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Polémica
Los países chicos también
tienen oportunidades
por Alfredo López
El
tema del TLC con los EE.UU. se instaló en el debate nacional, sin
formalismos ni permiso de ninguna agenda, y está planteado en el ámbito
político, en los medios de información y recorre casi todos los sectores
del quehacer económico y productivo de la sociedad, conformando
opiniones, inquietudes y expectativas. En una palabra, el convidado está
y llegó para quedarse.
Apoyamos el acuerdo de libre comercio desde el momento en que el Poder
Legislativo aprobó el Tratado de Protección de Inversiones con los EE.UU.,
teniendo en cuenta a favor de ello nuestra realidad productiva y
comercial, manifestada en la evolución post-crisis del país y el
redireccionamiento de nuestra inserción externa y sus nuevas
oportunidades, en contraposición a un Mercosur con asimetrías cada vez
más acentuadas en lo productivo, económico, financiero y en materia de
inversiones, sin agregar de hecho las reiteradas trabas comerciales que
suelen surgir de parte de los socios mayores.
En una palabra, el notorio debilitamiento que acusa el proyecto de
integración regional del que formamos parte, hoy nos está obligando a
repensar nuestra estrategia y buscar alternativas que sean compatibles
con las necesidades de crecimiento desarrollo del país.
Es por este lado que quiero marcar mi discrepancia con el distinguido
profesor Moriz Bandeira, respecto de dos afirmaciones por el realizadas
en la publicación de una entrevista que reprodujo este medio digital,
con fecha 24 de enero pasado, No. 272.
Dicho profesor y además politólogo, validó la tesis de que por sobre
todo los países más chicos como Paraguay y Uruguay, no tendrán lugar en
la economía mundial si se colocan fuera del Mercosur, y que a su vez el
manejo de los socios menores buscando acuerdos al margen de dicho
proyecto regional, constituye una forma de hacer presión sobre los
socios mayores para obtener más concesiones.
En primer lugar debo decir que como no creo en la existencia de verdades
absolutas, aunque más no sea por un conjunto de experiencias empíricas,
me parece bastante temerario concluir que una economía pequeña, a pesar
de su inferior escala de recursos pero con algunos productos
competitivos y con capacidad para desenvolverlos, deba quedar marginada
de la economía mundial.
Es cierto que la globalización se caracteriza por una mayor y más
sofisticada interdependencia que facilita la relación de países mediante
la conformación de bloques económicos, lo que aumenta la capacidad de
negociaciones pero a su vez las complejiza en atención al detritus de
cada realidad, pero ello no descarta las posibilidades de que las
economías pequeñas puedan aprovechar oportunidades de mercados, signando
bilateralmente acuerdos de libre comercio con países de mayor
desarrollo. También convengamos que la estrategia de sumar varios
acuerdos es un camino posible y deseable y que en cierto modo lo
sustenta la experiencia chilena, sin caer en ciertos análisis simplistas
y de corte ideológico que hablan de fracasos si no se consigue el 100%
de los beneficios en el cortísmo plazo.
Son admisible las dificultades de la pequeñez frente a la competencia
con escalas mayores que poseen otros países; también es cierto que aquí
en la región tenemos una matriz productiva común en lo que refiere a la
producción primaria y la transformación de bienes de origen no
industrial destinados a la exportación, lo cual determina como en el
ejemplo de la carne, que no seamos socios complementarios ni en la
producción ni en el comercio extra-región, sino competitivos entre
nosotros mismos. Y esta realidad no la cambió el Mercosur. A pesar de
ello como economía pequeña ganamos espacios en los mercados como en el
de los EE.UU., Europa y otros, sin quedar excluidos. Precisamente, con
esos antecedentes y las posibilidades de mejorar los vínculos
comerciales y de inversión, es que se traza el propósito de
formalización de acuerdos de libre comercio. Es legítimo además, que si
los acuerdos bilaterales de libre comercio que Uruguay tiene con los
demás socios del Mercosur, no nos proporcionan mercado para impulsar
nuestro comercio, esas oportunidades debemos buscarlas donde
efectivamente se encuentran.
No podemos ser competitivos en volúmenes como si lo es Brasil. Hoy el
mundo no puede prescindir de la carne brasileña, por la sencilla razón
de que por ejemplo a los consumidores europeos si les falta la carne
brasileña la deben pagar más cara. Y seguramente los gobernantes
europeos van a tratar de evitar eso. Por esa razón y a pesar del brote
aftósico en Brasil en octubre pasado, rápidamente los mercados tienden a
recomponer sus compras de carne al país norteño.
En cambio la situación competitiva de Uruguay es distinta, nuestro
volumen de competencia es chico y debe preservar dos salvoconductos: la
sanidad y la calidad.
Lo que debe quedar claro y no deben soslayar las economías mayores que
lideran los bloques regionales, es que habrá integración en tanto sus
integrantes se desempeñen con reglas de equilibrio y presten permanente
atención a las asimetrías con respecto a los socios menores. Dicho de
otra manera, aquellos países que dentro de un proceso de integración
operan como motores, deben tener capacidad de arrastre del resto de las
economías. Convengamos que esa no es la realidad del Mercosur, y por
allí construimos nuestra opinión distinta a la del profesor Bandeira,
quién reduce y limita su visión a la existencia de diferencias
estructurales entre los países de la región.
Finalmente y con respecto a que la búsqueda de acuerdos por fuera del
bloque son ejercicios de presión de los países más chicos del Mercosur,
para lograr más concesiones de parte de Brasil y Argentina, creo que es
una falta de delicadeza ante nuestra historia soberana que jamás
aceptará contentarse con las migas del mantel, vengan de donde vengan.
Quizás el profesor Bandeira deba recordar el recurso de los indios que
ponían su oído en la tierra para escuchar los ruidos que venían de más
lejos. Si capta esos ruidos y los identifica seguramente la respuesta
deberá ser otra, tal como lo admitió el Presidente argentino en su
reciente visita a Brasil, haciendo referencia a su aprobación de que
Uruguay pueda negociar un acuerdo de libre comercio con los EE.UU., en
tanto los socios mayores no están en condiciones de brindar lo que
necesitan los socios menores.
Queda claro pues que para los países chicos no se trata de presionar lo
que no se va a conseguir, se trata más bien de reorientar su estrategia
para obtener los beneficios que necesitan.
En todo caso tampoco serían responsables de los riesgos de un eventual
fracaso del Mercosur, si ello sucediera.
Quizás Brasil y Argentina estén redescubriendo la viabilidad y el
interés de consolidar una sociedad de dos y no de cuatro, lo cual los
obligue a tomar en común decisiones. Si así fuera están legítimamente en
su derecho. A lo sumo, habría que lamentar la pérdida de tres lustros de
un proyecto frustrado, pero ello sería más digno que mantener encendidos
discursos de integración para la tribuna. LA
ONDA®
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