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Integración: los conflictos estériles harán
En ese marco, pese a contar con varias décadas perdidas, se fueron conformando bloques regionales que sirvieron para avanzar en una dirección, conscientes de que cada país, por sí mismo, especialmente los más pequeños y aquellos que tienen enormes diferencias sociales, no iban a poder superar la competencia de los más poderosos. En su momento, algunos plantearon que las dificultades para llegar a buen puerto, estaban dadas por las políticas “ neoliberales” que se aplicaban por algunos Gobiernos y también por seguir las directivas que se gestaban en Washington, tanto desde la Casa Blanca como de Organismos Internacionales. Se esperaba con ansia “ un cambio en la región”, que permitiera que Gobiernos “progresistas”, pudieran amalgamar políticas acordes con las necesidades de sus respectivos pueblos pero con una mirada “ solidaria” hacia el resto, en busca del progreso del continente. Esto, que he resumido en un párrafo, lo hemos leído y escuchado, con mayor o menor profundidad, en medios de comunicación tanto nacionales como extranjeros. Y el cambio, tan anhelado, se produjo. América Latina, en el último siglo, nunca vivió una coyuntura tan favorable, desde el punto de vista teórico, en cuanto a la empatía que deberían tener Gobiernos afines, que se presentaron en cada uno de sus países como “ un cambio”, al modelo existente. Así lo vivió primero Chile, luego se ratificó la tendencia en Brasil, posteriormente fue Argentina, Venezuela, Perú, hasta llegar ahora a Bolivia. Sin embargo, si retomamos la idea de “década pérdida”, ésta primera del siglo XXI, va camino a convertirse en algo similar a lo ocurrido en el siglo pasado. Basta repasar la serie de conflictos de intereses que enfrenta a los países supuestamente “progresistas” entre sí, para arribar a la conclusión que las sociedades van a sufrir un desgaste adicional, que harán perder años de desarrollo por detenerse en conflictos estériles, mientras otras regiones del mundo continúan avanzando, en forma lenta pero segura, para beneficio de sus pueblos. Y bastante lejos ha quedado la palabra “solidaridad”. Los más poderosos tratan de imponer sus intereses, tratando de buscar un beneficio para sí o tratando de impedir un supuesto perjuicio. No importan las razones, ni las garantías que ofrezca el otro, ni los intereses comunes, ni el derecho a la libertad de buscar el propio desarrollo. Parece que estamos transitando por el fracaso más absoluto de la diplomacia, como materia de diálogo entre los pueblos y de suma de oportunidades. El desafío parece histórico y puede tener consecuencias muy desfavorables, en el mediano y largo plazo, si se profundiza en la dirección equivocada. Y nos pone, como nación, ante preguntas muy profundas, que se deben resolver ahora, en el corto plazo. ¿Uruguay, hace bien apostando a profundizar el Mercosur, tratando, además, de ampliarlo? ¿Nos conviene centrarnos solo en la región, sea con el ALCA, el ALBA o como se quiera llamarlo o deberíamos, como dice el Ministro de Ganadería, José Mujica, intentar comerciar con todos los países que podamos, no importa si son de Asia, de Africa o vecinos?. ¿Cuál decisión nos fortalece como país y cuál nos deja rehenes de lo que opinen los grandes del continente?. Si buscamos la independencia comercial, en una futura negociación de integración regional en materia energética ¿ seremos tomados en cuenta?. ¿A que tipo de país apostamos de aquí a treinta años para intentar discernir cuanta energía necesitaremos y a que matriz acudir? ¿O seguiremos dependiendo de los favores que nos puedan hacer Brasil y Argentina y por siempre soportando sus presiones e intentos de condicionamientos, con visos imperialistas?.
¿Nos integramos al mundo o a la
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