personas fuera de planilla, en negro, que pasan a estar en ella, lo aseveran cifras récord de afiliaciones al BPS que se han dado. También se ha dado un incremento en los valores de los salarios declarados en las planillas del BPS, aquello que se cobraba en negro –generalmente una parte muy significativa– y únicamente una pequeña fracción en blanco, que pasaron a pagarse casi completamente o completamente en blanco. Este tema suele quedarse en el tintero cuando los empresarios hablan de los resultados que han tenido los Consejos de Salarios. Porque demuestra como actuaron durante años, cuál fue la actitud de respeto que tuvieron para con sus trabajadores, llegando algunos a apropiarse durante años de dineros que correspondían a los mismos, les eran retenido y nunca volcados a las arcas estatales. De este tipo de empleadores, sin ética, que gozaron del esfuerzo ajeno está empedrado el camino del infierno. Es más, algunos hicieron aportes por trabajadores que poseían en negro o casi en negro, muchos años después de lo debido, y se dio, por primera vez en años que fueran procesados por apropiación indebida algunos empresarios que nunca volcaron a las que llamamos arcas oficiales, lo que era su obligación hacer por haberlos descontado y retenido. El Gobierno ha logrado que aquellos a los que han llegado estos beneficios vean su actividad como positiva en esa área, pero nada tiene que ver eso con la intención de voto que manifiestan estos ciudadanos, si uno pregunta hacia 2009. Es que la desocupación no varió a lo largo del año. En buena medida porque los empleadores quisieron asegurarse que la política económica no variaba demasiado, y que además los Consejos de Salarios no los obligaran a gastos –reparto de torta en lenguaje popular-, que nunca estuvieron dispuestos a aceptar u otorgar, y como vimos hay algunos que tampoco a cumplir. De cualquier forma debemos remarcar las diferencias que se dan, entre aquellos que se auto consideran representantes de los trabajadores o lo son, y aquellos trabajadores públicos o privados, o gente desocupada que también la hay, que creyeron por razones políticas que una vez que se diera el cambio presidencial, los aumentos salariales se iban a dar a los cinco minutos y solucionarían todos sus problemas en otros dos. Hubo quienes han obtenido mejoras, otros no, mas ninguno de ellos ha conseguido la panacea, ni salvar su vida por cinco años. Los trabajadores públicos a quienes se considera equivocadamente como muy tranquilos porque no hay forma de echarlos, han planteado reivindicaciones que a los privados, que en todos estos años se habían visto desprovistos de las mismas pueden sonar desmesuradas, pero todo es cuestión de medida. No es posible hacer un análisis de lo que opinan los uruguayos haciendo categorizaciones de esta forma. No es serio. Pero hay quienes las hacen y se sienten intocables y por encima de muchos cuando las efectúan. Son fracasados a futuro, que disfrutan hoy de un inmerecido reconocimiento, pero que algún día se verá como se les cae la careta y serán quemados en la hoguera de la Inquisición de la Opinión Pública. Prometemos abundar sobre todo esto en próximas semanas. LA ONDA® DIGITAL |
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