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Parte-l:
Democracia vs. Tecnocracia
¿Adónde vas Europa?
IV – Pierre Bourdieu: el intelectual
comprometido
por Héctor Valle
Al hablar de otros,
indirectamente nos estamos mostrando. Sea porque en nuestra posición
asumida y exteriorizada, damos cuenta de nuestra forma de pensar y
observar, bien por el tópico bien como el sujeto, eventualmente, al que
asignamos el rol de contraparte en esta reflexión compartida que
principia en mí y continúa –recreándose-, dialécticamente, en usted.
Así, al abordar al continente planetario como objeto de análisis de la
contemporaneidad, bien como en otro trabajo centralizo la observación en
y desde la América del Sur, pretendo abordar características
sociológicas y políticas de presunta, para mí al menos, relevancia y que
por lo tanto debemos darnos tiempo para reverlas y exponerlas en sus
distintas aristas.
Por ello, Europa no es el enemigo y menos aun, el anatema, aunque la
Europa comunitaria sea, o pretenda ser, una vez más, el vagón de cola de
una locomotora que va en pos de las cosas dejando tras de sí lo humano
que el hombre supo comenzar a conquistar desde la misma Francia en 1789.
El sociólogo francés Pierre Bourdieu, ya fallecido, ha dejado una
importantísima obra científica como una ejemplar estela de vida en tanto
que, ocupado de cuestiones de su especialidad, lo hizo desde y con los
otros, siempre, con la declarada finalidad de respetar, al buscarla
incansablemente, la dignidad del hombre en democracia.
Bourdieu, además, participaba activamente de la vida social y de los
conflictos que, en la dinámica cotidiana de los pueblos, se suscitaban.
En una de estas circunstancias, el sociólogo fue a dar un discurso ante
un grupo de trabajadores en huelga en una fábrica parisina, allá por
diciembre de 1995 , donde por ejemplo, manifestó lo siguiente: “Estoy
aquí para expresar nuestro apoyo, a todos aquellos que luchan, desde
hace tres semanas, contra la destrucción de una civilización asociada a
la existencia del servicio público: civilización de la igualdad
republicana de los derechos, a la educación, a la salud, a la cultura, a
la investigación, al arte y por encima de todo, al trabajo.”
Agregando: “Estoy aquí para decir que comprendemos este movimiento
profundo, es decir, la desesperanza y las esperanzas que allí se
expresan y que también nosotros experimentamos.”
Luego quise presentar a este hombre en una actitud común a lo largo de
su vida: la del compromiso con la gente, en el terreno de la gente: la
misma calle, la misma actividad societaria y no un pseudo intelectual
encerrado en la torrecilla de una supuesta fortaleza –fuerza de piedra
para tan sólo una edificación mayúscula que si carece de contenido
humano, léase responsabilidad social, es tan vana y fría como la materia
misma de la que está construida.
Por el contrario, Bourdieu, consideraba el decir como extensión misma de
la prédica activa, teoría y praxis en permanente diálogo, filosofía de
la acción de una conciencia crítica tan viva como regeneradora de una
reflexión que buscara, y continua haciéndolo en quienes siguen el
predicamento sociopolítico de este francés ejemplar, una sustanciación
en la conquista de posiciones que beneficien al ciudadano y a la
ciudadana y alejen la cosificación que busca convertirlos en meros
consumidores al tiempo que, al estar de sus primeras manifestaciones
arriba indicadas, se pretende, y esto sucedía y sucede en la Unión
Europea, sustituir lo público por su atomización en individualidades con
intereses, restando sentido democrático a la misma Europa y
convirtiendo, o intentándolo –aun sin éxito claro- que todo gire en
torno a un banco central europeo y no a un Estado.
Y este estado de cosas sucede cuando quienes tienen a su cargo el manejo
de la cosa pública, creen que ser los destinatarios exclusivos del saber
y de la razón. Patología de la razón o, peor aun en no pocos casos,
razón de Estado, que ensombrece y presagia males aun mayores toda vez
que van, por la fuerza de los hechos, en innumerables medidas de corte
administrativo, quitando esencia y sentido al ser democrático de una
sociedad, de un Estado.
Así lo dice Bourdieu, a renglón seguido: “(...) Para estos nuevos
gobernantes de derecho divino, no sólo la razón y la modernidad, sino
también el movimiento y el cambio, están del lado de los gobernantes, de
los ministros, de los patrones o de los “expertos”. La sinrazón y el
arcaísmo, la inercia y el conservadurismo, del lado del pueblo, de los
sindicatos y de los intelectuales críticos.”
Es así, exactamente así aunque hayan pasado más de diez años del
discurso ahora analizado. Pues es, creo yo, como debemos entender este
preciso momento de nuestras vidas, una vez que el francés hoy recordado,
maestro prestigioso y ejemplo que vale como referente de lo que
significa ser hombre, -hablo de un ser erguido y recto de espíritu- no
teme, como no debemos nunca temer, a resistir y mismo a combatir, a
pensar como a actuar, grupalmente y con responsabilidad social en pos
del rescate de los valores y condiciones de vida que todo hombre y toda
mujer de a pie merece y tendrá.
Dice más: “Esta nobleza de Estado, que predica la desaparición del
Estado y el reino sin reserva del mercado y del consumidor, sustituto
comercial del ciudadano, se ha apropiado del Estado, ha hecho del bien
público un bien privado, de la cosa pública, de la República, su cosa.”
De esto mismo alertaba en otro documento, del funcionario-privatizado,
de aquellos que, por ejemplo aunque su título sea, digamos, minimalista,
se creen la reencarnación del Cardenal Richelieu y pretenden, bajo la
aparatosa discreción de la que nos advirtiera Borges, dar prueba de su
“brillante intelecto”, tomando para sí un tipo de gestión de la cosa
pública, pongamos por ejemplo la economía, buscando una mejora en la
recaudación del Estado, con lo cual lo macro del mismo, al lograrse en
un porcentaje mejor, da lógicamente resultados vistosos pero que en nada
condicen con una mejora sustantiva en el nivel de vida de la gente de a
pie pues NUNCA SE PLANTEARON NI PLANTEARAN UNA REDISTRIBUCIÓN JUSTA Y
EQUITATIVA DEL INGRESO.
Más aun: estos pequeños candidatos a Richelieu, presentes sin duda
también en estas latitudes, se sirven de subalternos preparados y
sustentados por terceros, para desarrollar su plan que no es sino la
expresión misma de un cipayaje tan cobarde como pobre de ideas. Pobreza
que nace de la misma falta de intelecto y carencia de pensamiento
reflexivo en estos seres, futuros parias en organismos internacionales,
ellos y los suyos, que sin ningún empacho revierten programas
presentados previamente a la ciudadanía y hacen lo que consideran
“justo”.
Estos N.N. de la razón sensible y de la conciencia crítica no deben
merecernos reparo alguno en denunciarlos y enfrentarlos, no desde lo
personal, no, sino desde la gestión y la misma esencia de su cargo, que
no es de ellos sino que lo invisten aunque en casos como los aquí
descritos, los desvisten, quitándoles dignidad y proyección democrática
y humanista.
Bourdieu lo asevera de esta forma: “Lo que hoy está en juego, es la
reconquista de la democracia contra la tecnocracia: hay que acabar con
la tiranía de los “expertos” al estilo del Banco Mundial o del FMI, que
imponen sin discusión los veredictos del nuevo Leviatán, “los mercados
financieros”, y que no pretenden negociar sino “explicar”. Hay que
romper con esa nueva fe en la inexorabilidad histórica que profesan los
teóricos del liberalismo. Hay que inventar nuevas formas de un trabajo
político colectivo, capaz de constatar las necesidades, principalmente
económicas (lo que puede ser tarea de expertos) pero para combatirlos y,
si es el caso, para neutralizarlos.”
Por tanto, este encuentro con Bourdieu, que apenas da comienzo con esta
entrega, busca rescatar, a ejemplo del Maestro, el deber y el derecho
del intelectual como de toda persona que siente su compenetración con lo
social una vez que el hombre es en relación con otro hombre.
Y debemos, sí, confrontar con este tipo de poder desde el mismo plano,
el científico, pero con los argumentos de una razón sensible antes que
desde la acción patológica de una razón como la de los cipayos
mencionados que apenas buscan agradar a sus amos, estén estos donde
estén, las más de las veces ubicados virtualmente y a quienes nunca
verán estos émulos de Richelieu aunque sin las dotes intelectuales de
aquel oscuro funcionario.
Tendrán estos minúsculos hombres el poder y la palabra mientras usted y
yo, desde nuestras posiciones sociales y en el ejercicio mismo de la
democracia participativa, queramos y consintamos que tengan. Nos cabe,
pues, valer nuestra condición ciudadana y no cobijarnos en un paraguas
del consabido “¿Qué puedo hacer yo si son todos iguales? No, lo son si
nosotros, usted y yo, repito, se lo permitimos, si nos callamos, si nos
dejamos estar, si miramos para otro lado y dejamos que nuestros hijos y
los hijos de nuestros vecinos deambulen en busca de limosnas en trabajos
temporarios mientras traemos de apuro una flauta con algo de queso para
encender la cajita mágica y escuchar, en horario central, la siguiente
noticia: “Dice, N.N. que los números de la macroeconomía del país
demuestran, palmariamente la mejora sensible que hemos tenido en este
año...” Por favor, pensemos, seamos honestos y hagamos valer el coraje
cívico que, a ver si miento, animó a nuestros padres. Y ni qué hablar de
nuestros abuelos y bisabuelos. Muchos que vinieron de tierras europeas
huyendo del hambre y de aquel instituto dantesco, el mayorazgo –que por
otra parte fuera el sostén de un aparato eclesiástico que hoy cimbra por
la falta de aquel.
Comprometámonos, seamos ciudadanos. Y no apenas, consumidores.
Bourdieu es un ejemplo, que habremos de continuar analizando. Esto
apenas fue el inicio de una reflexión compartida. Ahora le toca a usted
recrearla; dialécticamente.
hectorvalle@adinet.com.uy
[1]
Bourdieu, Pierre, Combatir a la tecnocracia en su propio terreno
– Publicado en Liberation el 14.12.1995, traducido por O.
Fernández y ubicable en el sitio: http://cariari.ucr.ac.cr/~oscarf/bourdie2.html LA
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