|
Un Steven Spielberg
polémico Ya se exhibe en Montevideo, “Munich”, el reciente film de Steven Spielberg, cuya aparición en las pantallas del mundo ha recibido elogios y también controversias entre israelíes y palestinos, con algún tercero metedor de cuchara. Las razones de esa polémica proviene de que la temática de la película se centra en la tragedia ocurrida durante el desarrollo de los Juegos Olímpicos de 1972 en la ciudad de Munich ( RFA ). En el transcurso de las competencias, el grupo terrorista palestino Setiembre Negro secuestró once deportistas de Israel. La policía alemana intentó rescatar a los rehenes en el aeropuerto militar de Furstenfeldbruck, con el resultado de la muerte de todos los secuestradores y rehenes, menos tres. Más tarde, el Mossad, servicio de inteligencia israelí, se aseguró de hacer pagar caro aquella atrocidad condenando a muerte a los supuestos responsables intelectuales del atentado. Designó para tal caso a un grupo especial encargado de ejecutar la misión. Fue la aplicación de la ley de Talión, es decir, la pena de hacer sufrir al delincuente el mismo daño que causó. Perdido su origen en los albores de la humanidad, concebida o registrada de una milenaria tradición religiosa y laica, la ley de Talión tiene una fuerte impronta y fue aplicada con todo rigor por los hebreos, según la Biblia, Antiguo Testamento, Exodo o segundo libro de Moisés ( XXI, versículos 23-25 ). También la aplicaron los griegos y romanos clásicos para los delitos más graves. Ella se concretó en los hechos de Munich en 1972 y de algún modo está presente en el film de Spielberg que atiende al atentado y a la acción del Mossad, en particular
PELICULA. NO MANIQUEA Entonces, a propósito de la tragedia de Munich 1972, Spielberg no realiza un documental sobre aquellos hechos, sino que crea una obra de ficción. Con las inevitables libertades que eso entraña. Rueda un film que atiende a la realidad histórica en términos verosímiles de imágenes de archivo, manejo del suspenso y de la acción, acorde con el estilo cinematográfico del género de espionaje. Lo cual le asegura una fácil comunicación con el público. Pero el núcleo del film, el cogollo temático que insume una mayor cantidad de metraje, es la acción del Mossad en su operación revancha. Esa gran zona temática presenta al grupo encargado de dar muerte a los responsables ideológicos del atentado, describe sus soledad clandestina incluso de sus familiares, plantea las dudas que acosan a los vengadores acerca de la licitud moral de su misión y el dilema ético correspondiente, encarnados sobre todo por el jefe del grupo, a cargo del actor australiano Eric Bana. Inserta en esa zona temática surge otro gran aspecto de la misma, la presentación del “enemigo”, los palestinos, resuelta con cuidada mesura e intención de respeto que culmina en la secuencia que el propio Spielberg considera clave de su discurso. Aquella en que agentes israelíes y sus pares palestinos se reúnen y hablan de Munich, en una discusión sin agresividad, explicando cada uno de los dos bandos sus motivaciones, y en la que el palestino tiene la oportunidad de reclamar el derecho a un estado propio. Secuencia que desde luego ha sido la piedra del escándalo para la oposición israelita, junto con otros detalles y planteos que movilizaron a detractores del film de toda laya. Porque, a ojos vistas en “Munich” no hay “buenos” ni “malos” y eso está mal para ojos blanco – negro. Justamente, en esa intención de complejidad no maniquea se filtra el elemento más importante del discurso del film, un llamamiento implícito, que en algún momento llega a la evidencia, a la tolerancia judeo-palestina, acorde con lo dicho por el director: “En Medio Oriente se vivió por decenios una situación sin salida, de sangre por sangre. La pregunta más importante es: ¿cuando terminará? Y la otra pregunta es:: ¿ cómo se puede ayudar para hacerla terminar?”. El corolario de estas expresiones son otras del mismo Spielberg en la dirección de que “No quería hacer un film a lo Charles Bronson, buenos contra malos, judíos matando árabes, sin ningún contexto”....”Nunca hubiera aceptado hacer un film de ese tipo. Hubiera dejado el lugar a algún otro. Alguien más audaz que yo. La única cosa que puede resolver esta disputa es un diálogo entre mentes racionales. Largas conversaciones y explicaciones llevadas adelante hasta que se alcancen los resultados”.
ELOGIOS Y DIATRIBAS De algún modo, el escapar al maniqueísmo no le ha servido de mucho a Spielberg, aunque de todas maneras sigue siendo válido su discurso, pues como él mismo ha expresado: “No creo que un película, un libro o cualquier otra obra de arte puedan resolver el actual estancamiento en el Medio Oriente, pero ciertamente vale la pena intentarlo”. El No de los contras de muestra que, paradoja, vale la pena intentarlo. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |