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Uruguay y su izquierda
merecen respeto
por Raúl Legnani
Uruguay
merece respeto. Por su historia como país, pero también por la historia
de su propia izquierda que es hoy la fuerza política que gobierna.
Los que vivimos al oriente del Río Uruguay tenemos nuestra forma de ser,
ni mejor ni peor que la que tienen los pueblos hermanos y vecinos. Pero
hay que recordar que desde José Artigas en esta banda no prosperaron las
propuestas monárquicas y que aquel hombre que estaba dispuesto a pelear
con perros cimarrones fue el único líder sudamericano del siglo XIX que
planteó el tema de la tierra, para que los más infelices fueran los más
privilegiados.
Nuestra mejor historia es ajena a toda política imperialista, aunque
entre 1865 y 1870 coparticipamos, junto a Brasil y Argentina, de lo que
se llamó la Triple Alianza, que ahogó en sangre el desarrollo
independiente de Paraguay. Esa guerra fue y es una verdadera mancha que
llevamos en nuestra conciencia como pueblo.
Nuestra sociedad estuvo siempre abierta a los perseguidos del mundo.
José Batlle y Ordónez le abrió la puerta de nuestra patria a los
anarquistas argentinos que huían de su país, entre ellos a mi abuelo
materno, don Otto Niemann. Lo mismo hizo con los perseguidos de Brasil,
de Chile y de Europa. Fue así que aprendimos a convivir con otros
rostros, otras ideas, otras culturas y otras sensibilidades.
Nuestro país merece respeto, más si tenemos en cuenta que la hermandad
con los vecinos viene de lejos. Solo basta recodar al viejo Artigas, en
aquellos años un hombre joven, que en 1807 fue a defender a Buenos Aires
de la invasión de los ingleses y en esa época no estaba Alfredo
Zitarrosa para alertarnos con su canto: “Ay, los gringos, que se nos
vienen, que se nos vienen”.
Uruguay merece respeto, como desde la misma manera merece respeto la
fuerza política que hoy gobierna, que es la más antigua de América del
Sur entre las fuerzas gobernantes progresistas de la región: el Frente
Amplio nació en 1971, el Partido de los Trabajadores de Brasil en 1980,
el Movimiento al Socialismo de Bolivia en 1987, la Concertación de
Partidos por la Democracia de Chile en 1989, el Movimiento V República
de Venezuela en 1994 y el Frente para la Victoria de Argentina en 2002.
Esta fuerza política uruguaya, que hoy gobierna, fue y es solidaria con
Cuba y estuvo donde hubo que estar cuando llegó la hora de tirar la
dictadura de Somoza, donde fundadores del FA, como Meme Altessor y
otros, cayeron en el campo de batalla. Fue solidaria con Vietnam, con la
Revolución de los Claves en Portugal, con la lucha de Angola, con el
Chile de Salvador Allende, con la lucha de los salvadoreños. Por eso,
también merece respeto.
Sus presos políticos fueron una gigantesca montaña de dignidad y sus
exiliados que fueron a parar a cinco esquinas continentales del mundo,
dejaron siempre lazos entrañables con los pueblos que los recibieron. De
las filas del Frente Amplio de Uruguay no salieron, nunca, dirigentes
como Carlos Saúl Menem, ni los fundadores asesinos de la Triple A.
A pesar de todas estas virtudes, la sociedad uruguaya no es perfecta y
por ello es perfectible. Tenemos que mejorar en muchos campos de la
vida, logrando ser sensibles al extremo por la suerte de cualquier ser
humano en cualquier parte del mundo, pero teniendo a la vez la misma
sensibilidad con una trabajadora de Río Negro o de Maldonado que se
queda sin trabajo, porque algunos cortaron las rutas de acceso a nuestro
país.
En relación a lo que son nuestras características, hace pocos días, el
17 de enero, pasó algo muy menor del punto de vista noticioso, pero de
significado extremo. En ese día el doctor Tabaré Vázquez cumplía 66
años. En la puerta de su casa dos muchachos, de 16 años, lo esperaban
para saludarlo. Cuando se encontraron, uno de ellos – El Pollo – le dio
la mano al Presidente y le dijo: “Feliz cumpleaños, vo”. En ese “vo”
atrevido y juvenil, se sintetizó con mucha fuerza la idea de
republicanismo que una amplia mayoría de la sociedad uruguaya tiene.
Con ese espíritu democrático, con esa sensibilidad republicana, es que
hay que enfrentar la actual etapa de agresión externa que se ha montado
contra nuestra gente. Sabiendo, además, que hay que distinguir siempre
entre el provocador y la muchachada que ha transformado los temas del
ambientalismo paralizante en una nueva ideología. Si esto ha ocurrido,
es porque los mayores dejamos muy contaminada a la ideología y a la
política.
Hoy hay que rodear al Presidente que está jugado. No se le puede dejar
solo, porque nadie nos va a patotear, “vo”. LA
ONDA®
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