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¿Regionalismo o bilateralismo?
(Ser o no ser)
por Alfredo López
Estamos
presos de un proyecto regional que decididamente no es el más
conveniente para nuestro país. Y no lo será, ante la prueba de que los
dos líderes principales poseen y practican visiones y estrategias
absolutamente diferentes a las que representan las necesidades de los
uruguayos.
Siete años atrás, la devaluación brasileña marcó rotundamente la
inflexión del proyecto mercosuriano. Hasta ese momento la región
trasuntó una especie de “isla” cambiaria con la aplicación de la
convertibilidad argentina y el Plan Real norteño, desarrollando una
especie de ilusión óptica acerca del modelo elegido para la integración,
cuyo disimulo estuvo pautado por las cifras alcanzadas a través del
comercio intra-zona.
Luego, la devaluación del real produjo la catástrofe argentina y detrás,
como era previsible, marchamos nosotros.
Pero otro hecho más crudo todavía, es que ni siquiera los cambios
políticos relevantes que se produjeron en los gobiernos de la región,
pudieron satisfacer en los hechos, no en los discursos, un giro
favorable hacia un proyecto verdaderamente integrador y productivo.
Trabas comerciales, “guerras” contra inversiones (caso papeleras),
ausencia de coordinaciones macroeconómicas y sectoriales, carencia de
ámbitos supranacionales para dilucidar eventos de litigio, negociaciones
de los dos países mayores consumando acuerdos de conveniencia
unilateral, ambiciones geopolíticas dominantes, etc., todo lo cual
conduce a reproducir un cuadro de desestabilización societaria en
perjuicio de los miembros más débiles, y un pronóstico que se sospecha
aun más difícil hacia el futuro.
En consecuencia, la pregunta es: ¿seguir alentando las expectativas
de un proyecto de integración que se ha alejado de sus objetivos por los
que fue creado, o aceptar que llegó el momento de repensar en cambios
alternativos que nos liberen de la dependencia regional para abrirnos
hacia ese lugar denominado “ancho y ajeno” que es el mundo?
Ciertamente que la idea de impulsar el bilateralismo mediante acuerdos
de libre comercio con economías de mayor desarrollo, tropieza con los
compromisos del MERCOSUR. Pues entonces, con más razón discutamos las
decisiones que más nos convienen, sin cucos ni temores, planteándonos
objetivos, estrategias de reinserción y consenso político.
Tenemos condiciones para hacerlo. Primero, tenemos un sistema político
de gran madurez para afrontar las decisiones que hacen el curso a seguir
frente eventos de soberanía y bienestar de la nación; segundo, la base
de nuestra riqueza que nos inserta comercialmente en el mundo esta en
los agronegocios, y desde esa base es que debemos expandirnos, como lo
estamos haciendo con la carne y otros rubros.
En tercer lugar, atraer las inversiones que también otros nos diputan,
para que crezcan el empleo y el producto, y respecto de las cuales no
basta con la definición exclusiva de políticas horizontales, sino
también seleccionar y promover aquellas sectoriales con mayores
posibilidades de dinamismo.
Hoy el mundo refleja zonas diversas de crecimiento económico que
ensamblan con la ejecución de acuerdos bilaterales, no ya dependientes
solamente de EE.UU. y Europa. Por ejemplo, países como China e India se
suman al escenario mundial potenciando la demanda, con lo cual aquellos
países productores de bienes competitivos y un esquema comercial de
mayor libertad de acción, pueden cosechar los mejores resultados. En
este sentido, no cabe duda que por estas latitudes geográficas Chile ha
mostrado esa praxis favorable.
De manera entonces que hoy más que nunca es imperativa la sentencia
proverbial de que “nada debemos esperar sino de nosotros mismos”.
Como el artista frente al lienzo, aprestémonos a ejecutar la mejor obra
que sea reconocida y disfrutada por las futuras generaciones. LA
ONDA®
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